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¡Al diablo el INE!

«… si en Coahuila se aplicó mal el procedimiento de fiscalización ¿en el EdoMex y en Nayarit no?, eso no se lo traga nadie.»

BAILE Y COCHINO.-

Por Horacio Cárdenas.-

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¿Quién lo hubiera pensado hasta hace poco tiempo?, el Partido Revolucionario Institucional haciendo exactamente lo mismo que uno de sus peores enemigos, Andrés Manuel López Obrador instituyó como la nueva manera de hacer política en México: mandar al diablo las instituciones.

La conferencia de prensa a la que convocó el primer tocayo del país, Enrique Ochoa Leza, el mismo quien en los ratos libres que le deja la ruleteada, la gira de presidente del Comité Ejecutivo Nacional del otrora partido aplanadora, no dejó lugar a dudas, acompañado del gobernador electo del estado de Coahuila, Miguel Ángel Riquelme Solis, descalificó la actuación del Instituto Nacional Electoral, durante todo el proceso electoral y particularmente en el apartado de fiscalización de los gastos realizados durante la campaña. Esta, que podría ser una jugada más en la partida de ajedrez que tendrá que desembocar en la sucesión en el poder ejecutivo del estado, podría traducirse en dos expresiones de la sabiduría popular, que ponen de manifiesto el grado de desesperación que hay en torno al empantanado asunto: la primera muy socorrida, la de que los patos priístas le están tirando a las escopetas.

Citamos al principio a Andrés Manuel y su célebre frase pronunciada cuando se enteró que Felipe Calderón Hinojosa había ganado la elección presidencial del año 2006, derrotándolo por 0.56% de los sufragios emitidos, y es que lo que está ahora poniendo en tela de juicio el PRI nacional es precisamente el funcionamiento, la desorganización, la falta de control de una institución que, salvo su mejor opinión, es invención y manufactura del propio Revolucionario Institucional, que en su membrete lleva la esencia de su ideología y de su accionar en el campo de batalla político, el de la revolución institucionalizada. Luego de décadas de ejercer el poder con puño de hierro desde la comodidad de las oficinas gubernamentales, a los priístas se les olvidó como imponer sus puntos de vista a sangre y fuego, para eso están sus hordas de burócratas para hacer las cosas… institucionalmente, ahogando a sus enemigos en océanos de papel, y solo de vez en cuando teniendo que recurrir a los obregonistas cañonazos de 50 mil pesos.

Pero ahora la desesperación de Enrique Ochoa, quizá su impulsividad protegida desde Los Pinos, o una aplicación torpe de aquel principio político de que todo se le hace fácil al que no tiene idea de lo que está hablando, tiene al anquilosado partido pisando un terreno demasiado cenagoso para soportar su peso: el de dirimir los conflictos descalificando las instituciones, concretamente el caso Coahuila y concretamente la institución, repetimos ideada por el PRI mismo, del Instituto Nacional Electoral. Esto, refiriéndonos a otra frasecita de la sabiduría popular, equivale a darse un tiro en el pie, y si lo juntamos con el otro dicho, ¿sabe lo que le hace un disparo de escopeta al delicado pie de uno de los cachorros consentidos de la clase política post post revolucionaria?

Que el Partido Acción Nacional hubiera acusado al INE de incompetente, de parcial, de priísta encubierto, no tendría nada de novedad; que MORENA lo hubiera descalificado, se haría sospechoso si no lo hiciera, es una estrategia obligada de la izquierda mexicana, ¿pero que el autor de sus días también se lance al pescuezo de la entidad que parió, crió y modeló a su gusto, si no es que a su imagen y semejanza?, eso es como si alguien hubiera abierto, intencional o accidentalmente las puertas del infierno, y espérese, que los diablos están dándose cuenta de que esto les autoriza a hacer lo que su imaginación, su conveniencia, sus intereses les mande.

Haciendo un poco de historia, cuando Andrés Manuel se lanzó contra el Instituto Federal Electoral mandándolo al diablo, el sistema político entró en estado de emergencia, había que controlar la situación, que podía devenir en lo que cada quien quiera imaginar, desde una guerra civil hasta lo que se le ocurra. De inmediato y contra procedimiento, se procedió a organizar un recuento de las actas en todos los distritos, mañosamente se comenzó de atrás para adelante, comenzando por aquellos en que había ganado el candidato del PRD, todo iba a su gusto, con una diferencia pasmosa sobre Felipe Calderón, todo para que a la hora en que se contabilizaron los otros distritos, se confirmara el triunfo del panista por sobre el perredista, sin haber variado la proporción en lo más mínimo, pero la importancia de la estrategia fue ganar valiosísimas horas para que el sistema organizara una defensa más o menos eficiente, y para cansar a los descontentos. ¿Qué pasó después?, en realidad poco tirándole a nada: el campamento en Paseo de la Reforma, que sí, costó millones a los comerciantes y molestias a los capitalinos, y tener un presidente legítimo que se la pasó ladillando todo el sexenio al presidente espurio, pero nada más, un costo irrisorio, por comparación con lo que los escenarios más pesimistas plantearon que podía suceder.

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Pero en aquel momento, y con todo lo cuestionado que fue el IFE por uno de los candidatos, a nadie en el sistema se le ocurrió que a este organismo se le debía retirar el respaldo por haber sobrevivido su vida útil, que es precisamente lo que parece estar pasando en estos momentos con el INE, que sí, le fue muy útil para darle la legitimidad que necesitaba urgentemente el PRI en la elección del Estado de México, pero al que es capaz de denostar de la manera más fea en la elección de Coahuila. Si a esas vamos, todos los errores que se le atribuyen a la actuación del Instituto en un proceso electoral, deberían ser automáticamente extensivos al otro o a los otros, si en Coahuila se aplicó mal el procedimiento de fiscalización ¿en el EdoMex y en Nayarit no?, eso no se lo traga nadie.

Y sí, en Coahuila nos está tocando vivir un momento histórico, pero no es por nuestro gusto ni nos hace la menor gracia, al que le está tocando bailar con la más horrorosa es a Miguel Riquelme, al que el PRI nacional exhibe como la víctima sacrificada, cuando lo que él quisiera sería operar desde las sombras y allí esperar lo que el destino le depare, pero lo que debería preguntarse la dirigencia nacional, la Secretaría de Gobernación y Los Pinos es ¿y si desinstitucionalizamos la revolución que es lo que queda?… la pura revolución, y ese es un precio que para la estabilidad del país, Coahuila definitivamente no lo vale. Allí tiene al primer tocayo jugando con gasolina y cerillos, y no hay nadie que lo quiera poner quieto.

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