Gobernar con cero deuda

La Quimera de Pep.-

Escribe: José Luis Cuevas.-

dinero

Dentro de la múltiple propaganda política que ‘adorna’ la ciudad ha llamado mi atención de manera especial un espectacular que anuncia una revista en cuyo encabezado se destaca la frase “sé gobernar con cero deuda”.

El indicio es que la deuda es mala pero ¿qué tan cierto es esto?

La deuda es definida por el Banco de México como “la cantidad de dinero o bienes que una persona, empresa o país debe a otra y que constituyen obligaciones que se deben saldar en un plazo determinado. Por su origen la deuda puede clasificarse en interna y externa; en tanto que por su destino puede ser pública o privada.”

Es decir, es un recurso que hace valer el Estado (en este contexto) para financiar sus propios gastos e inversiones, por lo que si este  adquiere las obligaciones se ve comprometido en devolver en el tiempo y forma acordada los intereses de por medio.

Cada vez que el gobierno decide llevar a cabo una obra se ve en la necesidad de elegir una fuente para financiarla; es decir la deuda pública funciona como una especie de palanca que permite agilizar  proyectos que en otras condiciones difícilmente se  desarrollarían por cuestiones de presupuesto, más aún en tiempos en los cuales los ingresos petroleros bajan. Podemos ser pretensiosos y  pensar que es una estrategia para distribuir el gasto público entre distintas generaciones con el objetivo lograr la mayor obra posible.

Es bien sabido que hay casos bastante conocidos en los que se pasó del uso al abuso, mismos que resultan bastante potentes para ser usados como estrategia a la hora de un plebiscito; recurso bastante recurrido en los comicios nacionales de las ultimas épocas.

Retomando el tema, ¿para qué sirve la deuda?

Entre las principales funciones a nivel nacional podemos mencionar como ejemplo el financiar el déficit, contingencias, flotación cambiaria, entre otras. A nivel más local la deuda se utiliza con otro tipo de propósitos a los que definiremos como ‘más palpables’ -en términos de cercanía con la ciudadanía- por ejemplo pagar los servicios públicos, llevar a cabo obras como carreteras, hospitales, entre todos los ejemplos que pudiesen venir a la mente.

La adquisición de estas obligaciones no está a merced de quien ostenta el poder, sino que debe pasar por el Congreso para que se evalúe las consecuencias posibles, así como la viabilidad e importancia de los proyectos propuestos.

Algo más importante que saber gobernar sin deuda, es comprender la importancia de la misma, y más aún el saber manejarla.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Ofrecido por WordPress.com.

Subir ↑

Descubre más desde El Demócrata

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo