Kiki Cuyler… Fuera de Serie

Aquellos Tiempos.-

Por: Miguel Ángel Genis Guzman.-

kiki

En la historia de todos los deportes existen, atletas talentosos cuyos nombres no han sido repetidos por las nuevas generaciones y parecen condenados al olvido, sin embargo, sus hazañas son dignas de recordarse y tomarlos como ejemplo de hombres que supieron triunfar en su tiempo. Pasando por sobre otros, en ocasiones más populares que ellos, pero menos grandiosos.

Tal es el caso de Kiki Cuyler excelente jardinero de la década de los 20´y principios de los treinta que llegó en cuatro ocasiones a la serie mundial: primero con los Piratas de Pittsburgh en 1925 y 27 y más tarde con los Cachorros de Chicago en 1929 y 32.

Quienes lo vieron jugar, sus compañeros de equipo los jugadores contrarios, cronistas deportivos y fanáticos  en general, lo consideraban un jugador fuera de serie para aquellos tiempos.

Fue un magnífico bateador, hábil como ninguno para cubrir los espacios y atrapar batazos que parecían inalcanzables, porque era un estudioso de los bateadores y a cada uno le jugaba en el lugar adecuado. Poseía un brazo potente y era muy respetado por los corredores que muchas veces pagaron el atrevimiento de querer alcanzar una base extra con sus toletazos o en jugadas de pisa y corre.

Además de estos atributos, Cuyler era muy rápido e inteligente para moverse en las bases, ya sea para realizar un robo o para Alcanzar una almohadilla más con sus batazos. Por todo ello, los fanáticos lo adoraban, especialmente los de Pittsburgh y Chicago que lo consideraron un pelotero casi perfecto.

Kiki Cuyler bateó 300 o más puntos de porcentaje durante 10 años de su exitosa carrera de 15 temporadas como jugador regular en las ligas mayores, en cuatro de esas campañas conectó sobre 350 puntos y cuando se retiró dejó un excelente promedio de 321 de por vida, también fue el máximo estafador de colchonetas del circuito en cuatro ocasiones.

En 1925, durante su primera serie mundial, Cuyler realizó una gran hazaña, tal vez la más importante de su carrera al conectar en la octava entrada del séptimo y último juego del Clásico de otoño un espectacular y decisivo doblete  con la casa llena contra el mejor lanzador de la década, el inmortal “Gran Tren” Walter Johnson, que esa tarde iba a buscar de su tercer triunfo sin derrota en la serie.

Johnson ya había hecho un magnífico trabajo en sus dos salidas anteriores y parecía invencible; ganó el juego inaugural cuatro carreras a una, admitiendo sólo cinco imparables y ponchando a 10 contrarios. Para el cuarto juego, el gran veterano de 37 años, pero con enorme potencia en su brazo, pintó en blanco a los Piratas y se anotó su segundo triunfo, en esta ocasión 4 carreras a cero.

“El Gran Tren era la carta fuerte de los Senadores para asegurar la victoria en el último juego de la serie, y todo parecía indicar que así sucedería al llegar a la octava entrada con ventaja de una carrera para Washington que a esa alturas ganaba 7-6

Pero las cosas se complicaron para el astro de los Senadores en el cierre de esa entrada y la casa se llenó de bucaneros que hicieron ponerse de pie a los casi 44 mil fanáticos que esa tarde llenaron el estadio y esperaban el triunfo de sus aguerridos Piratas.

El Estadio parecía caerse por el estruendoso ruido y prolongados aplausos con que los aficionados recibieron la aparición en el plato del talentoso Cuyler que ya había conectado un imparable al tremendo lanzador en el curso del partido y les había dado triunfo en el segundo juego con cuadrangular de dos carreras en la novena entrada para score final de tres a dos.

Aquello se volvió un manicomio cuando el pimentoso Kiki Cuyler disparó una tremenda línea para un limpio doblete que empujó al plato dos carreras, suficientes para que Pittsburgh ganara la serie mundial con anotación final de nueve carreras a siete, ya que los bucaneros agregaron otra anotación en ese mismo inning y Washington se fue en blanco en su último turno al bat.

En 1927 los Piratas volvieron a la serie mundial, ahora para enfrentarse a los poderosos Yanquis de Nueva York, que se dice, ese año tuvo el mejor equipo de su historia con Babe Ruth imponiendo récord de cuadrangulares con 60 palos y Lou Gehrig con 47 palos de cuatro esquinas y dejando nuevo récord de carreras producidas con 175 en la temporada.

Los neoyorkinos ganaron la serie cuatro juegos a cero y los piratas sintieron la ausencia del grandioso Cuyler que aunque estuvo en la banca no participó en ningún partido por encontrarse convaleciente de una lesión sufrida al final de la temporada.

Jugando ya para los cachorros  de Chicago, Kiki estuvo en la serie mundial de 1929 contra los Atléticos de Filadelfia, equipo que ganó el clásico cuatro juegos a uno. El único triunfo de Chicago fue en el tercer juego con anotación de tres carreras a una con imparable productor de dos carreras de Cuyler que bateó para 300 en la serie.

En 1932, Cuyler volvió a la serie mundial con los cachorros que cayeron nuevamente por limpia frente a los explosivos yanquis. En esa serie se jugó el histórico partido en que los 50 mil fanáticos y cronistas deportivos de aquellos tiempos que llenaron esa tarde el Wrigley Field de Chicago juraron y perjuraron que el grandioso Babe Ruth señaló con el bat por dos ocasiones en la quinta entrada del tercer juego, hacia donde conectaría uno de sus famosos bambinazos y lo cumplió cabalmente.

Cuyler nació el 30 de agosto de 1899 en Harrisville, EE.UU. y murió el 11 de febrero de 1950, en Ann Arbor ingresó al salón de la fama de beisbol en el año de 1968.

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