
ESPEJO CÓNCAVO.-
Escribe: Roberto Adrián Morales.-
A unas cuantas horas, algunos días podría decirse, de que los partidos políticos realicen los destapes de sus candidatos a gobernador, alcaldes de un año y diputados al congreso del estado, no hay una luz clara que indique quiénes serán los ungidos, aunque las encuestas realizadas por diversos organismos dedicados al oficio de sondear ya indican con cierta certeza para dónde se inclinará la balanza.
Si las encuestas, (tan devaluadas tanto en México como en Estados Unidos donde el caso más reciente fue el fallo de los pronósticos presidenciales), no fallan, por el PRI irá como candidato Miguel Ángel Riquelme Solís, actual presidente municipal de Torreón mientras que por el PAN se manejan porcentajes muy cerrados que llevan a un empate técnico entre el lagunero Guillermo Anaya Llamas y el alcalde de Saltillo Isidro López Villarreal por lo que la decisión prácticamente está en veremos.
Por el PRI ya se dieron porcentajes de investigaciones que incluyeron hasta nombres de personas que hace mucho no aparecían en el mapa de la política, como el de Mario Eulalio Gutiérrez Talamás a quien algunos ciudadanos dijeron que les gustaría que fuera el candidato a gobernador, bueno, más que ciudadanos, posiblemente la ruleta de la encuestadora haya caído en la propia casa del ex ex alcalde de Saltillo quien no tuvo empacho en decir que para gobernar Coahuila, nada más él
Pero sí, si las cifras son órdenes y no grandes falsedades como ya hemos señalado, porque la gente como que va contra corriente cuando le dicen que x persona ya se perfila como el «bueno», entonces se puede decir que el ex líder estudiantil en La Laguna ya lleva una clara ventaja sobre sus más cercanos contendientes que, en este caso son Hilda Flores Escalera y Jericó Abramo Maso.
Es tal la diferencia que hay entre uno y los otros que difícilmente podrían remontarla aunque, para ser honestos, de estos tres personajes hasta ahora Hilda Flores no ha hecho actos de proselitismo o de posicionamiento de su imagen y con todo y ello tienen un buen porcentaje de adeptos en su haber lo que podría representar que, al pisar el acelerador, pueda alcanzar a Riquelme, aunque el tiempo para ello ya se le vino encima.
De Jericó Abramo no se puede decir más que se quedó en el camino y que inclusive intentó sacudirse la sombra de Humberto Moreira en su afán de buscar la candidatura del PRI al gobierno de Coahuila. Con ello lo único que consiguió fue que la férrea organización de grupos que siguen al profesor le diera la espalda dejándolo solo a tal grado que a sus eventos ya no se pararon ni quienes fueron sus más cercanos colaboradores. Así, al fin se dio cuenta el actual diputado federal que todo se lo debe a su manager y que sin él, no queda nada por hacer más que dedicarse a los negocios que tan buenos dividendos les dejó a él y a su padre Dante Abramo.
El resto de los aspirantes del PRI no traen nada bajo el brazo aunque debe decirse que no hay que perder de vista a Javier Guerrero García, el sampetrino extesorero en el gobierno de Enrique Martínez quien podría olvidarse de las siglas del partido oficial para buscar nuevos derroteros a través de la figura de los independientes que de plano ya casi queda vacante en la entidad.
Es de reconocerse que Javier Guerrero es un buen político, excelente administrador y que, además, goza de la simpatía de una buena parte de la sociedad coahuilense.
Por lo que hace al Partido Acción Nacional, parece que a Guillermo Anaya Llamas se le está indigestando la sombra de El Grande, Sergio Villarreal Barragán, uno de los principales operadores del narcotráfico en la Comarca Lagunera de Coahuila y Durango hasta antes de su detención.
Fue exactamente cuando gobernaba «Memo» Anaya el municipio de Torreón cuando empezó a subir como la espuma el movimiento de los grupos delincuenciales de alto impacto.
Y el lagunero no puede negar esto, toda vez que El Grande fue uno de sus invitados al bautizo de uno de sus hijos, en el que el padrino fue ni más ni menos que Felipe Calderón Hinojosa.
Así, pese a que tiene un buen porcentaje de aceptación, todo fue cuestión de que Isidro López Villarreal empezara a placearse por aquí y por allá por los municipios de Coahuila para que sus números, muy rezagados, subieran y alcanzara a los que tiene desde hace ya casi medio año Guillermo Anaya.
De Isidro López es poco lo que se puede decir. Es un neopolítico, neopanista -si es que lo es. Toda su vida estuvo dedicado a las empresas que le heredó su padre y el día que decidió incursionar en política se sorprendió de la aceptación que tuvo y que lo llevó a la presidencia municipal de Saltillo que decidió incursionar de nuevo en busca de un nuevo y más grande cargo de elección popular, el de gobernador de Coahuila.
En el entendido de que Coahuila no es solo Saltillo, Isidro López rema contra la corriente y, gracias a los colaboradores que tiene, ha logrado dar alcance a Guillermo Anaya, al menos en lo que a las encuestas se refiere.
Del resto de los aspirantes del PAN es poco lo que se puede decir, quedaron rezagados de tal forma que hasta parece inútil que gasten su esfuerzo y su dinero con miras a que los consideren para la candidatura a gobernador aunque, como dicen algunos de sus allegados, le tiran para arriba para quedarse en medio, o lo que es lo mismo, se conforman con un puesto de elección menor que bien puede ser desde una diputación local hasta una diputación federal.
Así, al alcalde Monclova, Gerardo García Castillo y al senador lagunero Luis Fernando Hernández no les queda más que hacer ruido. Uno para una alcanzar una diputación y el otro para buscar la presidencia municipal de Torreón, esto siempre y cuando su «jefe» Guillermo Anaya gané la postulación. Hay otros aspirantes, pero son tan débiles que ni siquiera brillan con luz propia.
Mientras que por el Partido de la Revolución Democrática, sus dirigentes están listos para irse por donde más convenga, si el PRI presenta a un candidato que no sea Miguel Ángel Riquelme hasta estarían dispuestos a negociar, incluyendo a la senadora Hilda Flores Escalera y, en caso contrario, estarían retomando el diálogo con Isidro López Villarreal o Guillermo Anaya Llamas. La cuestión es que buscan lograr posiciones por medio del método seguro que implican las alianzas.
Por último, muy rezagados aparecen el candidato de Morena, Armando Guadiana Tijerina y el independiente Noé Garza Flores. Ni siquiera alcanzaron tres puntos en las encuestas realizadas pero aun con ello sienten que tienen alguna oportunidad de alcanzar un cargo de elección popular, por lo menos una diputación federal. De plano, ya ni ruido hacen.
Del resto de los casi veinte partiditos políticos que tiene Coahuila baste decir que todos irán como satélites de los grandes, sin voz, sin opinión, ni voto, pero con la oportunidad de agarrar un buen hueso.

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