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Alcaldes abandonan su puesto para buscar mejores posiciones

NOTICIAS DIVERSAS.-

Escribe: Héctor Barragán.-

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PUEBLERINAS.
Es difícil encontrar personas que no tengan ambiciones, aspiraciones, sueños, de donde arrancar las fortunas, la fama o las carreras que los habrían de situar por encima de todos sus semejantes o al menos al nivel de los triunfadores a su alcance por medio de las noticias, el cine y la televisión. Sin que para obtener el triunfo importen los medios para conseguirlo.
Necesariamente tendrán que ir a la escuela y a trabajar arduamente, donde comienza a marcarse la diferencia de uno con el resto de la humanidad.
Porque solo unos cuantos se destacan por su celo, dedicación, actividad física y mental, con lo cual se ganan las críticas y burlas de tantos envidiosos que optan por ir por el camino fácil, con la inercia y que determinan que sea precisamente, la mayoría que se mantenga en la ignorancia, la mediocridad y aún en la miseria.
ACTITUD PASIVA.
Y nada esforzada que hace al desempeño general pobre en resultados positivos, que no prospere el trabajo honrado, bien hecho, de costo y precio justos, de la mejor calidad… todo en perjuicio primero de cada uno y luego, de la totalidad.
En el caldeado ambiente preelectoral, surgen de aspirantes a cargos superiores, que no han demostrado su honradez para cumplir promesas de campaña, ni compromisos con la comunidad, a la que han ofrecido soluciones en papel, en discurso, porque es evidente la existencia de obras inconclusas y servicios deficientes y lugares preferentes, también de saliva, en cuanto a alumbrado, pavimentación embanquetado, alfabetismo, salud.
Igualmente, se han olvidado, que confiados en la mala memoria de los votantes o su generosidad, que atendieron solamente a una parte pequeña de sus gobernados, que dictaron medidas perjudiciales a la mayoría, que dicen atender al pueblo y solamente se ocuparon de favorecer a sus superiores, para que apoyen sus carreras.
El despilfarro de recursos en obras más caras de lo debido, las no indispensables y las desviaciones de dinero a funcionarios, empleados y supervisores, hacen que escasee el recurso destinado a obras y servicios prioritarios. El empleo de más personal del preciso a cuestiones de primera importancia, limitan considerablemente la capacidad gubernamental de atender sus tareas básicas.
Y quienes ocupan los puestos de decisión o de mando, más pronto que tarde, se vuelven insaciables, no encuentran límite a su voracidad y luchan cómodamente por continuar en las nóminas oficiales, sin importarles que al cambiar de adscripción deban improvisar y «echar malas» por su inexperiencias y encarezcan considerablemente el costo de la actuación pública.
Nada extraño ha llegado a ser que los altos mandos no reparen en hacer ostentación de propiedades y bienes de elevado costo y de los representativos de riqueza y poder económico, como terrenos, edificios, casas.
En fin, lujos que necesariamente se traducen en la limitación de recursos de la sociedad para llenar las necesidades de empleo, de lugares de trabajo adecuadamente remunerado, inmediatamente después de que se percibe la incapacidad oficial de pagar sus proveedores y sus servicios públicos.
Si contar con que, la ambición desmedida de los empleados y funcionarios en ascenso, inconformes con su puesto y situación actual, desempeñan su trabajo muy por debajo de su capacidad, de la obligación del cargo, de la necesidad de un desempeño adecuado.
Tampoco es extraño que un alcalde busque posiciones superiores, sin haber cubierto a cabalidad las necesidades de su comuna, en seguridad, pavimentación, alumbrado, ni siquiera en los lugares más importantes del territorio a su cargo.
Pero en el camino buscaron el aplauso público mediante dádivas fuera de su jurisdicción en la forma de patrullas en mal estado, lámparas para alumbrado público en desuso, sin tramitar seguramente la autorización para hacerlo de parte del Congreso pero tampoco su cabildo..
Pero el costo de la administración es alto, en primer lugar porque a lo largo del tiempo de han creado dependencias e instituciones destinadas a cubrir las deficiencias que se presentan en las unidades de servicio básico, como pueden ser la de seguridad pública, policía, auxiliada por las de derechos humanos, fiscalías de impartición de justicia, tribunales, supervisores de sitios de detención, de procedimientos, aunque nunca bastan para cubrir el objetivo.
Como el gigantesco sistema diseñado para garantizar la democracia y que significa erogaciones anuales de varios miles de millones de pesos, pero que en esencia está destinado al fracaso, por el origen de sus recursos, la imposibilidad de que todos sus elementos sean independientes y autónomos.
De la misma forma en que los poderes gubernamentales resultan dependientes económica, administrativa y políticamente, con lo que por definición carecen de capacidad de atender sus funciones.
Y al carecer de esa autonomía, no pueden diseñar un modelo obligatorio de gobierno que sea honrado, justo, eficiente, nique tenga solamente el tamaño que requieren sus funciones primordiales. El número de legisladores necesarios, ni uno más, para que no se estorben ni dejen de ser partícipes; un tribunal de justicia de modelo similar, que impida las desviaciones a las leyes básicas, las violaciones oficiales y particulares a la justicia; el volumen estrictamente necesario de empleados del Ejecutivo, para que no sea gravoso de ninguna manera al sistema productivo nacional.
Se ha observado también que la alta burocracia carece de cuidado con los gastos, es proclive al desperdicio y la utilización de recursos y materiales, además de personal, a favor propio y perjuicio del sitio de trabajo, con menoscabo de los resultados para que se ha creado, propiciando que tal conducta se multiplique hasta los niveles de menor jerarquía. Por si fuera poco, muestran las entidades de referencia mínimo respeto a cumplir los ordenamientos, lo que produce el desorden que caracteriza al país.
Se muestra poco cuidado en los gastos, incurriendo en transferir los que corresponden a la persona, pasarlos al centro de trabajo.
Gastos de alimentación, vestido, mantenimiento de unidades de transporte y aún su adquisición, se hacen pagar con cargo al gobierno; pasaje y aún lujos adquiridos, lo que es del todo inmoral y podría calificarse de robo.
Ni que decir que los altos gastos en publicidad personal y las dádivas a cargo del patrimonio de la unidad de trabajo para crear compromisos y que apoyen el futuro político del que los propicia, son actitudes deshonrosas e inmorales, aunque socorridas y toleradas, que deben contarse dentro de los elementos para descalificar a los aspirantes a dar el salto.
Y volviendo a la esencia de esta colaboración, es criticable la actitud del trabajador que se ocupa más de su futuro de lo que se ocupa en resolver los problemas que le corresponde resolver. Esta tesis sin embargo, es copiada de un trabajador del filósofo español Don José Ortega y Gasset, expresada por los años 30 del siglo pasado, pero que merecen ser consideradas en la actualidad, con finalidades constructivas y democráticas.

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