Escribe; José Luis Cuevas.-

Durante el año de 1895 el filósofo alemán Friedrich Nietzsche publicó uno de sus libros más controvertidos, El Anticristo, un texto que rompe con el pensamiento convencional, sobre todo de occidente, al analizar de una forma minuciosa una de las instituciones pilares de la civilización de este lado del orbe, la iglesia cristiana.
En análisis de Carl Jung, este texto recurre a una parte del inconsciente de las personas en cuestión. El lado oscuro de las ideas, las imágenes y los conceptos. Es decir donde habitan elementos que no caben en la aceptación debido a la moral, otro de los conceptos analizados por el filósofo alemán debido a su maleabilidad en relación con la institución que analiza. A esto le llama ‘la sombra’, es decir la parte de las ideas no aceptadas por ir a contracorriente.
Retomando el libro de Nietzsche, esta crítica sobre el cristianismo no se centra únicamente en señalar errores, pecados, tropelías y demás atrocidades que ya escandalizan poco. Es decir, no es el relato de la corrupción en su línea del tiempo sino un análisis en del cómo se ha incitado a desvalorizar el mundo, a volverlo menos libre y creativo.
Una de las tesis expuestas que me parece por demás interesante mencionarla es el hecho de la negación de la vida misma en su manifestación más natural. Una situación antagónica al negarse a cargar con el peso de la vida y la libertad que ella supone, con todo y el riesgo del dolor que lleva detrás de sí.
Entre otras cosas porque nuestro destino era, es y será la plenitud.
Y en medio de tan filosófica obra me es inevitable pensar en la forma de hacer política, más allá de la simulación y el sospechosísimo, porque como menciona el pensador… << ¿Qué es lo bueno? El poder… ¿Qué es lo malo? La debilidad… ¿Qué es la felicidad? sentir el asenso del poder…>>
Con lo cual quedarían claras las sospechas de cualquiera que, como yo, encuentre un léxico y un tono profético, y en ocasiones hasta apocalíptico, en algunos de los candidatos a diferentes puestos de corte político.
Desde luego se puede estar o no de acuerdo con Nietzsche, total o parcialmente, sin embargo qué importante es escuchar las voces que piensan diferente, las que señalan de manera más fría, las que ven desde otro palco o desde la barrera de sol. Más en época de elecciones, donde la democracia es el escudo con que se tapan las tropelías y barbaridades, y se usa a la libertad de expresión como lanza para herir a la ciudadanía.
Así, hay chiles que sí embonan, para ponerlo en la jerga de algún personaje.

Deja un comentario