DIOS LOS CRÍA

*** «…los nombres de Gerardo Garza Melo y de Rosendo Villarreal Dávila vuelven a aparecer ligados… en la red de negocios criminales y truculentos que Juan Manuel Muñoz Luévano hizo en contubernio con lo más granadito de la sociedad saltillera, ensuciando los otrora inmaculados apellidos con pretensiones de escudos de armas…»

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De izquierda a derecha, Gerardo Garza Melo, Juan Manuel «Mono» Muñoz y Rosendo Villarreal Dávila.

Baile y Cochino.-

Escribe Horaccio Cárdenas.-

Dice la física tradicional, en contradicción con la geometría euclidiana y con la física cuántica, que los extremos se tocan. También un principio de la teoría del magnetismo indica que los opuestos se atraen, y bueno, para el caso, la sabiduría popular que muy poco, tirándole a nada tiene que ver con conceptos académicos tan elevados, lo expresa en sus propios términos: del odio al amor, no hay más que un paso… ¿o será un peso?

¿Quién lo iba a pensar, que un caso criminal tan sonado como el del tristemente célebre “El Mono” Juan Manuel Muñoz Luévano, iba a poner en el mismo plano a personas que durante años y felices días juraron y perjuraron que ellos, con los de enfrente, no tenían ni tendrían nada que ver jamás… oh sorpresa, de entre las tantas cualidades que se le reconocían hasta hace bastante poco tiempo a “El Ingeniero” Muñoz, hay que contar su capacidad de hacer negocios con los personajes no solo más disímbolos, sino de dientes para afuera, acérrimos enemigos de la pacata sociedad saltillense, esos que presumen de su inmaculada impolutez, y que en la realidad se tiran sobre el bulto de una moneda de a peso, sea para obtenerla por medios lícitos, y todavía más entusiastamente si es por marrullerías y actividades ilícitas, que encima así se sienten que les corre la sangre por sus aburridas venas.

Todavía recordamos cuando Manuel López Villarreal era presidente municipal de Saltillo, y en el cabildo se ubicaba a Gerardo Garza Melo en calidad de regidor, obvio, de oposición. Este, que por esos tiempos era también presidente del PRI municipal, entendía muy bien su encomienda de ponerle cuanta piedra en el camino pudiera al alcalde panista. La labor de Garza Melo, patrocinada desde el Palacio Rosa, más lo que sus muy bajos instintos pudieran inspirarle, era la de sabotaje, así con ese nombre. Había que hacer enojar, hacer rabiar a uno de “Los López” que se había atrevido a incursionar en política, y más que eso, a ganarle al Partido Revolucionario Institucional, así que así, con su mediano ingenio y todavía menor carisma, se dedicó a mandarle lideresas a protestarle en los eventos del ayuntamiento, obstruir los acuerdos del cabildo, dilatar los asuntos de las comisiones a las que pertenecía, y así por el estilo.

Parte del odio manifiesto de Garza Melo contra el panismo comarcado, iba dirigido contra Rosendo Villarreal, Dávila, quien fuera también alcalde durante el sexenio de Eliseo Mendoza Berrueto como gobernador, a quien le atribuía ser la eminencia gris atrás de todas las decisiones y acciones de la administración municipal. Que si era cierto o era falso, eso es lo de menos, lo importante era el infundio, minar la imagen de Manuel López como administrador en general, y como administrador público en particular. Seguro que en alguna reunión familiar o política habrá salido a relucir el escarnio de Garza Melo en contra de los López, y de allí y rebajarle las inasistencias al municipio, no habrá pasado la cosa.

Ah, pero todo fuera que años después, y luego de cada personaje haber seguido su camino por aparte, para juntarse y tocarse esporádicamente, los nombres de Gerardo Garza Melo y de Rosendo Villarreal Dávila vuelven a aparecer ligados… en la red de negocios criminales y truculentos que Juan Manuel Muñoz Luévano hizo en contubernio con lo más granadito de la sociedad saltillera, ensuciando los otrora inmaculados apellidos con pretensiones de escudos de armas.

Primero nos enteramos de que luego del operativo del personal de la Secretaría de Marina en pomadosa residencia de la Colonia República para la detención de varios personajes ligados a El Mono, los investigadores encontraron suficientes evidencias para la detención de Gerardo Garza Melo y el cateo de sus propiedades y las de sus familiares políticos. Usted ha oído la cantaleta hasta el hartazgo, las autoridades no dicen nada para no entorpecer las investigaciones, lo cual no obsta para que se filtrara información de que se le acusaba de delincuencia organizada y venta de combustible robado, nada más y nada menos, tan buena gente que se veía “El Güerito”, tan decente él. Por estos días anda a salto de mata, y las lenguas chismosas lo ubican en una finca campestre en Cuba, pero vaya usted a saber, la Interpol debe estar mejor enterada de la cuestión que uno.

Ahora lo de Rosendo, que porque en los documentos citados por el Diario madrileño El País se menciona a un tal R. Villarreal, este puso el grito en la estratósfera como si de la explosión de un gasoducto se tratara, a negarlo todo y decir que no era y no es él. El hecho de que se mencione que era propietario de gasolineras y que en tiempos había sido alto directivo de Petróleos Mexicanos. Muy parecido a aquel viejo acertijo de ¿Qué es algo que camina como pato, hace como pato, se llama pato, pero no es un pato?

Que cosas trae la vida, son saltillenses, pero se odian de toda la vida, se desprecian mutuamente por cuestiones que ninguno entiende ni siquiera porqué, andan en política porque ¿Qué manera más fácil y descansada de hacerse fabulosamente ricos a la sombra y durante el ejercicio del poder?, hicieron negocios cada quien por su lado en Saltillo, hicieron negocios en la capital del país, relacionados con PEMEX, medrando de la empresa de todos los mexicanos, contribuyendo a su quiebra, ya más maduritos los encontramos haciendo billetes cada quien por su lado, pero también en el ramo energético y ligados a Juan Manuel Muñoz Luévano, demasiadas curiosidades.

Nada más faltaría que el destino con ese humor negro que lo caracteriza, se puliera haciendo justicia en este caso en el que los países de varios tribunales poca gana tienen de llegar al fondo de la fosa séptica, y que los dos saltilleros que tanto se odian, fueran a dar con sus huesos a celdas contiguas, o peor, que compartieran la misma… 

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