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Mentir con la verdad, o usar la verdad para mentir, todo se vale… todavía

Baile y Cochino.-

Por Horacio Cárdenas.-

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Nos da hasta pena salir de nueva cuenta con el chocoso lugar común de que en la guerra, en el amor y en la política, todo se vale, pero es que a como están los cocolazos en el proceso electoral que afortunadamente está por acabarse en el estado de Coahuila en menos de dos semanas, la frasecita resulta que ni mandada a hacer.

Ojo, no es que estemos nosotros justificando que todo se valga o se deba de valer en ni en la guerra embarrándonos de napalm los unos a los otros, en el amor celándonos a punta de guamazos para demostrar la continuidad del cariño, y menos en política dándose zancadillas, golpes bajos, piquetes de ojos y demás cosas que están prohibidas en la lucha super libre, pues después de todo, guerra, arrumacos y grilla, son manifestaciones de la convivencia humana, particularmente la última, mediante la cual todos los que se inscriben en la contienda, se desviven por demostrar lo buenos que son para servir a su prójimo.

Si la caridad comienza por uno según reza un dicho de la cristiandad contemporánea, esta debería ser extensiva a todos nuestros congéneres, especialmente a aquellos con los que se comparte la pasión por la política, pues a querer o no, y manque les duela, independientemente de la ideología y colores partidistas con los que se disfracen, comparten demasiadas características, cualidades y defectos.

A lo largo de los años hemos presenciado los mexicanos toda clase de cochinadas que se hacen los de un partido político para con sus contrincantes: desde los más leves como denuestos, correr rumores, inventarles conductas disipadas, meterse con su vida privada, sacar sus trapidos al sol, hasta otros más graves como asaltos, robos, atentados y asesinatos. Todo lo hemos visto, y con todo nos hemos horrorizado aun los más encallecidos documentadores de la cosa polaca. Citan, con razón o sin ella porque hay quien duda de que haya sido así, a Maquiavelo, quien habría dicho que el fin justifica los medios, y en tratándose del fin último de la política, que es hacerse del poder, sea la presidencia, la gubernatura, la diputación, o hasta la regiduría, cualquier cosa que se haga se considera justificada, no importa si hay que pasar sobre la honra de los contrincantes, si se destruye su reputación, si se balconea su vida íntima, si se hace polvo su familia, lo que sea se vale. Si acaso lo que diferencia el actual proceso electoral de otros que hemos presenciado, es en su intensidad, en la capacidad de respuesta, y en generar información falsa que parezca creíble.

Antes, como lo dice Raymundo Rivapalacio en su columna, los partidos políticos llamaban a una conferencia de prensa y exhibían documentos incriminatorios respecto al candidato del partido contrario, las acusaciones podían ir de lo civil a lo penal, dejando ir de pasada datos sobre faltas a la moral, a la ética profesional y hasta si copiaron en la escuela, que individualmente y en conjunto sobre todo, ponían de manifiesto la falta de probidad del candidato al que estaban haciendo pinole, eso sin dejar según ellos traslucir el miedo que le tienen, que si no, no se tomarían la molestia de destruir su imagen ante la opinión pública votante. Pero como esa táctica ha dejado de ser efectiva, ahora usan a los medios de comunicación, a los que les importa un cacahuate hacer quedar como tontos.

Que las denuncias contra Humberto Moreira Valdés que busca una diputación al congreso local y las que se dirigieron contra Guillermo Anaya Llamas hayan aparecido en periódicos de circulación nacional, editados en la capital del país y con un prestigio construido a lo largo de décadas, sirvió para los fines que se plantearon sus orquestadores. Por aparecer en El Financiero y en Reforma y sus filiales, la denuncia tendría la credibilidad deseada a ojos de la población, al menos el tiempo que se tardaran las casas de campaña en armar una defensa y demostración de que se trataba de infundios.

Tan bien armada estuvo la estrategia, que los medios más curtidos respondieron como bisoños novatos que se dejaron chamaquear. Los papeles parecían verdaderos, un trabajo finísimo de falsificación, digno de mejor causa criminal, documentos bancarios sobre todo, con sellos, firmas, impresiones de caja registradora, todo parecía en orden… y los reporteros cayeron redondos, las que pensaron la nota del año, resultó ser una fabricación, seguramente costosísima, pero solo eso, una fabricación que cumplió la función de golpear al denunciado, pero… sin causarle más que un daño momentáneo, pues al probarse falsas el enojo se dirigió contra otros, ¿contra quienes?, fácil, contra quienes pudieron beneficiarse de soltar tamaños borregos, sus contrincantes en la contienda electoral.

También dice Rivapalacio que para lo que ha servido esta estrategia de desinformación es para arrojar sospechas y generar todavía más desconfianza sobre los candidatos y partidos, si no es que sobre el proceso electoral en sí, con el consiguiente incremento en la abstención el día de la votación, y resultados cada vez más difíciles de predecir y verificar.

¿Cuál es el siguiente paso en esta cadena enfermiza de fabricación de falsedades?, se nos ocurre que quizá en los próximos días, o cuando mucho en el siguiente proceso electoral, nos vamos a topar con que se habrán de fabricar cuentas en bancos, las cuales no serán falsificadas, sino reales, lo que no quiere decir que pertenezcan o hayan sido abiertas por aquel a quien quieren perjudicar. Me explico, con los montos de las fortunas que se han manejado que poseen los candidatos ¿invertir diez millones de dólares solo para demostrar que el candidato tal o cual mintió en su fortuna?, no resulta demasiado caro, habida cuenta de las prebendas que sacarán del poder público. Mentir con la verdad, o usar la verdad para mentir, todo se vale… todavía.

La otra, que no vimos y quizá nunca nos toque ver es que los candidatos de los partidos no rindan su declaración 3 de 3, o 6 de 6, o la que sea, pero que en una de tantas que firman, se comprometan a acusar a sus contrincantes de esto o aquello. ¿Ingenuo?, sí claro, pero ha quedado demostrado que cubrir al otro de denuestos no le gana votos a uno, por lo menos que los procesos electorales dejen de parecer el chiquero que ahorita son.

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