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Codehueco: como el Tío Lolo… La ineficiencia de Diez de Urdanivia

Del informe de Díez de Urdanivia, 208 recomendaciones emitidas a corporaciones policíacas, de ellas 16 han sido cumplidas… ¿Qué es eso, el 7%, bueno el 7.6% que no sube a 8%?, con ese grado de eficiencia a cualquier empresa y a muchas oficinas de gobierno, hace mucho les hubieran puesto un candado en la puerta por fuera

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

diez

Hay de informes a informes. Bueno, en esta republicana, democrática y supuestamente representativa hipocresía en la que vivimos, eso de informar es obligatorio, la constitución general de la República establece eso, que el gobernante, sea del nivel que sea, desde el que despacha allá en el inexpugnable Olimpo de Los Pinos hasta el más modesto jefe de departamentillo o de oficina, pasando por todas las dependencias descentralizadas, órganos desconcentrados, empresas paraestatales, paramunicipales, y demás, todos deben rendirle un informe a sus gobernados, para que estos estén enterados de todo lo hecho en su beneficio… así como todo lo que está pendiente, y de pasada, leyendo entre las líneas de los pretextos que acompañan todo discurso, todo lo que de plano no se va a hacer.

Informes eran aquellos, presidenciales en que todo era miel sobre hojuelas, donde la cereza del pastel la constituía el anuncio del aumento salarial para la burocracia, donde parte de la contabilidad hecha por los aduladores y medios de comunicación del número de veces que el informante era interrumpido por los aplausos, la duración total sumada de ellos, cuantas habían sido ovaciones de pie, si lo único que faltaba era que alguien llevara un aparato para medir los decibelios de los aplausos, bravos y demás ruidos lambiscones, no me crea, pero de allí ha de provenir el término “aplausómetro”, utilizado luego por la clase y el sistema político para determinar el grado de aprobación, y más que eso, el poder relativo de un equis personaje respecto de sus envidiosos competidores.

Los informes eran el summum del histrionismo de un sistema político basado en el engaño, la mentira y como maquillarlos ante el pueblo que los escuchaba, como si fueran lo contrario de lo que estaban diciendo. El colmo de la teatralidad fue aquel último informe de José López Portillo, que durante varias semanas previas, de plano se dijo que se iba a suspender, de tan pésima situación que guardaba la economía del país, luego de saqueos, devaluaciones, corrupción rampante de presidente para arriba y de presidente para abajo. Lo impensable, lo nunca visto, lo jamás imaginado: un presidente de la República se puso a llorar… delante de toda la nación al histrión número uno, se le saltaron las lágrimas, le moqueó la nariz, se puso todo colorado, afortunadamente su ayudante militar traía klenex para que se limpiara, si no la honra, al menos el “ángel face” que se le había corrido todito. Ese fue el último de los grandes informes.

Años después, y ya perdido el respeto a la investidura, a la persona y al recinto, un diputado perredista se plantó con máscara de marrano debajo de otro ídem que rendía su informe de gobierno, Ernesto Zedillo Ponce de León. La toma de las cámaras fue cerrada, fue hasta el día siguiente que México entero se enteró para su regocijo de lo ocurrido, y ya de allí, lo que diga es bueno, o malo.

Si ha llegado uno a pensar en que lo mejor sería suspender los informes, ya ve como le han sacado la vuelta últimamente, mandan a un personero, normalmente el secretario de gobernación o su equivalente en instancias más bajas… bueno, usted entiende lo de bajas, para entregarlo al Congreso o cabildo donde acechan los acérrimos enemigos del régimen con ganas de pegarle de tarascadas al jefazo. Cumplido el trámite, ahora sí, a informar como en los viejos tiempos, a los puros cuates, que tienen la consigna de aplaudir a rabiar, hasta que se les pongan moradas las manos, so pena de correrlos o cancelarles las prebendas.

Y bueno, todo este largo rollo es porque el presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Coahuila, el doctor en derecho Javier Díaz de Urdanivia, en cumplimiento de lo que le obligan todas las leyes de este país, se presentó a rendir su quinto informe de gestión, al frente de un organismo que sirve para puras vergüenzas acá en nuestro montón de arena, al igual que el federal y los de todos los estados de la federación. Lo que dijo, en síntesis quien fuera poderoso presidente del tribunal superior de justicia de Coahuila en tiempos de Rogelio Montemayor, director jurídico de PEMEX y quien sabe cuántas cosas más, es que nadie le hace caso, no solo a él… sino a la Comisión que encabeza, y a la que sus amistades en el sistema político, su influencia, vamos, su pericia como jurista, deberían de servirle para obtener mejores resultados que los que vergonzosamente se ve obligado a reportar.

Vamos entendiéndonos, lo de los derechos humanos fue un invento de Carlos Salinas de Gortari, que con eso quería taparle el ojo al macho, quedar bien con los países de la OCDE y de la Organización Mundial de Comercio, de que México no solo era el gran país para hacer negocios, también era plenamente respetuoso de los derechos de sus ciudadanos, tratando con eso de contradecir lo que decían los informes de la ONU, de Amnistía Internacional, de Human Rights Watch, entre otros organismos, de que en nuestro país privaba la represión más inmisericorde por parte del gobierno, y tanto, que había que crear una instancia para defender al pueblo de sus gobernantes.

Sí, pero desde el principio, y en algo que ningún gobernante posterior se ha ocupado de corregir, las comisiones de derechos humanos no tienen dientes… en una manera poco elegante pero directa de decir que jamás se les concedió el poder para sancionar a los infractores, de cesar, de suspenderles el salario, de abrirles proceso judicial o siquiera administrativo, y finalmente de encerrarlos, no son antes reparar el perjuicio causado al ciudadano.

También que quede claro, y esto no fue una intención sino un producto. Con la creación de las comisiones de derechos humanos se logró hacer visible la gran trama de complicidades, ocultamientos, mafias, que brincan de una dependencia a otra del gobierno. Sí, porque pudo ser un tecolote esquinero el que molestara a un ciudadano, pero para lograr el castigo para este mal servidor público la persona tuvo que recorrer dos, tres, cinco instancias de dos o más poderes, todo para que en ninguno le hicieran el mínimo caso, siendo la última esperanza la comisión estatal o nacional de derechos humanos, que ponga que sí, le abran expediente, citen a las partes, emitan una recomendación… y no pase absolutamente nada.

Del informe de Diaz de Urdanivia, 208 recomendaciones emitidas a corporaciones policíacas, de ellas 16 han sido cumplidas… ¿Qué es eso, el 7%, bueno el 7.6% que no sube a 8%?, con ese grado de eficiencia a cualquier empresa y a muchas oficinas de gobierno, hace mucho les hubieran puesto un candado en la puerta por fuera, luego de ponerlos a todos en la calle y sin indemnización porque caray, ¡qué vergüenza de números!

Sí, recibieron siete mil quejas, integraron cerca de quinientas recomendaciones, de a cien por año, una cada tres  o cuatro días, con lo que queda claro es que sirven para que la gente acuda a la comisión a desahogarse de los abusos del gobierno, pero salvo el consuelo que les den allí mismo y la venganza pírrica de que le “emitieron una recomendación” al que los trató mal,  no ocurre nada más. La pregunta obligada es ¿Cuánto nos cuesta esta, la caja de klenex más cara que pudiéramos haber comprado?, demasiado, y mientras, todo el mundo a seguir haciéndose como el Tío Lolo.

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