El caos en Parras culpa de Gabriela de León por vender la alcaldía a Evaristo

IEC, traición a la democracia.-

Por: Alfredo Reyes Ramos.-

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Van a acusar a este columnista de violencia política de género cuando lo único que hace es buscar la equidad. ¿Por qué Caín, Herodes, Judas, Anás, Caifás, Barrabás y demás villanos de la religión tienen que ser masculinos? Pues claro que también hay entidades femeninas que son mucho peor que Judas, como esa mujer trapacera del Instituto Electoral de Coahuila (IEC), la que ya se prepara para entregar a Parras al Pilatos Verde Ecologista de México, a cambio de las 30 monedas de la traición.

Y como ya sabemos que Parras pertenece al cacique señalado de narcotraficante, Evaristo Madero Marcos, con la anuencia de los priístas más sumisos de México (¿Verdad Ovalado?), pues entonces hay que poner a la entrada de las oficinas de doña Gabriela de León el siguiente letrero a modo de advertencia: “Por mí se va a la ciudad del sexo en vivo, del vicio y la prostitución; por mí se va al municipio del desahucio, las tinieblas, la basura y la corrupción; por mí se va a la raza condenada al desempleo y la marginación. ¡Vosotros los de Parras, abandonad toda esperanza!”.

Y con esa advertencia dantesca describimos todo el caos propiciado por Gabriela, sin que sea necesario descender al inframundo, porque aquí hay infiernos a donde la cancerbera electoral es capaz de trasladarnos sin bajar al Orco un diario escalón, por ejemplo, al cacicazgo de Parras, al que nos ha llevado Gabriela de León a través de su parcialidad y la simulación democrática.

Asimismo, hay que reconocer que para el zelote de Judea es una gran ofensa compararlo con la burócrata del IEC. Y es que Judas Iscariote no es cualquier simulador electoral, ni apóstata de la verdadera calidad ciudadana, mucho menos traidor de la democracia sino parte de un plan de redención basado en el sacrificio de Cristo, donde Judas cumplió su ingrato destino profetizado, para luego convertirse en receptáculo de un odio vigente hasta el día del juicio final.

En cambio, hay que decir que el pueblo ni siquiera siente odio por Gabriela de León y sus compinches de ese moderno Sanedrín llamado IEC, sino un profundo desprecio por ser pequeños judas de la democracia que, para colmo de males, ni siquiera saben colgarse porque cada quincena cobran religiosamente los 30 dineros de sus traiciones (120 millones para sueldos este año en el IEC) motivo por el cual, los antiguos zelotes de Judea odiaban a fariseos y saduceos, por su desmedido amor al dinero, muy por encima de su lealtad a su patria y nación.

Porque cierto es que Judas no se quedó con el dinero de la traición, ya que al ver que Jesús era condenado, regresó arrepentido las 30 monedas diciendo: “Yo he pecado entregando a sangre inocente, ¡perdónale, oh, Caifás! Y arrojando las monedas salió del templo y se ahorcó” (Mateo 27:3-5).

Y que conste que Judas no es el anticristo sino el eslabón profetizado que hizo posible que se cumpliera lo escrito respecto a nuestra redención. Por el contrario, la consejera del IEC sigue traicionando a la democracia sin devolver las treinta monedas de su prodición. Y aunque todos aseguran que doña Gabriela sí se va a colgar, lo único cierto es que lo hará de la muy generosa nómina electoral (120 millones). Mientras tanto, el suscrito se disculpa humildemente con el zelote de Judea por haberlo comparado con la presidenta del IEC y por tomar su figura en la Pasión como una analogía para ilustrar la artera traición a la democracia orquestada por el IEC. Vale.

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