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El jocoso puño de hierro de Humberto y los apodos en las boletas electorales

QUÉ POCA SERIEDAD.-

Por Horacio Cárdenas.-

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Aquella frase se ha convertido en una leyenda urbana entre la fauna periodiquera, por lo menos en la que peina canas o lustra calvas, quien sabe si entre los jovenzuelos que hacen periodismo electrónico a través principalmente de las redes sociales, pero a quienes les sería muy útil como referencia aquella atribuida a un colega de origen salvadoreño que de visita por nuestro país a mediados del siglo pasado expresó: en México lo único serio es la lucha libre…

Con todo lo pomposos, ceremoniosos que nos gusta ser a los mexicanos, hay que reconocer que a nivel del pueblo, de la raza, pocas cosas son dignas de guardarles respeto. Sí, se habla de la virgencita de Guadalupe, se habla de la madrecita santa, de la bandera… y de pocas cosas más, y a nosotros nos da la impresión de que aquellos pilares intocables son una mera referencia para saber, o intentar saber, donde debemos de parar, porque sin ellos, no habría institución, investidura, ideología, o lo que fuera, de lo cual no nos burlamos. Aunque llegamos tarde y tal vez porque pensamos que no requería de explicación de tan transparente, dimos por hecho que el apodo del buen cuate periodista “El Pitarreo” Eduardo Aguirre venía precisamente de su habilidad personal, y la característica del gremio en general, para pitorrearse de todo y de todos, pero aún él en sus momentos más lúcidamente etílicos sabía dónde parar, luego de haber hecho cera y pabilo de la honra de políticos y políticas: y no digo más porque soy un caballero…

Mientras más solemne pretende ser la rex pública más oportunos y certeros son los propios políticos, el pópolo y los periodistas para sacarle el lado chocarrero, que además a nivel de hipótesis de trabajo, funcionan los chistes, los apodos y las burlas como válvula de escape para que las cosas no exploten, pues a pocos escapa que la solemnidad es un subterfugio para hacer perdonables u olvidables la corrupción, la incompetencia, a veces hasta la torpeza o la “ojetez” de los funcionarios públicos y gobernantes.

Recordamos algunas escenas inolvidables de la no siempre tersa relación entre la pompa y circunstancia gubernamental y la sorna de la racita para hacerle frente: aquella vez en que en ocasión de su tercer informe de gobierno, el entonces presidente Ernesto Zedillo tuvo que aventarse toda la ceremonia protocolaria teniendo abajo de sus micrófonos al diputado perredista Marco Rascón, ataviado con una máscara que representaba una cabeza de marrano. Como estaba en su casa, la cámara de diputados, ni como intentar sacarlo a rastras y patadas como si de pasajero de United Airlines se tratara, Zedillo olímpicamente lo ignoró todo el rato, y las habilidosas lumbreras de RTC cerraron cámaras durante toda la ceremonia sobre el presidente, para que nadie, fuera de quienes estaban allí de puerco presente… presenciaran lo que se acusó una falta de respeto a investidura presidencial y bla bla bla.

Otra de más antes, cuando la célebre “Tigresa”, Irma Serrano fue primero diputada federal y luego senadora de la República, ella quien siempre fue cercana, cercanísima diría algún chismoso metiche, del poder público, de repente llegó al congreso de la Unión a darle cierto toque de espectáculo de carpa o de teatro de revista, que mucha jocosidad causó entre la clase política del momento.

Y no está usted para saberlo, pero es clásica ya la anécdota en que la periodista Yuriria Sierra en entrevista con el entonces precandidato a la presidencia de la República Santiago Creel, se burló en su cara de su “sospechosismo”, teniendo que tragarse la burla ante cámaras y micrófonos nacionales. Y así por el estilo, todo en este país, en la polaca que se hace en este país, es motivo de mofa y juego, para delicia del pueblo sobajado social y económicamente, que así medio que se quiere aliviar de las tragedias de las que son autores los políticos.

Quien se ha revelado como un maestro de esto es el profesor Humberto Moreira Valdés, de quien hemos adelantado en este mismo democrático espacio que está aprovechando estos meses de campaña para probar la elasticidad del sistema político coahuilense, y para el caso también el nacional, intencionada o lúdicamente buscando determinar hasta donde puede estirarse, donde se rompe, y lo que más curiosidad inspira, Quién, cómo y cuándo podrá repararlo para que no vuelva a pasar.

Hace un par de semanas Humberto cimbró al sistema político nacional aceptando una postulación por el partido joven, acción a la que su partido de siempre, el PRI, es fecha que todavía no sabe cómo reaccionar. ¿Echar fuera a uno que fue su presidente, al que encima se le debe a querer o no, el haber allanado la nominación de Enrique Peña Nieto y recuperado la presidencia de la República?, esa sí que es una papa caliente.

Pero si eso es lo que se sintió en el otrora D. F. lo que pasó en Saltillo es algo que todavía nadie sabe cómo tratar, y eso que como dijimos, es una bravuconada lo de apuntarse como plurinominal, muy difícil de lograr para una organización nueva, cuando hubiera sido mucho más fácil ir por cualquier distrito de Saltillo, de Torreón o de cualquier otra parte del estado y ganar de calle, no había que echar la hablada y darle viabilidad a un partido que sin eso, ni el registro hubiera conservado.

Pero la última, lo que es el colmo de la burla para el sistema político coahuilense, uno que durante años y más años se ha caracterizado por rendir culto a la personalidad de los candidatos. En efecto, ¿Cuántas veces no hemos escuchado que quienes ganan las elecciones no son los partidos sino las personas?, pues bien, ahora como iniciativa del partido joven, detrás de la cual se advierte el jocoso puño de hierro de Humberto Moreira Valdés, el consejo del Instituto Electoral de Coahuila aceptó que en las boletas aparecieran no los nombres de los candidatos, o no solo, sino sus apodos, apodos que para el caso de los candidatos de esta organización, son elaboraciones para este proceso electoral. Así, en las boletas electorales que se repartirán como volantes el próximo 4 de julio aparecerán uno, tres, cinco, quien sabe cuántos “profe”, “maestra”, “ticher” (sic), con lo cual se facilita al electorado norteado el reconocimiento de por quienes hay que votar en la vena juvenil humbertista, pero no solo eso, sino que también que además sienta precedente para que en cualquier proceso electoral sucesivo aparezcan “El Chómpiras”, “El Charifas”, “La Calaca”, “La Chiva”, “El Estopas”, y demás personajes de la sociedad y la política coahuileña, que si por algo se caracterizan es por la prevalencia de los apodos por encima de los nombres.

Lo dicho, si en México lo único serio era la lucha libre, la política comarcana ha dado un decidido paso atrás para convertirse en una arena en la que en cualquier rato estaremos viendo a rudos contra técnicos y exóticos haciendo plena gala de su histrionismo, eso sí, con todas las de la ley… lo único que le queda al populacho para terminar de revolcarnos en el lodo que es la política local, es que al final de la contienda se cumplan las promesas de meter a este o aquel a la cárcel, de demostrar que tal o cual es un ladrón, que este se quedará sin cabellera, y el otro tendrá que buscarse una máscara nueva…

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