Bravos Campeón… Se hizo Justicia

Aquellos Tiempos.-

Por Miguel Ángel Genis Guzmán.-

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Cuando el jardinero central de los Bravos de Atlanta, Marquis Grisson atrapó el elevado salido del bat del boricua Carlos Baerga, segunda base de los Indios de Cleveland para consumar el último out del sexto juego de la serie mundial de beisbol de 1995 para que su equipo conquistara por primera vez el clásico de otoño, el Fulton County Stadium, escenario del juego, se convirtió en manicomio y más de 50 mil aficionados aclamaron a sus ídolos después de una larga espera de treinta años.

Por más de una hora, los fanáticos permanecieron dentro del majestuoso parque la pelota aplaudieron a los héroes de esa serie mundial y antes de retirarse a las tabernas a festejar y a los centros habituales de reunión, miles de ellos pasaron frente a la estatura del inmortal “Durazno de Georgia” Ty Cobb, que se encuentra en la explanada del estadio. Ellos podrían jurar que el más grandioso jugador del primer cuarto del siglo pasado y para muchos, el más talentoso de todos los tiempos mostraba una enorme sonrisa de triunfo por la victoria de los Bravos.

Como se sabe, Cobb, jardinero central de los Tigres de Detroit a principio de siglo, es el pelotero que tiene más alto porcentaje de bateo de por vida con 367 puntos, 12 títulos de bateo, el primero de ellos cuando apenas tenía 20 años de edad y con tres temporadas conectando arriba de 400 (su más alta en 1911 con 420). Se estafó 892 colchonetas durante los 24 años de su brillante carrera y las 96 bases robadas en 1915 permanecieron como un gran récord durante casi 50 años.

Este grandioso jugador, nació en 1886 en el pequeño poblado de Narrows, Banks County del estado de Georgia y jugó con los Tigres de Detroit, porque en aquellos tiempos, su entidad natal no tenía ni un equipo de beisbol de la liga mayor, pero él con mucho orgullo solía decir a quien le preguntaba que era originario de este estado del sureste americano.

Los habitantes de Atlanta, progresista población de Georgia, que crece a pasos agigantados, nunca antes había saboreado el triunfo de un título de primer nivel en ninguno de los deportes fueron los Bravos, en lo que es llamado “El pasatiempo americano” y “Rey de los Deportes” quienes le dieron este año tan ansioso galardón que dio lugar a una prolongada celebración como pocas veces se ha visto en ciudad alguna de la Unión Americana.

La ciudad de Atlanta  prepara para recibir a los mejores atletas del orbe en 1996 como sede de los Juegos Olímpicos y no pudo haber recibido mejor regalo que un título absoluto e indiscutible de campeones del mundo del beisbol.

Nunca como en esta ocasión podría ser aplicada con mayor propiedad la expresión de se hizo justicia. Veamos por qué.

Tom Glavine, un excelente serpentinero que desde hacía siete años venía siendo un sólido sostén del cuerpo de lanzadores de los Bravos de Atlanta, cuando el equipo luchaba más por no irse al último lugar que aparecer en la primera división de la tabla, ese año obtuvo dos triunfos en la serie mundial y el título de jugador más valioso del clásico.

Años después de la llegada de Glavine se agregaron al equipo otros estrellas que convirtieron la escuadra de Atlanta en un team ganador, entre ellos Greg Maddux, David Justice. John Smoltz, Fred McGriff y Jeff Blauser, se fortaleció el conjunto tanto en bateo como en pitcheo y se convirtió en el equipo sensación de la década de los noventa.

No obstante en 1990 Tom tuvo números de tan sólo 10 triunfos a cambio de 12 derrotas, para el siguiente año se adjudicó la presea Cy Young que se otorga al mejor serpentinero de la liga, ellos gracias a sus juegos ganados y 11 perdidos. Por tres años seguidos alcanzó 20 o más victorias, acumulando un total de 91 triunfos en los últimos cinco años, que lo convirtieron en el serpentinero más ganador del primer lustro de la última década del siglo XX. Maddux el superestrella del mismo club ganó un partido menos en los primeros cinco años de los Noventa.

Pero la justicia llegó en este clásico de otoño para Glavine, porque fue un cuadrangular de su compañero de equipo, el jardinero derecho David Justice, David Justicia o el justiciero David” en la parte alta de la sexta entrada, la única anotación del sexto y último juego con que los Bravos se coronaron en el Fulton County de Atlanta el sábado 28 de octubre en la ciudad de Atlanta.

En honor a la verdad, se hizo justicia para Glavine, para Justice, para Maddux para Lemke para el manager Cox y también para los entusiastas fanáticos de Atlanta que con este triunfo podrán decir el próximo año a los miles de visitantes que asistan a las Olimpiadas: “Bienvenidos a la ciudad de los campeones de beisbol del mundo”. También se hizo justicia para una organización beisbolera fiel a su asado, que con el nombre de Bravos, es la única en el beisbol de las grandes ligas que ha ganado una serie mundial para tres ciudades diferentes en su largo peregrinar. Primerom para Boston en 1914, Más tarde en Milwaukee en 1957 y ahora en 1995 para Atlanta. Todo un señor Récord.

Esperamos ahora el próximo año en el que tal vez nuestro paisano, el sensacional oaxaqueño Vinicio Castilla o quizá otros peloteros mexicanos nos entusiasmen al aparecer en el clásico de otoño, el sueño dorado de todo jugador del beisbol.

 

 

 

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