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Sam Crawford… Bola Muerta

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Muchos aficionados al rey de los deportes, seguramente se habrían preguntado alguna vez por qué, a pesar de haber existido magníficos bateadores en el siglo pasado y en las primeras dos décadas del siglo veinte, fue muy reducida la producción de cuadrangulares y en muchas ocasiones el campeón jonronero de la liga apenas lograba una decena de palos de vuelta entera para encabezar este deporte.

Había grandes bateadores de poder que hacían volar la esférica y con mucha frecuencia sus batazos eran tan potentes que desprendían parte de las fuertes costuras de las pelotas y despertaban entre los fanáticos expresiones como las que luego se hizo muy popular y se sigue escuchando aunque ahora sea sentido figurado: “desforró la pelota”.

La respuesta a esa gran diferencia de producción de cuadrangulares de aquellos tiempos y de la era de Babe Ruth hasta nuestros días, es que antes, se jugaba con la llamada “bola muerta”, es decir la pelota no tenía la misma elasticidad que tiene ahora y a pesar de que era golpeada con fuerza, no podía recorrer las grandes distancias que ahora alcanzan.

Los magnates del deporte vieron como los grandes duelos de pitcheo iban perdiendo interés para dar paso a la algarabía con que los fanáticos premiaban un batazo de cuatro esquinas; entonces pensaron en hacer más emocionante y atractivo y el juego a base de bateo más explosivo y pidieron a los fabricantes de pelotas que hicieran más viva la esférica para que volara a mayores distancias.

Incluso los rebotes en el campo de juego se convirtieron al principio una pesadilla para los jugadores del cuadro que veían llegar los batazos en su zona más rápidamente y con mayor fuerza, surgieron muchos errores pero los hábiles peloteros rápidamente fueron adaptándose al nuevo ritmo de juego u hasta le encontraron la innegables ventajas que ello representaba, ya que así también mayores oportunidades de ganarle la carrera a los jugadores y ponerlos fuer antes de llegar a la primera almohadilla.

En esa época surgió un bateador de gran potencia que rebotó en las bardas de los jardines más pelotas que ningún otro con sus descomunales batazos que casi en forma recta llegaban hasta el fondo del parque, ese poderoso bateador fue Sam Crawford, quien de haber jugado en los tiempos de la pelota viva, habría convertido en cuadrangulares la gran mayoría o quizás todos los 312 batazos de tres colchonetas que acumuló durante su carrera.

Los más de 300 triples que Crawford conectó con la llamada bola muerta, constituyendo un récord de ligas mayores para batazos de este calibre, que todavía está vigente en nuestro días. También bateó 455 dobletes que retachaban de un bote contra la barda y que seguramente muchos de ellos se habrían convertido en limpios cuadrangulares en los años veinte o treinta.

Todavía, después de los cincuentas, las bolas se avivaron más y el juego se hizo más emocionante y atractivo, como le gusta a la afición y hace que se vendan los boletos de los estadios.

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