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Harry Hooper… Mano Bruja

AQUELLOS TIEMPOS.-

Escribe: Miguel Ángel Genis Guzmán.-

HARRY1

Cerca de 18 mil fanáticos se pusieron de pie emocionados al escuchar el sonido del bat que chocó con la pelota y voló hacía el jardín derecho del Ball Park de Boston, donde se jugaba el octavo y último juego de la serie mundial 1912, que se alargó un juego más de lo normal en visita de que el segundo encuentro fue suspendido con la anotación empatada a seis carreras en la entrada número once a causa de la oscuridad.

Se enfrentaban los Medias Rojas de Boston, campeones de la Liga Americana a los aguerridos Gigantes de Nueva York y llegaban con triunfos por bando a una de las series mundiales de mayor colorido que se recuerdan de aquellos tiempos.

Los Gigantes abrieron la quinta entrada con ventaja de una carrera a cero y tenían un corredor en base con dos outs cuando se presentó a batear el hábil chocador de los neoyorkinos Larry Doyle, quien conectó una fuerte línea que se fue elevando buscando la barda entre el jardín central y el derecho.

Harry Hooper, patrullero del parado derecho, se turbó un momento con el estruendoso ruido de los fanáticos que parecían querer detener el batazo con la escandalosa exclamación, ya que si la bola caía en las tribunas, sería un limpio cuadrangular de dos carreras, que daría una ventaja definitiva a los pupilos de Connie Mack y tal vez con ello la victoria, ya que el grandioso Christy  Mathewson estaba lanzando magistralmente por los neoyorkinos.

Pero el habilidoso jardinero no se dio por vencido y haciendo un esfuerzo sobrehumano, corrió tras la pelota con todas sus fuerzas y cuando el esférico parecía cruzar sobre la barda chica del Ball Park, estiró la mano para hacer uno de los engarces más espectaculares de que se tenga memoria en los clásicos de otoño.

Lo más asombroso, fue que Hooper que era jugador derecho para lanzar y zurdo a la hora de batear, al ver que la era imposible doblar el cuerpo para alcanzar la pelota con el guante que llevaba en la mano izquierda, en su alocada carrera, solo tuvo tiempo de estirar el brazo derecho, pero sin guante, para quedarse con el batazo y robarle un cuadrangular al segunda base de los Gigantes, con la mano pelona.

Los fanáticos incrédulos y sorprendidos, puestos de pie, no dejaron de aplaudir, hasta que el voluntarioso jugador llegó al dogo ut y todavía ahí lo hicieron salir tres veces para recibir el cariñoso reconocimiento de un público que sabía apreciar las grandes jugadas y el esfuerzo supremo que finalmente vino a dar el triunfo a los patirrojos que anotaron dos carreras en la decima entrada para ganar el partido y la serie mundial de 1912.

Así se ganó Harry Hooper el sobrenombre de “mano bruja”, pues los fanáticos aseguraron que no vieron el momento en que el talentoso jardinero derecho de los Medias Rojas , movió el brazo derecho hacia el esférico para hacer la sensacional atrapada que por mucho tiempo fue el comentario obligado en bares y cafés, así como todo lugar de reunión de la sociedad del este norteamericano. Hooper tuvo mucho que ver con los campeonatos que los bostonianos lograron en los años de 1912, 15, 16 y 18 y fue pilar indiscutible en el prado derecho y en el orden al bat de los Medias Rojas que dominaron notablemente la Liga Americana en la década de los diez, y se alzaban con el triunfo en las cuatro series mundiales en que el recio y habilidoso jugador se hizo cargo de uno de sus jardines.

Como ya hemos dicho, en 1912 derrotaron a los Gigantes de Nueva York cuatro juegos a tres en serie de ocho partidos, en virtud de que el segundo fue suspendido empatado por falta de luz.

En 1915 se enfrentaron a los Filis de Filadelfia, a quienes derrotaron cuatro juegos a uno. En esta serie, el oportuno bateo de Hooper también fue determinante para definir la serie. En el quinto juego conectó par de cuadrangulares para dejar tendido al peleador equipo de la antigua capital de Estados Unidos y llevarse la gloria del triunfo de la serie mundial de Boston.

Al siguiente año, los Patirrojos volvieron al clásico de otoño, esta vez para derrotar en cinco juegos a los Dodgers de Brooklyn que solamente pudieron ganar el tercer encuentro y cayeron en los cuatro restantes ante un poderoso equipo que dominaba por completo el beisbol de las Ligas Mayores de la década.

El beisbol tiene sus rarezas, por ejemplo, pocos aficionados recuerdan que en 1918, no hubo el llamado “clásico de otoño”, pues a causa de la primera guerra mundial, la serie para definir el campeón del rey de los deportes de ambas ligas, se llevó a cabo del 5 al 11 de septiembre, enfrentándose los medias rojas de Boston a los Cachorros de Chicago.

Ese año, la serie mundial fue un auténtico “clásico de verano”, y Boston volvió a ganar ahora cuatro juegos a dos, contando siempre con la figura talentosa de Harry Hooper que seguía cubriendo el prado derecho magistralmente y haciendo sonar su bat. Hooper nació el 24 de agosto de 1887 en Santa Clara Country California. Ingresó al Salón de la Fama del Beisbol en 1971 y falleció el 8 de diciembre de 1974 en Santa Cruz, pequeña ciudad de su mismo estado natal.

 

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