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Edwin Snider… el grandioso Duke

AQUELLOS TIEMPOS.-

Escribe: Miguel Angel Genis Guzmán.-

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Después de siete fracasos en serie mundial desde 1916, cuando los Medias Rojas de Boston los derrotaron por cuatro juegos a uno, los Dodgers de Brooklyn se ganaron los motes de «Vagabundos» y «Maletas», porque a pesar de contar con equipos con grandes jugadores, siempre se quedaban en el camino y eran humillados por sus oponentes en el Clásico de Otoño.
En 1920, luego de llegar empatados hasta el último día de la serie mundial frente a los Indios de Cleveland con tres triunfos por cada lado, los «Esquivadores» volvieron a probar la amargura de la derrota en el juego decisivo al caer por blanqueada de tres a cero frente a los lanzamientos del estelar de la «tribu» de aquellos tiempos, el monticulista Stan Coveleski.
Más tarde, en 1941, se enfrentaron por primera vez en un clásico a los Yanquis de Nueva York surgió aquel fatal error del grandioso receptor de Brooklyn, Mickey Owen en la novena entrada del cuarto juego, quien soltó el tercer strike con que se ponchaba Tommy Henrich para finalizar el partido y que dio lugar a una reacción de los «Mulos» que se alzaron con el triunfo y luego enterraron a sus rivales en el siguiente juego para obtener al serie mundial.
Después los Yanquis volvieron a derrotar a los Dodgers en cuatro ocasiones en que se enfrentaron por la supremacía mundial del béisbol: en 1947, cuatro juegos a tres; en 1949, por cuatro triunfos a uno; en nuevamente por cuatro a tres y en 1953, cuatro juegos a dos. Los fanáticos de Brooklyn, los más fieles del mundo, no abandonaban a su equipo a pesar de siete fracasos en serie mundial y esperaban la hora de la venganza.
El desquite llegó en 1955 y fue precisamente sobre sus odiados rivales de la misma ciudad de Nueva York, los poderosos yanquis que los habían humillado en 5 ocasiones anteriores. Brooklyn integró un gran equipo con la llegada de los jugadores de color a la Gran Carpa y por fin le dio a sus fanáticos el primer campeonato del mundo de su historia al vencer a los «Bombarderos del Bronx» en siete emocionantes partidos.
Un hombre callado y constante en su juego, con su poderoso bateo, fue factor determinante para el desquite de los Dodgers y fue a la vez un pilar invaluable que admiraba no solo la fanaticada de Brooklyn, sino los jugadores contrarios y los aficionados al béisbol de toda la Unión Americana. Duke Snider el grandioso guardián del jardín central de los «Esquivadores», conectó cuatro cuadrangulares en esa inolvidable serie mundial, como ya lo había hecho contra los mismos yanquis en 1952 cuando los Dodgers sucumbieron por cuatro juegos a tres, pese a su explosivo bateo con ocho carreras producidas y 345 puntos de porcentaje.
Los cronistas deportivos y el 99% de los fanáticos de aquellos tiempos, cuando recuerdan la serie mundial de 1955, se refieren al primer año en que los Dodgers vencieron a los Yanquis y también, a la gran mayoría hace referencia a la espectacular atrapada del cubano Sandy Amoros en el jardín izquierdo en el cierre de la séptima entrada del séptimo juego, a batazo del gran cátcher de los «Mulos». Yogi Berra y que sin duda alguna fue jugada clave para conservar la ventaja de dos a cero que hasta ese momento mantenía el lanzador estrella de los Dodgers, Johnny Podreses quien con ese marcado final logró su segunda victoria en el clásico.
Duke Snider conectó 407 cuadrangulares durante sus 18 años en las ligas mayores. En su época de esplendor bateó a 40 o más jonrones durante cinco años consecutivos y fue pilar indiscutible para que los Dodgers llegaran a cinco serie mundiales de 1949 a 1956. El conectó 10 palos de vuelta entera en esos clásicos y todavía uno más contra los Medias Blancas de Chicago en 1959, cuando los Dodgers ya habían cambiado su sedea la ciudad de los Ángeles California.Fue la última serie mundial en que participó el Gran Duke,
Snider nació el 19 de septiembre de 1926 en la ciudad de los Ángeles por lo que para el y sus seguidores fue una gran satisfacción que terminara su carrera llevando a los angelinos al Clásico de Otoño antes de retirarse, para dejar en el terreno a los «Patipálidos» en seis juegos. Durante sus 18 años en la Gran Carpa, además de sus 407 cuadrangulares conectó 358 batazos de dos bases y 85 triples, impulsó al plato mil 333 carreras con sus 2 mil 116 imparables en siete mil 161 apariciones en la caja de bateo. Se retiró con porcentaje global de 295 puntos en 2 mil 143 juegos por lo que con justa razón, el Comité de Selección del Salón de la Fama, acordó su ingreso al Templo Sagrado de los inmortales del béisbol en la pintoresca aldea de Cooperstown Nueva York en 1980.

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