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Walter Maranville… Conejo Maravilloso

Aquellos Tiempos.-

Miguel Ángel Genis Guzmán.-

maraville

Se imagina usted a un pelotero que apenas levantaba del piso un metro con 62 centímetros de estatura y sea reconocido como un maravilloso jugador? Ese es el caso de Walter Maranville, apodado “El Conejo Maravilla” quien fue considerado por los aficionados de la década de los diez y los veintes como uno de los mejores paracortos del beisbol de las grandes ligas.

Walter nació en Springfield, Maryland el 11 de noviembre de 1891 y solo por su gran calidad pudo abrirse paso entre los competidores de su edad en los deportes que practicó y en todos brilló intensamente: Sus amigos le pusieron el mote de conejo por escurridizo y hábil y más tarde le agregaron el calificativo de maravilloso porque destacaba en todas las competencias en que participaba.

Pero, una cosa era el deporte colegial y llanero y otra muy diferente el profesional, sobre todo porque Maranville se inclinó y tuvo preferencia por el béisbol, donde para triunfar cuentan muchos, además de habilidad, la estatura y la fuerza de los jugadores. Sin embargo, el pequeño deportista compensaba su escasa altura y poco peso) apenas marcaba 65 kilogramos en la báscula) con su enorme determinación de triunfo y viveza que imprimía a cada una de sus jugadas.

Maranville debutó con los Bravos de Boston en 1912, cuando apenas había cumplido los 20 años de edad y aunque la mayoría de los fanáticos al rey de los deportes apostaban que el pequeño short stop no podría mantenerse en el mejor beisbol del mundo, ni siquiera por un año, no contaban con la determinación y coraje del “conejo maravilla” que no solo terminó esa campaña con los bostonianos sino que permaneció con ellos por 23 temporadas.

Los aficionados de Boston hicieron del pequeño jugador uno de sus favoritos y el maravilloso paracorto no los defraudó cuando se retiró de la gran carpa, había jugado 23 temporadas y participado en 2670 juegos, combinación en dos renglones que solo superan los grandiosos Ty Cob de los Tigres de Detroit y Eddi Collins de los Atléticos de Philadelphia, cuyas hazañas se han reseñado en aquellos tiempos  de entregas anteriores.

Excelente con el guante y famoso por sus atrapadas de “canasta”, Rabitt Maranville, durante más de dos décadas fue el jugador clave de su equipo que escribió una de las hazañas más increíbles en toda la historia del gran pasatiempo americano, por lo que fueron conocidos como “Los Milagrosos Bravos de 1914”.

Parecerá cosa de fantasía decirlo, pero a mediados del mes de julio de ese inolvidable año, Los Bravos marchaban en el último lugar de la tabla de posiciones de la Liga Nacional, es decir faltando escasos dos meses y medio para que finalizará la temporada. El mánager del equipo George Stallings, rogaba porque su equipo por lo menos saliera del sótano y se colocara en un mejor lugar, pues tenía el razonable temor de ser despedido del club por el mal rendimiento en la campaña.

Pero los jugadores de los Bravos, encabezados por el pequeño paracorto Robbit Maranville, no solo estaba dispuesto a salir del frío sótano, sino que se proponían ir más adelante y para cuando terminó la campaña, habían conquistado el banderín de la liga con la increíble ventaja de diez y medio juegos sobre el segundo lugar.

Ya en el plan de “maravillosos” los Bravos barrieron en la serie mundial a los poderosos Atléticos de Philadelphia a quienes derrotaron en cuatro juegos seguidos, sin que los pupilos de Connie Mack alcanzaran a entender cómo era posible que un equipo en conjunto había bateado en la temporada un pobre promedio muy lejos de los 300 puntos, pudiera limpiarlos en la serie en cuatro juegos seguidos. Esos fueron los milagrosos Bravos de 1914.

Es que los bostionanos contaban con jugadores como Rabbit Maranville que se crecían ante la adversidad y jugaron un final de temporada y una serie mundial que los aficionados de aquellos tiempos todavía recuerdan con gran emoción. El maravilloso conejo bateó 308 puntos en el clásico y fue una muralla insalvable en las paradas cortas de los Bravos que en forma increíble ganaron la serie mundial.

En 1928 Maranville volvió a la serie mundial, en esta ocasión como short stop de los Cardenales de San Louis, que perdió el clásico de otoño ante los poderosos Yankees de Babe Ruth y Lou Gehrig, también en cuatro juegos.

El fabuloso “conejo” murió en la ciudad de Nueva York el 5 de enero de 1954. Ingresó al Salón de la Fama de Cooperstown siete meses después de ese mismo año.

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