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El que no conoce a Dios… a cualquier barbón se le hinca

NO, NO FUE EL SENADO

«…el Senado de la República el que le otorgaba el doctorado honoris causa a Tobías, por una serie de aportaciones a la educación, la cultura, las artes y las ciencias, que nomás nadie pudo decir cuales eran…»

Baile y cochino.-

Por: Horacio Cárdenas.-

honoris

Dice un dicho, hasta eso no de los más populares y sí de los que más gordo caen, que: “el que no conoce a Dios, a cualquier barbón se le hinca”, y bueno, ahora resulta que andan por allí organizaciones buscando que se deje hacer la barba, convenciéndolos que de esa manera, más y más gente se les hincará enfrente.

A eso y no a otra cosa es a lo que nos suena lo del pretendido otorgamiento, o no pretendido porque sí se lo plantaron, de un doctorado honoris causa a Francisco Tobías Hernández, a quien una organización no muy transparente que digamos, luego de examinar su currículum, su historial policiaco, lo veleta de su carrera política, entre otros detalles, consideró con suficientes méritos para ello.

Que la gente, sobre todo los politiquillos de a cinco el manojo, se dejen envolver y quieran envolver con lo de que ahora habiéndolos ataviado con soga y burrete, son doctores, es muy su gusto y predilección, es de esas cosas que por repugnancia o por pena ajena dejamos pasar tratando de que se nos olviden lo más pronto posible, pero ahora se dejó correr la versión de que era el mismísimo Senado de la República el que le otorgaba el título de doctor honoris causa a Tobías, y eso sí que no podíamos dejarlo ir sin de perdida echarle un ojo a la cuestión, buscando un nuevo estanco en lo bajo que pueden caer las instituciones mexicanas, o por el contrario, hallar la trampa si la había.

Que si el Senado de la República está en condiciones o no de otorgar títulos honoríficos, cae en la órbita de lo ya sabido, este y los otros poderes están en posibilidad de hacer lo que les venga su regaladísima gana, eso hasta que se arma un escándalo… y luego lo siguen haciendo, pues no por nada este es un país chicharronero, si solo fuera por los tronidos y las necedades de los poderosos. Si el senado otorga condecoraciones, medallas como la Belisario Domínguez, reconocimientos, etc. ¿Qué impedimento habría para que diera doctorados, y que los diera baratos, como que hasta Pancho Tobías alcanzara uno?

No se trata aquí de ningunear a un burócrata saltimbanqui que tanto le ha servido al sistema, y que además como Flores Tapia tiene pretensiones de intelectual e historiador, su luchita hace y de allí que el sistema le dé su puñito de migajas. No, lo que importa aquí es el abaratamiento de los títulos a los que él mismo, como encargado que es del Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos del Estado de Coahuila debería oponerse, ¿se imagina que esta dependencia de la Secretaría de Educación del Estado repartiera títulos como si de volantes de restaurant de mariscos se tratara?, pues a eso y no a otra cosa equivale lo del nombramiento de Tobías como doctor.

Haciendo un poco de historia, si no nos acordamos mal fue la universidad de la inundada Houston la que le otorgó un doctorado honoris ni más ni menos que a Arturo Durazo Moreno, el célebre “Negro” que fue director de la Policía del Distrito Federal en el sexenio de López Portillo, ese fue el primer indicio que tuvimos muchos de que los doctorados por honor habían comenzado a valer lo que se le unta al queso. Quién sabe si ahora con la inundación no se habrá perdido tan valioso documento que ponía por todos los cielos a un fulano que luego fue calificado como uno de los más corruptos de un país corrupto, al grado que fue a dar con sus huesos y su doctorado al reclusorio.

Mire lo que son las cosas, antes había que ser un Nelson Mandela, un Gabriel García Márquez, un Mario Vargas Llosa, vamos un Miguel León Portilla, para que una universidad, sí una institución educativa de nivel superior, se decidiera a otorgarle un doctorado por causa de honor. Hoy las cosas son muy distintas, una cosa que se hace llamar Claustro Doctoral Iberoamericano, nos imaginamos que compuesto por eminentes personajes que se sienten con méritos suficientes como para invitar a alguien a formar parte de su apretado círculo de intelectuales, busca a quienes convencer de que se los reciban, vaya usted a saber si a cambio de una feria, o de gorrión. Ya para que en su página expliquen que “El Doctorado Honoris Causa es un título honorífico que se da a personas eminentes.

Esta designación se otorga principalmente a personajes que se han destacado en ciertos ámbitos profesionales, sociales, culturales etc., que no son necesariamente licenciados en una carrera. Históricamente un doctor honoris causa recibe el mismo tratamiento y privilegios que aquellos que obtienen su doctorado académico de forma convencional”, nos hace sospechar que los seleccionados son unos ilustres desconocidos que tienen más de lo segundo que de lo primero, más o menos como Tobías, integrantes de un segmento de la intelectualidad nahuatlata a la que las universidades formales no voltearían a ver siquiera.

Pero bueno, una cosa es que haya changos necesitados de que les aplaudan y otros dispuestos a aplaudirles, lo que no se vale es embarrar a instituciones nacionales que de por sí, andan arrastrando la cobija en eso de mantenerse como moralmente solventes. Vaya usted a saber si fue por ignorancia, con mala intención, o una combinación de ambas para que hubiera una ganancia política para le involucrado, el caso es que sí, en redes sociales y en algunos medios despistados, se manejó como que era el Senado de la República el que le otorgaba el doctorado honoris causa a Tobías, por una serie de aportaciones a la educación, la cultura, las artes y las ciencias, que nomás nadie pudo decir cuales eran, pero que serían suficientemente meritorias del grado y el título.

Y no, lo que pasa es que, como suele pasar en este país en estos tiempos neoliberales, al mentado Claustro Doctoral Iberoamericano, que no ha de tener ni siquiera local propio donde sesionar, mucho menos un aula magna para ceremonias, sí se les prendió el foco de rentar un salón en el senado, que para pronto le dijo sí a esa persona, y allí están las fotos, un evento digno del Vips, llevado al máximo espacio legislativo de este país, todo por un puñado de billetes.

Yo no sé, allá usted si la próxima vez que ve a Tobías lo sigue saludando de “Quiubo Pancho”, o si por el contrario y acorde con lo que le venimos platicando le da el “tratamiento y privilegios que aquellos que obtienen su doctorado académico de forma convencional”, eso se lo dejo a su criterio, joven. ¿Así o más barato quiere sus doctorados?

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