Riquelme sigue firme, Javier Guerrero ¿el independiente?

Jericó Abramo traiciona a sus “padrinos” y queda fuera; Hilda Flores, sin poder de convocatoria.-

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Hilda Flores y Miguel Riquelme, en la recta final. (Foto de Vanguardia Saltillo)

Apenas concluya el quinto informe del gobernador Rubén Moreira, se dará el grito de arranque de los aspirantes a gobernar Coahuila.
En el caso del PRI, por lo menos ya tres se quedaron en el camino y otros están a punto de decirle adiós al sueño dorado de gobernar una entidad que, pese a sus problemas financieros, sigue siendo un atractivo para quien la administra.
Ahora, de los siete aspirantes que andaban tras la posición política más importante del estado ya solo quedan cuatro, y uno de ellos anda ya dando traspiés por aquello de que decidió traicionar a sus anteriores jefes y «amigos».
Se puede decir que quedaron sembrados en el camino: Alejandro Gutiérrez Gutiérrez quien tomó la decisión de abandonar la carrera poco después de que su promotor y amigo, Manlio Fabio Beltrones fuera ajusticiado por sus enemigos políticos y lo obligaran a renunciar al liderazgo nacional del PRI. Con este suceso, el eterno candidato a gobernador, mejor conocido como «La Coneja» no tuvo más remedio que hacerse a un lado para dejar el paso libre a quienes iban rezagados, hasta antes de que perdieran nueve gubernaturas ante las alianzas del PAN-PRD.
Sabía decisión sin duda fue la que adoptó Alejandro Gutiérrez quien de pronto se quedó huérfano de padrino y frente a un PRI estatal que parece tener todo controlado en favor de uno de los aspirantes.
A «La Coneja», le siguió Tereso Medina Ramírez, el eterno líder de la CTM en la entidad quien prefirió plegarse a las decisiones de los Moreira antes que meter el spring para llegar a la meta y ser el candidato de «unidad» que está buscando el PRI, para derrotar a los candidatos de oposición más fuerte en la historia electoral de Coahuila.
La tibieza del líder de la CTM, quien llegó a ser senador de la república sin ningún merecimiento, gracias a la muerte del lagunero Braulio Fernández Aguirre, rayó en los extremos y prefirió continuar en posición de confort y tranquilidad antes que pelear contra el resto de los contendientes. Igual ya se menciona como un eslabón más del alcalde de Torreón, Miguel Riquelme Solís quien sigue a la cabeza de los aspirantes. Y aunque no lo ha dicho abiertamente, entre sus principales colaboradores ya hasta preparan banderines de apoyo al torreonense a la hora de su muy cercano destape.
Otro más que «en lo oscurito» decidió abandonar la carrera por la gubernatura fue Enrique Martínez Morales (mismo que en los últimos meses decidió agregarle la Y al apellido para convertirse en Martínez Y Morales) quien ya ha comentado a sus más allegados amigos y colaboradores que prefiere ser primero alcalde de Saltillo para después lanzarse de lleno en busca de la posición que ahora tiene Rubén Moreira. Según él tiene analizado el panorama y solo una decisión del centro, con el apoyo de sus amigos, podría ser el próximo candidato.
Y a estos tres personajes a los que ya se les cansó el paso, les siguió Jericó Abramo Maso quien en su empeño por ser el elegido de los dioses decidió traicionar a quien fuera su amigo, quien además lo apadrinó en todos y cada uno de los cargos públicos que ha ocupado: Humberto Moreira.
Es secreto a voces que el actual diputado federal y exalcalde (por obra y gracia del profesor Moreira), decidió sacudirse de encima los padrinazgos que «lastimaban su imagen» para buscar nuevos apoyos políticos en la Ciudad de México donde, según él, se desenvuelve como pez en el agua.
Así con esa decisión errónea, la de utilizar la figura de la traición para ver cristalizados sus fines, cayó al abismo a donde van a parar los priístas cuando dejan de ser útiles al sistema y su organización y más cuando se convierten en seres indeseables. Porque en el PRI todo se perdona, inclusive los enriquecimientos «inexplicables», pero no así las traiciones.
De esta forma, aunque Jericó Abramo siga gritando a los cuatro vientos que tiene todo para alcanzar la gubernatura, lo cierto es que hoy más que nunca está más lejos de ella. Las traiciones, indudablemente, cobran las facturas respectivas.
Con esto, quedan en la recta final Javier Guerrero García, Hilda Flores Escalera y Miguel Ángel Riquelme Solís. De ellos saldrán dos candidatos, pero solo uno será el del Partido Revolucionario Institucional.
Sin duda quien se encuentra «mejor posicionado», o lo que es lo mismo para quien se ha trabajado a través de la estructura que tiene el PRI en la entidad es el presidente municipal de Torreón.
Miguel Riquelme es cobijado por las actuales esferas del poder e, inclusive, se habla de que en algunas encuestas realizadas por instrucciones de la Secretaría de Gobernación, se encuentra por encima de los otros dos aspirantes.
Desde hace meses se trabaja en su precampaña, se ponen cerrojos, se forman grupos todo a través de esa estructura que un día creó desde sus cimientos Humberto Moreira y que sigue funcionando a la perfección como agente paralelo a las organizaciones priístas.
Por lo que hace a Hilda Flores, con todo y sus buenos deseos, cada día se ve más alejada de alcanzar su sueño político. Eso lo comprobó durante su informe legislativo, ese que fue a dar por allá en Torreón para retar a Riquelme. Fue tal su fracaso que tuvo que conseguir gente para que le llenaran el auditorio Braulio Fernández Aguirre, de la Universidad Autónoma de Coahuila, inclusive se vio obligada a «darse un tiempito de más» antes de iniciar lo que creyó sería su acto culminante que la llevaría a tomar las riendas del PRI y por ende de su candidatura.
No ocurrió así. Todo se derrumbó. Los otros aspirantes cumplieron con asistir a su informe y solo eso. Nadie dio su brazo a torcer ni extendió la mano en favor de la senadora.
Por último está el sampetrino Javier Guerrero García quien, a como pintan las cosas al interior del PRI, podría ser el verdadero candidato independiente que están esperando algunos sectores de la sociedad.
Hasta ahora no se ha prestado al juego del resto de los aspirantes y cada día se ve más alejado de ellos y del PRI.
Lo único malo es que, con todo y los esfuerzos que ha realizado, fuera de su natal San Pedro y de la cabecera municipal de Múzquiz donde lo promocionan algunos de sus amigos, no parece traer nada bajo el brazo.
Claro que, ante los ojos de la sociedad, quitarse la camiseta del PRI podría resultar más que benéfico, aunque todo parece indicar que ya es demasiado tarde para ello.
En fin, este es el panorama político que se maneja al interior del Comité Directivo Estatal del PRI, donde los cambios serán la señal de quién será el ungido para pelear por la gubernatura.
Por lo pronto, todos los huevos es-tán en una sola canasta, todo se apuesta a un solo candidato, los demás, es penoso decirlo, solo están engordando el panorama de la «democracia» priísta.

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