
En la pintoresca aldea de Cooperstown, al noroeste de la ciudad de Nueva York, reconocida históricamente como la cuna del béisbol, se encuentra el Salón de la Fama de este deporte, nicho sagrado que cobija a los inmortales del juego que más apasiona a los estadounidenses se puede leer una placa que describe las hazañas de uno de los más grandiosos peloteros de todas las épocas, quien jugó durante 21 temporadas en las ligas mayores y nunca pudo estar en una serie mundial, no obstante su enorme calidad y talento.
Primero, porque en los años de su mayor grandeza, no existía más que la vieja Liga Nacional y más tarde, al crearse la Liga Americana, él solo jugó 4 temporadas con un gran equipo como lo eran los Atléticos de Filadelfia que llegó a la serie mundial en 1905, cuando el inmenso Napoleón Lajoie, de quien nos ocupamos en esta colaboración, acababa de pasar a los Azules de Cleveland en una transacción poco explicable para los fanáticos y cronistas de la primera década del siglo pasado.
Nap Lajoie nació el 5 de septiembre de 1875 en Woonsocket, pequeño poblado de Rhode Island en la costa del Este del territorio norteamericano y cuando tenía 20 años de edad ya formaba parte de los Filis de Filadelfia de la Liga Nacional, de donde pasó a los Atléticos de la misma ciudad en 1901 cuando surgió la nueva Liga Americana que arrebató magníficos peloteros al viejo circuito y trajo en sus filas a grandes jugadores de las ligas independientes.
Los cronistas deportivos de aquellos tiempos, consideran a Lajoie como un jugador tan completo y elegante, capaz de estar entre los mejores de cualquier época y en ello están de acuerdo todos los viejos aficionados que lo vieron jugar a fines del siglo pasado y durante los primeros años de la Liga Americana.
Como bateador fue grandioso y pocos jugadores ha logrado los números que él alcanzó en sus 21 años de béisbol en las Ligas Mayores. Bateó arriba de 300 en 16 temporadas y marcó porcentaje superior a los 350 puntos en diez ocasiones, hazaña que se antoja casi increíble para cualquier pelotero y que no han podido ni siquiera acercarse muchos de los más renombrados bateadores de aquello y de estos tiempos.
Dejó un porcentaje de por vida de 339 puntos antes de retirarse de los diamantes y ganó tres títulos de bateo, el primero de ellos en 1901, durante su primer año con los Atléticos de Filadelfia con 422 milésimas que visto desde cualquier ángulo es una cifra verdaderamente impresionante.
Como punto de referencia, recordamos que el último jugador en batear arriba de 400 fue el grandioso cañonero de los Medias Rojas de Boston, el inmenso Ted Williams quien en 1941 conectó para 406 puntos con lo que logró el título de bateo. De eso hace años y desde entonces hace más de medio siglo nadie ha podido repetir el truco.
Lajoie sobrepasó la cifra mágica de los 3 mil hits, al acumular la fabulosa suma de 3 mil 252 imparables en 2 mil 475 juegos. Conectó 652 batazos de dos bases y 82 cuagrangulares, lo que demuestra que era un jugador de velocidad y con poder, a la hora de pararse en la caja de bateo.
Para ser jugador de cuadro, supuestamente preparado para llegar a la base y ser remolcado al plato por sus compañeros de mayor poder con el tolete, Lajoie empujó a jom mil 599 anotaciones, es decir 93 carreras más de las mil 506 que él mismo anotó durante su brillante carrera.
Tomó parte en 2 mil 475 encuentros para un promedio de aproximadamente 118 juegos por temporada lo que refleja su consistencia. Fue un auténtico líder que impulsaba a sus compañeros hacia la victoria poniendo el ejemplo lo mismo con el bat que con el guante a la hora de cubrir la segunda almohadilla y también a la hora de correr las bases.
Nap Lajoie murió el 7 de febrero de 1959 y había hecho su ingreso al Salón de la Fama en 1932 el mismo año que hiciera su entrada al nicho sagrado de los Inmortales, el más grandioso serpentinero de todos los tiempos, el superastro Cy Young quien alcanzó 511 victorias, el más alto número de triunfos para un serpentinero de cualquier época.

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