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La veracidad de las acusaciones a candidatos

QUE SIRVA DE ALGO.-

Baile y Cochino.-

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Residencia de Guillermo Anaya con valor de más de 20 millones de pesos, cuando ganaba 100 mil pesos mensuales como senador. ¿De dónde salió el dinero?

Por Horacio Cárdenas.-

Dicen que decía el primero de los demagogos, Aristóteles, que la política solía ser en su tiempo la más elevada de las actividades humanas, ya sabe, el político que se convertía en servidor público, estaba más que orgulloso y satisfecho de poder dedicar lo mejor de su intelecto, de sus artes y habilidades, a resolver los problemas de sus contemporáneos, a cambio de lo cual no debía esperar retribución y ni siquiera reconocimiento alguno, pues como está escrito en algún pasaje de la biblia, al que le dan las gracias, ya está pagado.

Dudamos que la política en los tiempos de la Grecia clásica hayan sido tan idílicos como lo pretenden hacer creer los apologetas de Aristóteles, de Platón y de otros filósofos y otros políticos a los que sí, hay que honrarlos como los inventores del concepto de democracia, uno que luego de tres mil años, no ha logrado ser superado ni por los científicos sociales, ni por las lumbreras de la ciencia política, ni por los ideólogos de tal o cual partido político, ni por nadie. La verdad se nos antoja que aquello era un cochinero… no demasiado diferente de lo que es la política en la actualidad en un país como el nuestro, donde por más que le busquemos la exaltación que nos insisten que tiene la grilla, nomás no se la vemos por ningún lado.

Que sí, en aquellas épocas no había manera de grabar conversaciones telefónicas para ventanear las marrullerías y la escasa estatura moral de sus contrincantes en las lides políticas, tampoco las togas tenían bolsillos donde meter los fajos de billetes de a mil dracmas, y todavía faltaban siglos para inventar los portafolios donde poder transportar elegantemente los millones de óbolos para comprar sufragios, voluntades o impunidades. Es seguro que así como ahora se sacan sus trapos sucios a ventilar, en aquellos años idos igual los peplos y los himationes salían a relucir tan percudidos como eran por el contacto con los eminentes políticos que los portaban.

Quien sabe en qué época se acuñó la expresión “en el amor y en la guerra todo se vale”, quizá, aunque no la hemos localizado, ya esté citada en los Nueve Libros de Historia de Herodoto de Halicarnaso, esa más su ampliación de que “en el amor, en la guerra y en la política todo se vale”, lo que a lo largo de los siglos ha sido justificación suficiente para que amantes, guerreros y políticos se den hasta con la bacinilla de tradicional peltre saltillense. Ahora que en Coahuila nos hallamos en plena efervescencia sucesoria, que ningún antiácido estomacal parece poder calmar, los candidatos de los diversos partidos políticos, coaliciones, y sin faltar los que se lanzaron al vacío como independientes, han hecho uso intensivo y abusivo del derecho de todo político a hacer cera y pabilo de la honra de sus contrincantes.

Tanto si ha seguido usted los debates, como si es vicioso de las redes sociales, tertuliano de café con leche, o simplemente incapaz de sustraerse de los chismes más sabrosos de algunos de los personajes más encumbrados de la política comarcana, chismes que en alguna proporción son rigurosamente ciertos, pero que en su mayoría son exageraciones o francas invenciones, y que tienen la intención última de destrozar la imagen del contrario ante los ojos de los ciudadanos que habrán de votar este 4 de junio. La cosa podría funcionar si fuera uno solo el que pudiera salir bien librado de esta estrategia de la que todos sin excepción echan mano, pero no es el caso, aun aquellos más grises entre los aspirantes al cargo de gobernador, aquellos con menores posibilidades de siquiera figurar con un triste voto en la mitad de las casillas, han sido señalados de pecados grandes y chiquitos, y por supuesto, por mera condición humana, son los más entusiastas divulgadores de los chismes de sus contrincantes, a quienes quieren minar lo suficiente como para colarse en la historia política de la entidad.

Se han dicho todo: narcotraficantes, lavadores de dinero, protectores del crimen organizado, beneficiarios indebidos del poder público, traficantes de influencias, evasores de impuestos, eso más sus costumbres para comer y beber, sus vicios públicos y ocultos y hasta sus costumbres y preferencias sexuales. Todo ha salido a relucir, con lo que la ciudadanía coahuileña tiene una sola cosa clara, que quien sea que despache a partir del primero de diciembre en palacio rosa, será lo que sea, menos una blanca paloma aspirante a la santidad. Humanos y más que humanos, eso son todos sin excepción, si no, créame que no andarían en la grilla, pues pocas pasiones más bajas, con perdón de Aristóteles, que la política.

Pero ya que los candidatos y los partidos que los patrocinan han puesto todas sus malas artes al servicio de rastrear la vida, milagros y particularmente crímenes y delitos de cuello blanco de sus contrincantes ¿Qué no sería bueno aprovechar para  que alguna autoridad competente (o aunque sea incompetente) cheque que tanto de cierto hay en las acusaciones, por lo menos aquellas que caen en los artículos más escabrosos del Código Penal, del Civil o de perdida en la Ley de Responsabilidades de los Funcionarios Públicos?, sí, porque eso de decir que andan trasegando droga y dan pelos, señales, rutas, nombres, fechas… eso de que se compraron ranchos, y se dan hasta copias de las escrituras notariales… eso de que se desviaron fondos públicos y se dan hasta los números de cheques, fotos, grabaciones y videos… oiga, era para que la Procuraduría General de la República, la del Estado, la Secretaría de la Función Pública, y muy en particular la Secretaría de Gobernación y el CISEN verificaran la veracidad de acusaciones y pruebas exhibidas, oiga, si ese es el trabajo que tienen que hacer cotidianamente ¿y se los dan en bandeja de platino adornada con diamantes?, ah, y no estamos hablando de que le den el “uso político” con dejo de extorsión criminal que es de todos conocido, lo cual también cae dentro de las posibilidades del “todo se vale”, o que por el contrario se pongan al servicio de la democracia y de las instituciones desmintiendo las versiones que son falsas y dando elementos para solicitar la retractación en público o en tribunales.

Salvo su mejor opinión, hay demasiada información que deja en entredicho la honorabilidad de los aspirantes a gobernar Coahuila, imagínese que el que gane llega al poder con una carga de sospechas que no desaparecerá por el hecho de triunfar en las urnas, al contrario se presumirá que este se debió a sus malas artes y peores prácticas, pero para los candidatos perdedores la situación no será mejor, pues todo lo que se ventiló, cierto o falso será una especie de aura que los acompañará donde quiera que vayan. Por eso es por lo que alguna instancia oficial debería, no meterse de árbitro que para eso están fracasando el INE y el IEC, sino para confirmar la verdad y desmentir las falsedades, exhibiendo ahora sí, a sus fabricadores interesados. Digo, que el proceso electoral sirva para algo, ya que no para confirmar a la política como lo máximo a que pueden llegar los seres humanos, sí para que con tanto dato que ahora flota en el ambiente, se integren dos, tres, veinte averiguaciones previas.

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