El gris ocaso de la PGR

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Por: J. Alfredo Reyes Ramos

Uno de las etapas más constructivas de la Procuraduría General de la República (PGR), fue cuando don Emilio Portes Gil asumió su titularidad para convertirse en un verdadero abogado de la nación, en apoderado jurídico del Gobierno y dique de contención contra los excesos de poder de todo el andamiaje burocrático, excepto, claro está, del Presidente de la República, que sigue siendo el único que en este País está por encima de la PGR y de la ley, aunque se diga lo contrario.

Y usted pensará que es un anacronismo citar a Portes Gil en el contexto actual de la PGR, dirá que es una mala comparación de épocas, pero de eso se trata, de resaltar las enormes diferencias cualitativas entre una procuraduría en construcción y otra en plena decadencia y descomposición.

Y es que don Emilio Portes Gil, poco antes de ser procurador general había sido Presidente de la República y, además de eso, secretario de Gobernación, gobernador de Tamaulipas, presidente del PNR (abuelo del PRI) y miembro de una facción de poder que en ese tiempo encabezaba el jefe máximo de la Revolución, don Plutarco Elías Calles.

Y vaya que Portes Gil tenía un alto perfil para dirigir la PGR si tomamos en cuenta que antes de llegar a la procuraduría, don Emilio ya había resulto conflictos tan graves como la Guerra Cristera, cuyo acuerdo de pacificación firmó con el alto clero. Asimismo había sofocado la rebelión escobarista, un levantamiento militar convocado con el Plan de Hermosillo. También había solucionado con éxito la gran huelga estudiantil de 1929, otorgando la autonomía universitaria y, de igual forma, superó un conflicto político con el máximo dirigente obrero de este País, Luis N. Morones, el poderoso líder de la CROM.

No cabe duda que con tal perfil en la procuraduría la seguridad jurídica de este País estaba depositada en una gran institución, tanto así, que el Presidente delegaba en la PGR la elaboración de proyectos de ley, dada su certeza y confiabilidad.

Por el contrario, la imagen que hoy tenemos de la PGR es policial y represiva, como ariete de persecución política, de lucha contra el narco y la delincuencia organizada (su equivalente en USA, el “Attorney General”, poco tiene que ver con tales asuntos), y resulta muy preocupante que al frente de la PGR está hoy un encargado de tan bajo perfil, si lo comparamos con don Emilio, coincidiendo únicamente en que ambos son egresados de la Escuela Libre de Derecho y de estar relacionados con una mafia de poder, ya que don Emilio era parte del “Maximato” (verdaderos revolucionarios progresistas) y don Alberto Elías Beltrán lo es hoy del grupo Atlacomulco (neoliberales de ultraderecha y del Yunque).

Grandes procuradores generales fueron Portes Gil, José Aguilar y Maya, Francisco González de la Vega, Fernando López Arias, Antonio Rocha Cordero y don Sergio García Ramírez. Después de ellos llegaron otros de corte policial, los de poderosas cofradías y de militancias partidistas.

Hoy tenemos que en el gris ocaso de la PGR está de imaginaria la presencia de un Elías diferente, un encargado cuya remoción se ventila en el Senado de la República. Un peón de brega de ese grupo de “abogánsters” que proviene del Edomex. Una mafia peligrosa por la urgencia que tiene de una ratificación o la creación de una fiscalía general afín y tras-sexenal. De concretarse, esa fiscalía sería como las creadas en Coahuila; inútil, a modo, viciada de origen y totalmente capada.

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