BAILE Y COCHINO.-
Escribe: Horacio Cárdenas.-

Cada nuevo proceso electoral es una prueba, una prueba del funcionamiento del sistema político mexicano en lo general, y de la estructura electoral en particular, considerada esta como parte inherente a aquel, nada de independencia, nada de sana distancia, sino la parte que en teoría, debería darle veracidad, confiabilidad y otros veinte calificativos a los procedimientos sucesorios, para lo cual se le dota de recursos económicos descomunales.
Como nos consta a todos los mexicanos, el sistema político está lejos de ser perfecto, todo lo contrario, si alguna vez funcionó como una máquina razonablemente afinada, hoy está a punto de desvielarse, son muchos, demasiados los que llegan a gobernantes, sin tener las cualidades mínimas para gobernar, al contrario, tienen muchos de los defectos que deberían considerarse prohibitorios para alguien que se presenta como candidato, y sin embargo, por esas malas artes que constituyen el andamiaje del sistema, logran triunfar en los comicios, y ahora sí, ya puestos en el poder, a hacer todo el daño al erario y a la función pública que sea necesario con tal de cambiar su condición de humildes mortales a multimillonarios. El hecho más acusado de que el sistema está haciendo agua es su cada vez más debilitada capacidad de perpetuarse a sí mismo, no digamos ya a través del triunfo del mismo partido político, sino de que ni siquiera los que se presentan como oposición son capaces de atraer las simpatías a sus propuestas, postulados, plataforma… o siquiera a sus personas.
Por su parte, el sistema electoral, no obstante los miles de millones de pesos que gasta anualmente en el “fortalecimiento de la cultura democrática”, cada vez logra atraer una menor proporción de votantes a los comicios, esto respecto del padrón electoral, al que como sabemos, muchos jóvenes se inscriben para obtener la credencial de elector que los acredita como mayores de edad, con posibilidad de entrar a los tugurios, y que les sirve como identificación, no porque tengan el menor interés, a ninguna edad, por sufragar. Mal de origen, indudablemente, pero así lo plantearon y no dejan de pagar las consecuencias ante la baja participación en los pomadosamente llamados procesos democráticos.
Pero como dice el dicho popular, al perro más flaco se le cargan las pulgas, y es el caso que a un sistema político y un sistema electoral que están prendidos con los proverbiales alfileres, de repente se le aparece El Chamuco, un elemento tensionante que hace que la viabilidad del sistema comience a rasgarse por las podridas costuras.
Ni que decir que el elemento de tensión en el actual proceso electoral, no solo local coahuilense, sino con ramificaciones al de la sucesión presidencial, es Humberto Moreira Valdés, flamante candidato a diputado al congreso del estado por la vía plurinominal, quien no obstante su larga y brillante trayectoria dentro del partido Revolucionario Institucional, no mereció de este ser considerado como candidato. Dicen los del tenebroso jurídico del Comité Ejecutivo Nacional del PRI que al aceptar la candidatura de otro partido (con el que no hay alianza, aclarando) Humberto viola el artículo tal párrafo tal de los estatutos partidistas, aunque la verdad de las cosas es que con su decisión, el exgobernador está violando aquella ley no escrita del sistema político a la mexicana, en palabras de Carlos Sansores Pérez, otro ilustre que también fue presidente del partidazo: el que ya bailó… que se siente. Y Humberto Moreira no quiere quedarse sentado.
Y es que aunque el partido da mucho a sus favoritos, también castiga, y quizá mucho más a quienes no lo son, para lo cual jamás ha considerado necesario dar explicaciones, con ese cerebro de dinosaurio fósil que caracteriza sus imposiciones, se pensaron los jerarcas que con la sobada en el lomo de hacerlo consejero político nacional, con eso lo aplacaban, si tener en cuenta que en Humberto tienen al mejor exponente del baile colombiano en toda la política mexicana.
Y es que si a esas vamos, ¿Quién, cuando, donde, como decide el partido que alguien ya bailó lo suficiente, y que se sienta o lo sientan?, pues ahora se dieron un frentazo con Humberto, mismo que como señoritas ofendidas, están tratando de sacarse con una expulsión fulminante, de la que el exmandatario coahuileño ha de estarse todavía a estas horas pitorreándose, y es que puestos a hacer cuentas ¿Quién tiene más capital político en la entidad que resuelve la sucesión el 4 de junio, Humberto Moreira o el PRI?, este último puede irse con su nariz parada rumbo a la derrota, aunque para su fortuna, recibió la gracia de aquel de no enfrentarlo directamente.
¿Hasta qué grado tiene confianza Humberto Moreira en llegar bailando al congreso?, usando una referencia más sesuda pero no más seria ¿ha conocido jugadores de ajedrez tan buenos, tan buenos, que en un alarde de su superioridad juegan sin reina, y de todos modos apalean al contrario?, o más barriobajera ¿se ha topado con algún peleador callejero que se amarra un brazo a la espalda y aun con eso tunde a uno, dos o más gandallas?, pues es el tipo de bravuconadas políticas que se puede dar el lujo Humberto Moreira al irse de candidato por el Partido Joven: fácil hubiera sido una candidatura por un distrito de Saltillo y ganar por mayoría simple, ah no, por la pluri, lo que quiere decir que tiene que ayudar a los candidatos de ese raquítico partidito, para que entre todos junten los cien mil votos, mínimo necesario para tener una representación proporcional en la legislatura, esas son habladas, y no vaciladas, pero más que eso, es poner presión al sistema, tanta que capaz que no la resiste.
Sí, porque el sistema ya estaba viéndoselas complicadas con la candidatura independiente de Javier Guerrero que le hizo un buen boquete a los votos que pensaba obtener el PRI para su candidato a gobernador, más o menos los votos que Guadiana pueda allegarse, para lo cual está empeñado a jugar el papel de chivo en cristalería, rompiendo cuanta regla le esté al alcance, pero nada comparado con quien fue alcalde y gobernador, que en sus campañas no solo deseaba ganar, sino obtener un triunfo apabullante, imposible de cuestionar.
Ahora Humberto no va por el 2 a 1 o el 3 a 1, ni siquiera aparecerá su nombre en la boleta de un determinado distrito, sino atrás, en la lista de los pluris de cada partido, esa no se ve por flojera ni cuando dobla uno la papeleta para meterla en la urna. Sin el nombre de Humberto Moreira Valdés el PJ estaría sudando para conservar el registro como partido político, pero teniéndolo, es probable y razonable que conserve la franquicia y sus suculentas prebendas, sirviéndole al exgobernador de espantasuegras para darle un infarto a un sistema que no está acostumbrado a que lo traten de esa manera.
El sistema político y el electoral están a prueba, a ver si su atrofiada inteligencia colectiva logra superar la audacia y astucia del bailador colombiano, si no, están en la olla, y para Humberto es el caminito para repetir la tunda en la elección federal del 2018, ¿se imaginan las momias guardianes del sistema al profe Moreira en la cámara de diputados o como senador?

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