Hack Wilson… Mala Estrella

Aquellos Tiempos…

Escribe: Miguel A. Genis Gusmán

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Los aficionados de los viejos tiempos, cuando se ponen a platicar sobre los grandes momentos del rey de los deportes, recuerdan a un rechoncho jardinero central de los Cachorros de Chicago que en el cuarto juego de la Serie Mundial de 1929, deslumbró por el ardiente sol que la tarde del 12 de octubre brillaba intensamente en el límpido cielo de la ciudad de Philadelphia, perdió un elevado que parecía un fácil out y abrió las puertas para que los Atléticos se anotaran una de las más espectaculares victorias en la historia de los clásicos de otoño.

Las almohadillas estaban congestionadas cuando se presentó el dramático lance y la pelota rodó hasta el fondo del parque para que los Atléticos, que una entrada antes perdían ocho carreras a cero, amenazan con empatar el partido, y dejar en el torneo a los alicaídos Cachorros. No solo anotaron los tres corredores, sino que los pupilos de Connie Mack le siguieron bateando y antes de caer el tercer out de esta trágica séptima entrada, Philadelphia había anotado diez carreras ante el delirio de sus seguidores.

Se jugaba el cierre del séptimo inning de aquel inolvidable cuarto juego de la serie mundial y desde entonces y para siempre, la afición de la Unión Americana, como de otros países donde se practica el beisbol, esa entrada se ha dado en llamar el LUCKY SEVENTH y generalmente los aficionados la disfrutan de pie y con gran algarabía porque esperaban sucesos especiales que dan nuevo interés al partido; lo que con mucha frecuencia sucede.

El gordito guardián del jardín central de los Cachorros de Chicago que dejó caer lo que parecía un fácil globo, fue el grandioso cañonero Hack Wilson,quien para su mala estrella es recordado más por ese elevado que se le escapó, que por su brillante actuación en la temporada de 1930, que todavía es recordada como una de las más sobresalientes que pelotero alguno pueda tener en los diamantes.

Ese año, en 155 juegos. Wilson remolcó al plato la impresionante cantidad de 190 anotaciones, lo que constituye un récord de todos los tiempos en el beisbol. Conectó 56 cuadrangulares para imponer el número más alto para un jugador de la Liga Nacional que todavía se conserva hasta nuestros días, y por si eso no fuera suficiente, su porcentaje de bateo en esa temporada fue de 356 puntos, por lo que los cronistas deportivos de aquellos tiempos escribieron que “Hack Wilson tuvo una temporada fuera de serie”.

La mala estrella de Wilson coincidió con la época en que el beisbol conoció al más poderoso uno dos de bateo que ha existido a lo lardo de más de una centuria de beisbol de ligas mayores en las personas de los cañoneros de los Yankees Babe Ruth y Lou Gehrig, quienes acapararon los titulares de todos los periódicos y los elogios de los comentaristas beisboleros de la Unión Americana.

De no haber conectado Ruth sus 60 bambinazos en 1927, sin duda alguna que el máximo ídolo de aquellos tiempos habría sido Hack Wilson con sus 66 palos de vuelta entera en 1929, pero estaba visto que el fornido jardinero central de los Cachorros de Chicago nació con mala estrella. No obstante ello, tuvo suficiente coraje para ganar en cuatro ocasiones su campeonato de bateo de la Liga Nacional y al retirarse dejó un promedio en 307 puntos de porcentaje de por vida.

Wilson apareció en dos ocasiones en serie mundial, la primera en 1924 cuando vestía la franela de los Gigantes de Nueva York que cayeron en el clásico de otoño frente a los Senadores de Washington por cuatro juegos a tres. La siguiente vez en 1929, jugando ya para los Cachorros de Chicago, que fueron derrotados por los Atléticos de Philadelphia tres juegos a uno.

Hack Wilson nació en Ellwood City, Pensilvania el 26 de abril de 1900 y murió el 23 de noviembre de 1948. Ingresó al Salón de la Fama de Cooperstown en 1979.

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