
BAILE Y COCHINO.-
UNOS SÍ, Y OTROS NO.-
Escribe: Horacio Cárdenas.-
Dice una canción del rockero Jaime López, que ciudad más aburrida que Saltillo, solo Durango, aseveración que ha dado lugar a algunos, hasta eso más bien pocos a preguntarse, ¿no será al revés, que Saltillo sea la que se lleva las palmas por ser la ciudad con menos cosas interesantes que hacer, esto tanto para sus propios habitantes como para quienes lo visitan, y sobre todo para quienes recién llegan por motivos de estudio, trabajo o esconderse?, vaya usted a saber, aunque los saltilleros siempre tienen la salida de irse de bucólicos a Arteaga, de darse una escapada a Monterrey para ver mundo, o suicidarse, que por algo la estadística sobre este último penoso asunto nos tiene como proverbial “referente nacional”.
Y bueno, dos cosas pueden salir de lo anterior, la primera, que Saltillo sí que es una ciudad aburrida, pero lo mismo reza para buena parte del estado, y la otra, que precisamente por eso a los habitantes de estos lares les da por ser tan fantasiosos, colgándose de cualquier chisme para armar una alharaca tremenda, la inmensa mayoría de las ocasiones con poco o nada de sustento, como no sea el salir aunque sea por un rato del pasmo y del aburrimiento.
El trueno de de un escape de un carro o un transformador arriba de un poste, y ya se están corriendo aterradores rumores de que hay detonaciones de granadas, disparos de arma de fuego, y cuanta cosa más. Hay fuegos artificiales en una fiesta de barriada con pretensiones de elegante, y ya las redes sociales preguntan y contestan que son ráfagas de AK-47, AR-15 o ametralladoras, de las que solo les falta decir la marca, el calibre y si las balas van huecas o tienen capa de acero, esta es la diversión de todos los fines de semana en Saltillo y otras zonas.
Que no vamos a decir que no hay hechos de violencia por cualquiera y todos los rumbos de la ciudad, sí pero en general se trata de cuestiones del momento, muy focalizadas, incidentes que duran menos que lo que nos tardamos en teclearlo. No es ni siquiera como dice aquella canción de Chava Flores que denota el viejo oeste americano o el norte mexicano como el sitio donde los balazos podían durar de las seis hasta las ocho, ¿Qué negocio lícito o ilícito da para gastar balas durante dos horas, y encima no pegarle a nadie? Pero es muy importante distinguir entre lo que es cierto y probado, y lo que es histeria colectiva con el fin de despabilarse del aburrimiento ancestral.
En días pasados se corrió la versión de que se había encontrado un cementerio clandestino en el Ejido El Venado en Cuatrociénegas, los coahuilenses en pleno se sintieron transportados, retrotraídos dirían los puristas, a los peores momentos de los años en los que México fue descrito como un estado fallido, un país en el que el gobierno no tenía control de amplias zonas a lo largo de todo el territorio y sobre el que pesaban avisos de “no viajar” de varios países, entre ellos Estados Unidos, Canadá y Francia. Sobre todo ahora que se comienza a hablar ya de que el sexenio de Enrique Peña Nieto podría alcanzar y rebasar el número de muertes violentas que tuvo el de Felipe Calderón Hinojosa, es fácil caer víctima de la histeria, a la que un rumor cualquiera vuelve viral.
Coahuila desde el principio del actual sexenio, y bueno desde antes, se ha visto entrampado con la cuestión de los desaparecidos, es obvio que en el momento en el que alguien diga que se encontró una fosa clandestina con un número indeterminado de cadáveres, todos aquellos que tienen un familiar que no aparece, comienzan a recorrer un penoso camino de emociones que comienza con la esperanza de que allí pudieran estar los restos de su ser querido, el deseo de saber, el miedo de confirmar lo que han temido, el enojo contra el gobierno porque no les dice lo que esperan oír, entre otras muchas, todas ellas poderosas, pero no precisamente saludables ni de las que permiten pensar bien.
Mucho nos ha llamado la atención, lo hemos comentado en este mismo espacio, lo de la presunta masacre y todavía más presunta desaparición de trescientas personas en el municipio de Allende, aderezada luego con la historia de terror de que en el penal de Piedras Negras se habrían cremado, según dicen, ciento cincuenta o más personas, allí ejecutadas o traídas ya muertas. El problema con estas versiones es que nunca se ha exhibido, que sepamos, el listado con los nombres, edades, direcciones y algún otro dato de los supuestos desaparecidos de Allende, en parte por eso es el poco eco que ha tenido en los medios nacionales e internacionales el incidente. Por los 43 de Ayotzinapa se ha armado un escándalo mundial, por los 300 de Allende, no, pero es que en el primer caso desde el segundo día estaban nombres, fotografías y la presencia de padres y madres para alimentar la llama y mantener el asunto en la agenda nacional. A menos que en Allende hayan desaparecido a familias enteras, al grado de que nadie reclame la perdida de nadie…
De que las cosas no están en Saltillo, en Monclova, en Piedras Negras y en la Laguna como para decir que Coahuila es un estado seguro, no hay duda razonable. En apariencia hay control, sin embargo un ejecutado aquí, un cateo de la Marina allá, un enfrentamiento a balazos por aquel lado, y así por el estilo, nos dan la idea de que lo que estamos viviendo es más bien una guerra de baja intensidad que otra cosa, pero una cosa es eso y otra que creamos en los rumores de que estamos siendo víctimas de una invasión en toda forma.
Hombre, si está usted aburrido, no nos va a hacer caso de no hacerle caso a los rumores, si eso le hace correr la sangre y la adrenalina por las venas, hasta bienvenida considerará cuanta mala noticia le caiga, secretamente deseando que no vaya a resultar falsa, y que su terror fue en falso.
Sí, hay muertos, hay desaparecidos, hay balazos, pero no tantos como algunos quisieran pensar y propalar.

Tal vez exageramis ..pero no en todo ..el dinero robado por nuestros políticos ..ese si ..y no aparece