Si no es Riquelme

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

colosio

Recordando los trágicos acontecimientos del 23 de marzo de 1994, en que en una polvorienta plaza de una colonia que apenas merecía ese nombre fuera asesinado Luis Donaldo Colosio Murrieta, hasta ese instante candidato a la presidencia de la república por el Partido Revolucionario Institucional, el sistema político mexicano se vio orillado a una crisis, que algo tiene de parecido a lo que está viviendo Coahuila en estos momentos, ante el riesgo de que el PRI sea sancionado con la anulación de la elección de gobernador.

Decimos PRI porque según los cuestionados resultados y todavía no resueltas impugnaciones, el candidato priísta Miguel Ángel Riquelme Solís sería el triunfador de la elección grande, y aunque la sanción es también para otros partidos y sus candidatos a otros puestos en contienda, de entre todos los sancionados y perdedores, él sería el mayor.

Otro momento de crisis política que podríamos recordar es el tristemente célebre caso Watergate que llevó a Richard Nixon a ser obligado a renunciar a la presidencia de los Estados Unidos luego de un asuntillo de espionaje, que para los vecinos del norte ha revivido por el todavía bajo investigación tema de si hubo una intervención indebida del gobierno ruso en el proceso electoral del año pasado, que llevó a la Casa Blanca (la de allá), a Donald Trump.

En lo que se parecen los dos casos mencionados, es en lo relativo a lo complicado que fue para el sistema político, en el primero para el mexicano y en el segundo para el estadounidense, encontrar un reemplazo, uno que pudiera cumplir de manera razonablemente adecuada, con lo que los respectivos sistemas esperaban de su hombre. Durante los primeros meses de aquel año 1974, cuando ya se empezaba a discutir la posibilidad que luego fue realidad de la renuncia del presidente, mucho se especuló sobre quien sería la persona de la que el partido republicano podría echar mano para sacar adelante un gobierno que hacía agua por todos lados, recordamos un análisis, hombre por hombre y puesto por puesto, en el que cada uno de los titulares iba quedando descartado, el vicepresidente, el secretario de estado, el secretario de la defensa, el de marina, el del tesoro, senadores, legisladores, subsecretarios, por orden de importancia en la jerarquía republicana, iban quedando fuera, unos porque ya habían renunciado ante la presión social y de la prensa por estar involucrados en el Watergate, y otros que todavía estaban en sus posiciones, pero que estaban embarrados en el mismo asunto. Total que el reemplazo de Richard Nixon recayó en quien se desempeñaba como director de telégrafos… un puesto tan gris y un hombre tan sin relevancia, que a nadie se le ocurrió involucrarlo en el espionaje, Gerald Ford de ser el más obscuro de los burócratas, se convirtió en el nuevo presidente de la nación más poderosa del planeta.

En el caso mexicano las cosas no estuvieron mejores. Al momento de ocurrir el asesinato de Luis Donaldo Colosio, muchos fueron los que vieron el incidente como su oportunidad dorada para ser nominados por el PRI para la presidencia, sí, pero ya ve como es la legislación mexicana, que exige que el candidato no deba “estar en servicio activo, en caso de pertenecer al Ejército, seis meses antes del día de la elección. No ser Secretario o subsecretario de Estado, Fiscal General de la República, ni titular del poder ejecutivo de alguna entidad federativa, a menos de que se separe de su puesto seis meses antes del día de la elección”, con lo que el 99% de los que se sintieron que podían y la merecían, se dieron el frentazo con el artículo 82 constitucional. ¿Resultado?, que la candidatura sustituta recayó en el único que había renunciado al puesto que tenía antes de irse como coordinador de campaña de Colosio, Ernesto Zedillo Ponce de León. Poco se ha perseguido esa línea de investigación, de si lo del asesinato no fue orquestado con precisión calendárica para impedir a demasiados, y que se colara solo uno para ser el nuevo presidente, pero esa es otra historia, una que cada vez importa menos a nadie.

Aterrizando en nuestro Coahuila, a días u horas de que se resuelva finalmente sobre la validez o anulación del proceso electoral del 4 de junio pasado, y perfilándose el castigo de que quienes fueron candidatos de los partidos castigados, ya no puedan serlo en el proceso repuesto, la pregunta es ¿Quién puede ser el hombre o la mujer que logre para el Partido Revolucionario Institucional los mismos votos que juntó Riquelme, o una cantidad todavía mejor?, ah y por supuesto, que cumpla con los requisitos del Artículo 10 de la Constitución estatal de: No ser Secretario de la Administración Pública Estatal, Fiscal General del Estado, Magistrado del Poder Judicial, Presidente Municipal, Síndico o Regidor, Consejero o integrante del órgano de dirección de los organismos públicos autónomos, titulares de los organismos descentralizados, salvo que se separen de su encargo cuando menos un día antes del inicio de la precampaña, y otros ordenamientos que saldrán a relucir para impedirle el paso a cien apuntados que ya están queriendo subirse al ring.

A ver, de todos los que se mencionaban como posibles para la candidatura del PRI todavía hace un año, ¿Cuántos están en calidad de agentes libres, es decir, que no estén impedidos para ser ungidos como candidato en sustitución de Riquelme, si es que se cumple lo que por momentos parece inevitable, la anulación?, Ninguno de los secretarios del gabinete, ninguno de los diputados locales, comenzando por José María Fraustro a quien pescaron en bola ocupada, Hilda no puede, como tampoco los diputados federales, Alejandro Gutiérrez quien sabe, David Aguillón podría ser la carta del gobernador Rubén Moreira, ¿Quién?

Al cuarto para las doce es difícil armar una personalidad por la que los priístas voten en cantidad suficiente para impedir que los coalicionados alrededor de quien postule el PAN. El caso Colosio y el Watergate, son chubascos aislados por comparación con la tormenta perfecta que se cierne sobre el PRI coahuilense, que puede salir el peor de los damnificados.

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