Aquellos Tiempos.-
Escribe: Miguel Ángel Genis Guzmán.-

Desde su más tierna infancia, sus amigos le apodaban “El Pato” por su curiosa manera de moverse al caminar, él se encargó de hacer famoso el mote cuando formó parte de los Cardenales de San Louis, el más espectacular equipo de beisbol de la Liga Nacional en la década de los treinta.
Joe Medwick nació en Carteret, New Jersey el 4 de noviembre de 1911 7y desde que aprendió a caminar empezó a pegarle a la pelota con un palo, como lo hacían los muchachos que jugaban el beisbol en terrenos cercanos al suburbio donde vivía.
Nunca se supo, ni el quiso comentarlo, si era por algún defecto físico o por un mal hábito que caminaba siempre dando la sensación de que estaba agotado o que podía caerse y tal vez por eso, siempre se veía con un palo entra las manos con él que golpeaba todo lo que se atravesaba en su camino, ya fuera en el suelo, a media altura o dando un salto para darle alcance.
La costumbre se le quedó para siempre. Tal vez no había en toda la historia del beisbol un bateador que tuviera tanta preferencia por tirarle a las bolas malas que pasaban fuera de la zona de strike, como el grandioso Medwick, pero lo más asombroso es que sin lugar a discusión, nadie le ha pegado mejor y las bolas malas como el espectacular jardinero izquierdo de los Pájaros Rojos de San Louis.
Mucho batallaron quienes lo dirigieron a lo largo de su espectacular carrera, para tratar de quitarle, sin lograrlo, la costumbre del brillante pelotero, de strike y que los buenos bateadores dejaban pasar. Finalmente lo dejaron actuar a su manera, pero con la recomendación de que la tirara a los lanzamientos que le gustaran pero no todo lo que el pitcher enviara al plato.
En 14 temporadas bateo arriba de 300 puntos y en 1937 ganó la Triple Corona campeón bateador, líder en cuadrangulares y el máximo número de carreras producidas. Ese año encabezó 12 departamentos de bateo de la liga y logró un porcentaje de 374 puntos. Fue electo sin discusión, el jugador más valioso del beisbol al concluir la temporada.
Medwick fue la bujía de los Cardenales en la serie mundial en 1934 que los Pájaros Rojos ganaron a los Tigres de Detroit en siete juegos. Bateó once imparables en 29 turnos al bat para un porcentaje impresionante de 374 puntos. Fue electo sin discusión, el Jugador más valioso del beisbol al concluir la temporada.
Medwick fue la bujía de los Cardenales en la serie mundial de 1934 que los Pájaros Rojos ganaron a los Tigres de Detroit en siete juegos. Bateó once imparables en 29 turnos al bat para un porcentaje de 379 puntos que fue el más alto de todos los que intervinieron en el clásico de ese año, además, uno de sus batazos fue de cuatro esquinas y fue la chispa ofensiva de su equipo.
Los aficionados de aquellos tiempos, recuerdan todavía el incidente que dio origen a la suspensión momentánea del último juego de la serie mundial de ese inolvidable año de 1934. En la sexta entrada, el Pato Medwick se destapó con un tremendo batazo entre el jardín izquierdo y el central, agresivo como acostumbraba jugar, pasó como un expreso por la segunda almohadilla y a toda velocidad enfiló rumbo al tercer cojín donde llegó barriéndose en forma impresionante.
Marv Owen, defensor de la tercera base de los Tigres, salió volando por los aires y el agresivo corredor llegó salvo a la antesala de donde anotó más tarde. El juego tenía lugar en Detroit, por lo que los fanáticos se enfurecieron y le gritaron al recio jugador de San Louis toda clase de insultos.
Cuando terminó la entrada y los Cardenales volvieron al campo de juego,, los aficionados del jardín izquierdo, convirtieron esa parte del estadio en un verdadero manicomio con sus gritos y con toda clase de proyectiles que lanzaron al fortachón Medwick que no solo estaba guiando a los Pájaros Rojos hacía el triunfo, sino que se atrevía a desafiarlos en su propia casa.
El juez Ken Landiz, Alto Comisionado del beisbol, que se encontraba en el palco de autoridad, se vio obligado a dialogar con los directivos de ambos equipos y finalmente ordenó la salida del Pato Medwick del terreno de juego, que entre la más grande rechifla que se haya escuchado en Detroit abandonó el estadio custodiado por guardias de seguridad. Los Cardenales ganaron el partido definitivo de la serie por paliza de once carreras a cero.
Siete años más tarde, Medwick volvió a la serie mundial, en esa ocasión vistiendo la franela de los Dodgers de Brooklin que cayeron por cuatro juegos a uno frente a los Yanquis de Nueva York. Fue la fatal serie en la que Mickey Owen dejó pasar el tercer strike que sería el último out del cuarto juego y que abrió las puertas a los Mulos de Manhattan para quitarles el juego de la bolsa y luego humillarlos en el clásico.
Joe Medwick ingresó al Salón de la Fama de Cooperstown en 1968 y murió en San Petersburg, Florida, el 21 de marzo de 1975.

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