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Cal Ripken… El hombre que paralizó una nación

AQUELLOS TIEMPOS

Por: Miguel Ángel Genis Guzmán.-

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Murió el Rey…¡Viva el Rey!

Hazaña solo para los muy grandes.

Rompió el Récord del inmortal Lou Gherig.

Tiene asegurado su ingreso al Salón de la Fama.

El 6 de septiembre de 1995 se convirtió en la fecha más importante para la vida de un hombre y su familia, a la vez que nacía paso a paso el desenlace del histórico acontecimiento.

Ese día el carismático paracorto de los Orioles de Baltimore, jugador ponderoso y lleno de profesionalismo, Cal Ripken impuso una nueva marca de partidos jugados en forma consecutiva en las ligas mayores con 2131 encuentros, superando la marca del inmortal Lou Gherig, primera base de los Yanquis de Nueva York que logró la hazaña aparentemente imbatible, hace 56 años.

Para lograr tan increíble proeza, Gherig jugó 14 temporadas en forma consecutiva, todos los días sin fallar a ningún juego. A Ripken le costó un período casi igual y aunque esto se escribe y se dice con gran facilidad, para lograrlo se requiere de un hombre de hierro, de gran calidad y vergüenza profesional y también de una suerte envidiable, si es que le damos la diosa fortuna algo de mérito en la conquista del nuevo récord.

Un día antes, Cal igualó la marca y más de 48 mil fanáticos que llenaron el Camden Stadium de Baltimore, le brindaron un aplauso que duró más de cinco minutos y millones de aficionados al beisbol que no pudieron estar en el estadio a lo, largo y ancho de la Unión Americana, América Latina y Japón y otras regiones del mundo, presenciaron a través de la magia de la televisión la singular hazaña y aplaudieron a distancia al grandioso pelotero.

Unas semanas antes, se despertaron encontradas opiniones, la mayoría apoyando con llamadas telefónicas y cartas a Ripken para que superara los 2130 juegos consecutivos jugados por Gherig y otras traducidas en amenazas, incluso de muerte, de parte de los viejos fanáticos que consideraban una profanación a la memora del inmortal “Caballo de Hierro” igualr o superar su récord.

Ripken, un profesional en toda la extensión de la palabra siguió adelante y escribió el 6 de septiembre, tal vez la más gloriosa e increíble proeza de los nuevos tiempos de un deporte que apenas hace un año estaba al borde del abismo. Vino a salvar al beisbol y así lo entendieron los más de 50 mil aficionados que ese día acudieron al parque de pelota, algunos pagando cantidades exageradas por un boleto.

Las amenazas de terroristas en el medio oriente, en Francia, Japón, América Latina y en los propios Estados Unidos de Norteamérica, pasaron a segundo plano y la atención mundial se centró en la figura del ya popular como, ninguno, Cal Ripken, campo corto  de los Orioles de Baltimore, quien al caer la quinta entrada y declararse el juego como legal, recibió la ovación más estruendosa y prolongada de que se tenga memoria en deporte alguno.

Puesto de pie los aficionados no dejaron de vitorear y aplaudir a Ripken por más de 22 minutos, y éste, modesto y sencillo como siempre, les supo responder ese día, primero con un cuadrangular una entrada antes y luego dando la vuelta al diamante y saludando de mano a todo aquel que se acercó a la barda para ver de cerca al nuevo ídolo del beisbol. Puede decirse que el talentoso pelotero paralizó a la nación ese día.

El Presidente del poderoso país William Clinton, el vicepresidente Al Gore, senadores, gobernadores, hombres de negocios, de la cinematografía y de todas las esferas sociales se dieron cita esa noche en el estadio de los Orioles para conservar el recuerdo del momento histórico en que Ripken batió el récord de Gherig.

Ese fue un día grandes aplausos, por la mañana, el líder de la mayoría del senado de los Estados Unidos Bob Dale recibió, en Washington, de parte de sus homólogos congresistas una estruendosa ovación cuando anunció que posponía la votación de una ley sobre asistencia social fijada para esa noche, con el objeto de dar oportunidad a los senadores de asistir al juego de beisbol, que tendría lugar en la cercana ciudad de Baltimore, en el que se rompería el récord de más juegos jugados en forma consecutiva en las ligas mayores del beisbol.

Analizando los sucesos tranquilamente, una vez pasada la euforia, vemos que la figura de Lou Gherig para nada sufrió deterioro alguno, por el contrario, como que cada vez se agiganta más la imagen del hombre que junto con Babe Ruth formó el uno dos más explosivo que ha habido en la historia del beisbol.

Sus 2130 juegos consecutivos seguirán siendo un ejemplo de valor y calidad de un hombre que de niño sufrió y superó las amenazas de la terrible parálisis infantil y que murió dos años después de haberse retirado de los diamantes, el 2 de junio de 1941, cuando apenas iba a cumplir 38 años de edad, víctima de una rara enfermedad con el más raro nombre de Esclerosis Lateral Amiotrópica, conocida desde su muerte como “el mal de Lou Gherig”.

Nativo de Nueva York, el popular “Columbia Lou” conectó 493 cuadrangulares durante su gloriosa carrera, siempre con los yanquis, en ocho temporadas alcanzó más de 40 jonrones y en siete ocasiones remolcó al plato más de 150 anotaciones. En serie mundial bateó 10 palos de vuelta entera y al retirarse dejó un promedio de por vida de 340 puntos, el récord de más carreras producidas en un año con 184 en 1931 y la fabulosa hazaña de haber jugado durante catorce temporadas consecutivas sin perderse un solo partido para un total de 2,130 juegos.

Cal Ripken siempre ha reconocido que Gherig fue mejor bateador que él y los números así lo demuestran, sin embargo, el nativo de Maryland tiene grandes cualidades como hombre y jugador de utilidad para su equipo cubriendo las paradas cortas en forma excelente, que lo compararan sin desmerecimiento alguno con el “Caballo de Hierro” que desde el 6 de septiembre de 1995 pasó a ocupar el segundo en el renglón de juegos jugados en forma ininterrumpida.

Ha nacido un nuevo ídolo en un deporte que necesitaba y necesita con urgencia, el surgimiento de nuevos héroes que hagan olvidar la terrible pesadilla del año de 1994, cuando a causa de una huelga de jugadores se suspendió el campeonato y por primera vez en la historia de este deporte, los norteamericanos no tuvieron serie mundial de beisbol, algo que ni dos guerras mundiales pudieron lograr en otros años.

 

 

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