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LA RETICENCIA SOSPECHOSA

Baile y Cochino.-

Por Horacio Cárdenas.-

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Si no nos equivocamos demasiado, fue Luís Echeverría Álvarez quien definió aquello del “estilo personal de gobernar”, en aquellos años no había internet, mucho menos memes, pero sí había chistes que circulaban a mayor velocidad y con mayor cobertura que la más ancha de las bandas actuales, como también había esbirros de la Dirección Federal de Seguridad y de diversas otras dependencias de la Secretaría de Gobernación, que le informaban al presidente y al gabinete a como había amanecido la política el día de hoy. Un presidente que sí le leía los dossiers que le pasaba su estructura de inteligencia, y ante la constante de la apreciación popular que lo tenía como alguien, digamos, no muy brillante, salió a decir que así gobernaba él, ese era su estilo, y aunque no lo dijo con todas sus letras, sí dejó entrever al que quisiera “remember 68”.

Cada gobernante tiene su manera muy personal de administrar su satrapía, recordamos por ejemplo acá en Coahuila, que Enrique Martínez y Martínez, aquel famoso de presumir de lo que menos tenía: un gobierno con sentido humano, trataba a la administración pública conforme a una jerarquía totalmente subjetiva, sus cuates del alma, sus empleados de más o menos confianza a quienes despreciaba y que lo odiaban a muerte, y finalmente toda la perrada, quienes apenas estaban por encima de los gobernados, a quienes gustaba mirar por encima del hombro desde la comodidad de su Enricopter, de preferencia acompañado de alguna personalidad femenina de la farándula a la que quería impresionar.

Algunos no volaron tan alto, pero que también aportaron su sapiencia a los estudios de sicología del poder, entre ellos recordamos a Ramiro Flores Arizpe, quien cuando finalmente fue removido por Eliseo Mendoza Berrueto de la Procuraduría General de Justicia, para promoverlo como presidente del Tribunal Superior de Justicia, y recibió a una comitiva de sus gentes de confianza en la Procu a ver si les hacía un “canchito”, les respondió olímpicamente: yo ya resolví mi problema, ahora resuelvan ustedes el suyo… unos pudieron, otros no, y tan tan.

Viene a cuento porque Miguel Ángel Riquelme Solís está inaugurando su administración con un estilo más que peculiar, concretamente en lo que toca a la integración de su equipo de trabajo, no solamente de lo que se conoce como los gabinetes legal y ampliado. Las versiones son varias, cada una con su grado de plausibilidad, pero que de inmediato sufren una andanada de razones, igualmente o todavía más razonables, que las hacen caer por tierra, y lo que sus defensores pretenden hacer ver como eso, el estilo personal, termina pareciendo debilidad del inquilino constitucional del Palacio Rosa.

Es cierto, hasta el cuarto para las doce ¿me creerá que al cinco para la hora?, no supo Miguel Riquelme que iba a ser gobernador, no viene al caso recordar la pesadilla de la incompetencia de las instituciones electorales, pero sí, y sobre todo relacionado con el tan llevado y traído durante meses proceso de entrega recepción, cabría preguntarle a los que todavía están fungiendo como encargados de los despachos de los que hasta el último minuto del mes de noviembre fueron los titulares ¿a quién le entregaron lo que supuestamente entregaron y siguen manejando casi de manera honoraria por lo que precisamente venimos tecleando, la falta de definición respecto a quienes serán los nuevos mandamases?, esta situación nos remite a lo peor del Martinato, los servidores públicos tratados como peones en el tablero de ajedrez, ¿con qué ganas se presentan a trabajar cada día, sabiendo que a las 11, a las 12, a las 6 de la tarde, puede llegar quien sea a decirle: desaloja y gracias por mantenerme la silla caliente con estos fríos?, ¿Quién de ellos no estará esforzándose por mover cuanto hilo e influencia tenga a la mano para ver si logran que los ratifique en nuevo gobernador, como si este no hubiera tenido tiempo sobrado desde aquel triste 4 de junio para evaluar el trabajo de todos y cada uno de los empleados de gobierno desde secretario hasta intendente… cinco veces cada uno? A todos les late su corazoncito, pero tampoco es tanta la ingenuidad, así que cuando mucho, pero mucho, los coahuilenses pueden esperar que las dependencias sin nuevos mandos altos ni medios estén trabajando a medio gas… lo cual no puede decirse que sea bueno para ninguna administración que comienza.

Está también la versión de que lo que pasa es que está el ejecutivo esperando que algunos alcaldes acaben su gestión para llamarlos a colaborar… ¿a sí, y desde cuando el superior ha tenido que esperar que el inferior termine su chamba?, eso sentaría un pésimo precedente, pero además cae por su propio peso ante un par de ejemplos tamaño gigante, pues a José María Fraustro Siller no le tembló la mano un segundo para dejar la presidencia del Congreso del estado, como tampoco a Blas Flores para dejar la rectoría de la Universidad Autónoma de Coahuila, para incorporarse uno a la Secretaría de Gobierno y el otro a la de Finanzas, y aunque sí, es cierto que estas son más importantes que otras que permanecen acéfalas, en el momento en que fueran llamados más de uno tiraría el arpa y estaría tomando posesión de su flamante nuevo cargo antes que aquella llegara al suelo, sin dedicarle al anterior puesto ni un recuerdo, como no fuera ordenar a su achichincle más cercano que se regresara por la caja de chicles que dejó en el cajón de en medio de su escritorio. Ah, y respecto de las responsabilidades de los alcaldes… como dijo Isidro López en referencia a su salida el próximo 19 de diciembre de la alcaldía de Saltillo para buscar la reelección: ¿Qué son once días?…

Otra versión es de que están esperando que se modifique la Ley Orgánica de la Administración Pública Estatal, cuento que tampoco tiene sustento, pues a lo largo de los sexenios hemos conocido casos en los que se asumen cargos y sobre todo presupuestos, que luego cambian de nombre y tamaño, pues prácticamente nada nace de la nada en asuntos burocráticos, como la materia y la energía, solo se transforman. Si alguien se va a hacer cargo de tal o cual secretaría nueva o de otras que se achiquen para convertirse en los institutos que eran antes, podrían estar ya nombrados, trabajando, cobrando y ejerciendo… en ese orden.

Y bueno, la última, de que fantasmas del pasado, con todas sus letras, de apellidos ilustres de los dos últimos sexenios constitucionales y un chipote, están presionando para que recaigan en ellos nombramientos donde puedan seguir mangoneando en la administración y dineros, esas cosas también se resuelven de un plumazo… y conste que no dijimos de un plomazo, que en algún momento de la aciaga historia del país así se resolvían las cosas.

Total que Coahuila en su luna de miel con la nueva administración estatal, estaría viviendo una calma chicha… de no ser porque con este frío y estas nevadas no hay ni calma ni chicha y muy poca administración. Al final, lo que importa es la acción, las explicaciones no son más que eso, explicaciones.

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