¿Crueldad innecesaria?; deja el IEC sin empleo a muchos políticos

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

coahuilita

Hace muchos años, aunque a lo mejor no tantos como para que ya nadie se acuerda de ello, en México los teóricos al servicio de la burocracia habían acuñado el terminajo “estado empleador”, como medida para justificar y explicarse a sí mismos ¿Cómo, en qué momento, porqué, el gobierno mexicano se había convertido en la principal fuente de empleo en el país?, era la época en la que la administración pública además de tener las nóminas más abultadas, la de profesores en servicio en el sistema educativo nacional, el ejército, las policías, y las hordas de burócratas de todas las dependencias oficiales, también era dueña de más de un centenar de paraestatales, y sí, ponga que había, como sigue habiendo la justificación de que Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad sean empresas de gobierno ¿pero Diesel Nacional, Fertilizantes Mexicanos, Aeronaves de México, Ferrocarriles Nacionales, la Renault, la Borward, las camisas Manchester?, como que era demasiado.

Y tanto, que cuando se pararon a ver el desenfreno aquel, había más mexicanos trabajando para alguna dependencia, empresa o filial del sector central o desconcentrado, que para las compañías estrictamente productivas, no por nada, era el sueño de todo buen mexicanito guadalupano, futbolero y priísta, conseguirse una plaza en el gobierno. Si era en el IMSS, el ISSSTE, en la SEP o en PEMEX, aquello era la gloria de una vida asegurada, que incluso podía heredar a sus descendientes, y bueno, el Olimpo al que muy pocos podían aspirar, Nacional Financiera, la Lotería Nacional… para unos pocos elegidísimos.

A lo mejor allí nació la sabia conseja de Cesar El Tlacuache Garizurieta, de que vivir fuera del presupuesto (público, obviamente) era vivir en el error. Y si bien esto que le platicamos luego se topó con un muro más sólido que el que Donald Trump quiere construir en la frontera con México, el de la necedad de los tecnócratas neoliberales de que el estado “debe ser esbelto”, de que sea la iniciativa privada la que provea el empleo a cambio no de un trabajo de escritorio o de cosas que generalmente le tocan al gobierno, sino de cosas que sean vendibles y se vendan. Claro, esta política la formularon y aplicaron altos funcionarios que sí tenían como su objetivo existencial seguir medrando de los presupuestos gubernamentales, pero de lo que se trataba era de que se quedaran los puros generales, sacudiéndose la pelusa de la tropa, que se fueran a trabajar de obreros, o de lo que encontraran, si encontraban.

Pero es allí donde probablemente podemos rastrear esa eterna ambición de tantos mexicanos de vivir del gobierno, o todavía mejor, de vivir de la política, que ni siquiera hace exigible rendir cuentas de lo que uno dijo que iba a hacer y no hizo, que el político se dedica casi única y exclusivamente a tratar de convencer de que la gente vote por él, y no es hasta que es electo para algo, que ahora sí hay que cumplir.

En este ir y venir de estrategias del humilde ciudadano mexicano para vivir de lo que menos esfuerzo demanda, o sea de la política y del trabajo en el gobierno, es que se puede inscribir la esquizofrénica actitud del Instituto Electoral de Coahuila, que en un momento dado abre la posibilidad de que personas, familias, cófrades y grupos, se inscriban como organizaciones y partidos políticos, en una maniobra antieconómica, antipolítica, antisocial, anti todo, una que nadie entendió, pero que lo dicho, hizo que a muchos les brillara el ojo de poder hacer realidad el sueño dorado de vivir del erario y no con un sueldito de burócrata, sino a lo grande, como solo la promoción de la democracia a la mexicana, lo puede hacer, todo para que a la vuelta de los meses, salga con que la mayoría de los que aspiraron a ser vividores del presupuesto, les salieran con que siempre no, que porque no cumplen los requisitos.

De por sí la maniobra había resultado inentendible. Si para algo sirven los procesos electorales, olvídese de la renovación de los poderes, de la fiesta de la democracia y tanta sandez que se dice al respecto, es para limpiar las boletas de la elección siguiente, de toda aquella runfla de haraganes antipáticos que no logran mover un dedo para conseguir el mínimo de sufragios que les permita conservar el registro y seguir pegados a la ubre presupuestal mediante la entrega de prebendas, que con la lógica de la democracia nacastoche, a más votos conseguidos más dinero entregado para su uso y abuso. Al bajar el número exigido para obtener el registro, de un de por sí laxo 1.5% a un risible 0.26, se volvieron locos, muchos que nunca habían tenido una franquicia política, y otros que la habían perdido.

Para no pocos analistas de lo que se trataba era de enrarecer el ambiente político de manera que las siguientes elecciones fueran un laberinto de opciones de la que solo pudiera salir beneficiado el partido en el poder, al atomizar la oposición en múltiples opciones, imposible de que lograran nada por sí solas y ni siquiera en alianzas. El costo económico era menor que el riesgo de perder el poder, hasta allí todo más o menos lógico, más burros para la misma cantidad de olotes, pero entendible, entonces ¿para qué darle para atrás?

¿Será que la estrategia de viciar y contaminar el proceso electoral dejó de ser útil?, ¿será que dejó de parecer conveniente darle empleo y cobijo a los enemigos?, ¿será que ven que todo ya está perdido y mejor concentrar acá lo que habría de otra manera que repartir?, decíamos que parecía una estrategia esquizofrénica, pero más nos parece una locura hasta peligrosa para el régimen, al cual el IEC se mantiene unido por el cordón umbilical del presupuesto público y otras líneas menos confesables.

Pero así como en aquellos años en que el estado decidió y cumplió con dejar de ser el principal empleador del país, así el IEC deja a demasiados políticos hoy colgados de la brocha, con las aspiraciones de vivir de gorra hechas pedazos, con las ilusiones rotas, viéndose obligados a trabajar como el resto de los mortales, siendo la pregunta importante que responder ¿y quien sale ganando con estos vaivenes de la esquizoide autoridad electoral en el estado?

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