Plata buena a la mala

“…la Auditoría Superior del Estado es una de las dependencias descentralizadas más caras de toda la administración pública, y por su nivel de efectividad y rendimiento, podría perfectamente correrse al titular…”

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

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México, allí donde lo vemos, lo queremos o lo soportamos, dependiendo de la capacidad de aguante del hígado de cada quien, aparece siempre hasta arriba en dos indicadores que pueden ser considerados como los más vergonzosos del mundo, o lo considerarían así naciones que tuvieran eso, vergüenza, porque aquellos que como el nuestro carecen de ella, pues nos hace lo que el proverbial viento a la proverbial estatua de Don Benito Juárez. Los dos indicadores de la ignominia son el de impunidad y el de corrupción, que puestos así uno al lado de otro, nos dan idea de que están íntimamente relacionados, pues para que haya impunidad tiene que haber mucho de corrupción en los organismos encargados de aplicar las leyes.

Saltillo amaneció el fin de semana con una nota aparecida en los medios impresos de comunicación y sus versiones electrónicas, el sempiterno titular de la Auditoría Superior del Estado Armando Plata Sandoval nos recetó un vomitivo de esos que nos deberían hacer no asomar la cabeza durante semanas, por lo menos hasta que se nos pase la vergüenza o se nos olvide. Resulta que según el auditor, en nuestro estado se tiene un escandaloso grado de impunidad en los delitos de su competencia, vale decir, los relacionados con el uso de los recursos económicos por parte de los diversos poderes e instancias de gobierno, del 98%.

No de balde en uno de sus más resonantes discursos, al enterarse de que le habían según él robado la elección presidencial del año 2006, Andrés Manuel López Obrador lanzó la frase que casi le causa un infarto al sistema político mexicano: “al Diablo las instituciones”, claro él se refería a las encargadas de contar los sufragios, pero para el caso del que le venimos platicando, la ineficacia en las observaciones que hace la Auditoría Superior del Estado, nos vendría al puro pelo esa lapidaria expresión lopezobradorista: al diablo con las instituciones a las que los procedimientos contables y de auditoría no les quitan el sueño, no los llevan a enfrentar sus responsabilidades, no los obligan a restituir el daño ocasionado al erario y por extensión al pueblo de Coahuila, ni los hacen dar con su osamenta en prisión a ver si así se les quitan las mañas, pero la citada expresión podría aplicarse también a la propia Auditoría Superior del Estado, pues no pasa de ser un títere del que todo el mundo se burla.

Que a lo mejor estamos exagerando y esto es por el enojo que nos causa esta declaración de Plata Sandoval, después de todo, tiene la dependencia a su eterno cargo el doble de eficacia que las procuradurías de justicia hoy convertidas en fiscalías, que las contralorías devenidas en auditorías, las inferiores transformadas en superiores, que son las que presentan según las contabilidades del caso, el 99% de impunidad en los casos que les llegan a caer entre manos, al menos la Auditoría Superior del Estado de Coahuila ha logrado remontar ese vergonzante indicador al 98%, con lo que los coahuilenses pueden darse de santos de que viven en el estado donde saquean menos los gobernantes las arcas públicas…

Pero bueno, esto de las contralorías, las auditorías, las temibles contabilidades gubernamentales que asustan con el petate del muerto a los funcionarios de medio pelo y burócratas que ni a funcionarios llegan, en el fondo no son más que parte del mismo mecanismo seguido por el estado mexicano para entenderse, o mejor dicho, hacer como que se entiende de los graves problemas que le aquejan, y que no son más que costosas y engoladas entidades públicas creadas para como se dice coloquialmente “taparle el ojo al macho”.

Para no irnos demasiado lejos: en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari se creó la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y sus sucursales en cada entidad federativa. No hace mucho en este mismo democrático espacio rabiábamos amargamente del informe que acababa de rendir Javier Díaz de Urdanivia, en el que hablaba de una eficiencia del 7% en el trabajo de la Comisión Estatal de lo mismo, el otro 93% correspondía a denuncias, señalamientos, recomendaciones de los que los involucrados olímpicamente se pitorreaban. ¿de qué se trataba todo este asunto de los derechos humanos?, de algo tan simple como que las oficinas de gobierno no cumplen con sus funciones hacia los ciudadanos, o abusan de su poder contra ellos. Si los empleados de gobierno hicieran su trabajo como se espera de ellos y como se les paga, no habría quejas, mucho menos nada que se considerara violatorio de los derechos universales de los ciudadanos.

Pero este tampoco es el único caso, también está el Instituto Nacional de Acceso a la Información, con sus respectivos espejos en cada estado, igual, se inventó esto porque las dependencias de gobierno no le quieren informar a la población aquello que le interesa saber. O se hacen locos, o dicen que no existe,  se la quieren vender a miles de pesos las copias o que la busque en una bodega infestada de ratas, y eso que en la Constitución está plasmado el derecho de petición.

Regresando a lo de Armando Plata, la Auditoría Superior del Estado es una de las dependencias descentralizadas más caras de toda la administración pública, y por su nivel de efectividad y rendimiento, podría perfectamente correrse al titular, a todos sus colaboradores, ponerle un candado al edificio por fuera, o mejor aún, rentárselo a una universidad pato.

El dineral que se gasta en hacer, bueno dejémoslo en intentar que hagan su trabajo las oficinas públicas no es más que el proverbial ponerle dinero bueno al malo. Aunque suene feo, le vamos a robar la frase a Andrés Manuel, esperando que no esté patentada y nos cobre regalías: al diablo con estas instituciones que nos tienen convertidos en el reino de la impunidad y de la corrupción.

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