Lo que un secretario de finanzas jamás debería confesar

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

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Blas José Flores Dávila, secretario de Finanzas del gobierno de Miguel Ángel Riquelme.

Por la Secretaría de Finanzas, antes Tesorería General del Gobierno del Estado de Coahuila de Zaragoza, ha desfilado toda clase de gente: contadores, cuentachiles, economistas, ingenieros; gente proba a carta cabal, transas, unos altamente competentes para hacer lo que pedía la chamba y lo que les ordenaba su patrón el gobernador, algunos realmente hábiles para tapar lo que hubiera que tapar, otros expertos en conseguir facturas, ratas probadas como Javier Villarreal, funcionarios de los que no se puede decir nada malo y que siguieron su carrera política como Javier Guerrero, y en fin, hasta Lito Ramos, que confesaba que temía por su pellejo y porque Rubén Moreira pudiera meterlo en la cárcel, cargándole el muerto de todo lo que en las bóvedas se ocultaba.

En los manuales de procedimientos, obviamente certificados por la norma nueve mil quien sabe cuantos, y auditado por los despachos más prestigiosamente vendidos del país, no se encuentra sin embargo el listado de las reglas no escritas del sistema político a la mexicana, y en particular las que rigen el manejo de los dineros públicos. En teoría el proceso de entrega recepción, la transición en condiciones normales, y el procedimiento de aprendizaje de los gajes de rebajes del oficio, incluyen algunos consejos de lo que se puede decir delante de la prensa, lo que no se dice delante de los diputados, lo que no se confiesa ni bajo tortura de los auditores federales, so pena claro, de precipitarse el funcionario en el oprobio, llevándose entre las salpicaderas la imagen de control financiero de la administración estatal primero, y muy seguidito de su capacidad de gobernar con más saliva de que sí van a pagar lo que compran y piden prestado, después.

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Jose María Fraustro Siller con el exsecretario de Finanzas, Ismael Ramos.

Las habilidades de un secretario de finanzas o de un tesorero son muy especiales, por poseerlas es por lo que ponen a los que ponen en una de las posiciones más poderosas, más codiciadas y mejor remuneradas de la administración pública. Por principio de cuentas es un tipo que debe aprender a hacer malabares con los dineros siempre escasos, al tiempo que no debe decirle jamás a su jefe que no hay un quinto que gastar, y allí radica su capacidad de poner ojos de borrego a medio morir cuando le piden afloje la lana para esto, aquello y lo de más allá, haciendo creer a los que lo oyen quejarse lastimeramente que casi pone de su bolsa para completar el gasto del dispendioso gobierno, del cual él es el único que se amarra el cinturón y que predica con el ejemplo. Porque firmar cheques es fácil… que todos sean cobrables en el banco, ah eso sí que son palabras mayores, casi en el nivel de lo milagroso. Un secretario de finanzas debe parecer lo suficientemente honrado como para que los bancos le sigan prestando al gobierno, haciendo dudar a los gerentes y ejecutivos de cuenta, si su sospecha de que jamás verán su dinero de regreso son, en este único caso, falsas… resultando que eran ciertas, pues estamos hablando de un sistema, y el sistema político mexicano vive de prestado, pese a venderse como el férreo recaudador y riguroso administrador, no hay lana que le alcance.

En torno a las cuestiones de la deuda pública, de veras que se necesita desarrollar una retórica que sea lo suficientemente enredada como para que nadie alcance a comprender qué es lo que realmente les está diciendo el funcionario que controla las finanzas estatales. Se requiere de veras, cara dura para explicarle a un pueblo, a un público que más o menos entiende, a la oposición política, a periodistas y académicos, el cómo o por qué un gobierno pide prestado en una primera instancia, el cómo o el por qué requiere de liquidez, o más bien las razones porque debiendo tenerla, carece de ella, y lo más importante de todo, el por qué y el cómo es que un gobierno que se supone que se apega a cuenta ley, norma, reglamento, reglas de operación y demás se le imponen, es incapaz de hacer frente a sus compromisos financieros, y cae en renegociaciones.

Acá, a ras de pueblo cualquier peladito sabe que pide prestado el que no tiene dinero, esa es la primerísima lección de finanzas que nos ofrece la vida a punta de cachetadas; la segunda es que paga lo que debe el que tiene dinero, y el que no, se hace rosca, y por rosca entienda cuanto subterfugio, chanchullo, marrullería o renegociación pueda haber en el manual, más los que el funcionario pueda inventar, y que pasarán entre aplausos a la historia con su nombre.

Que tampoco suelen ser ningunos genios, quienes pasan por las secretarías de finanzas y aun  por la secretaría de Hacienda se apegan al guion que les dejan escrito, y con eso creen que se ganaron sus salarios. Hemos oído hasta el cansancio que la renegociación es para buscar las mejores condiciones, la reducción de intereses, para darle al gobierno “capacidad de maniobra”, y sandeces por el estilo, mentira, todo es mentira, se busca renegociar porque no hay dinero para pagar, y si el poco que hay lo usan para eso, resultará que no habrá dinero para darse vida de pachá, tronándose rupias contra dracmas, y dándole a la sociedad algunas migajas en forma de obras públicas, para que veamos que hay trabajo, que hay modernidad, y por supuesto que hay que votar por el partido de ellos, para que sigamos en la senda del desarrollo, que es el camino de más de lo mismo, cada vez más endeudados, por generaciones.

Pero jamás habíamos escuchado a un secretario de finanzas confesar lo único que un secretario de finanzas debe confesar: que toda renegociación donde hay quita de intereses implica un aumento en el número de años, con lo que al final, se terminará pagando no solo lo que generosamente nos quitaron, sino más, mucho más. Nadie, ninguno, ni bajo la presión más fuerte, había dado su brazo a torcer, pero el actual de Coahuila lo soltó ante cámaras y micrófonos en un dechado de candor nunca visto en el palacete de Castelar. Llámele bisoñez, llámele una nueva forma de gobernar… ah no eso es del sexenio pasado, llámele como quiera, pero si ahora cualquier coahuilense lerdo, que somos demasiados, sabe que aflojan la soga que tenemos en el pescuezo, solo para traerla amarrada por cinco, diez o más años adicionales, pues chico favor que le hace a su patrón del gobernador. Mucho nos divertíamos cuando a Lito Ramos lo traicionaban los nervios, emborucándose como nadie en cuentas de pesos y centavos, pero si lo poco que ha hablado el ya no tan flamante nuevo secretario de finanzas sigue por donde va, no vamos a saber si reír, llorar, o algo todavía peor.

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