Comunicaciones de campaña

BAILE Y COCHINO.-

Por Horacio Cárdenas.-

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Vino José Antonio Meade y se fue, como parte de su periplo por todo el territorio mexicano, cuando menos las partes del mismo donde hay suficientes potenciales electores como para que valga la pena tocar base, estuvo el candidato presidencial del Partido Revolucionario Institucional y demás rémoras, por Saltillo, Monclova, Ramos Arizpe y Arteaga.

¿Sus propuestas de campaña?, pues esencialmente las mismas que se le han venido oyendo al aspirante que se dice ciudadano, preparado y honesto, pero tras las cuales se aprecia la apuesta del sistema y los partidos que lo postulan por el continuismo. La novedad, que no lo es tanto, después de todo para eso existe en los partidos, sobre todo en el PRI el aparato para hacer que, o parezca que el candidato tiene amplio y profundo conocimiento de la realidad local, que para sitios como Coahuila, o para el caso cualquier ciudad, pueblo, ejido o ranchería más allá de Cuautitlán, nos suenan como miel, de tan abandonados como siempre nos sentimos que estamos.

Y respecto de los problemas locales, es de llamar la atención que José Antonio Meade concediera la mayor importancia a las comunicaciones carreteras, lo cual es ante todo el reconocimiento de la responsabilidad de la federación para emprender obras que por los montos que implica realizarlas, escapan a la capacidad del estado de Coahuila de llevarlas a cabo. Que además, es necesario tener en consideración que la mayoría de las vías de las que habló el candidato al que los priístas han hecho suyo, no son una necesidad estrictamente local para los coahuilenses de movilizarse de un punto a otro, sino de tránsito entre la frontera y el centro o entre la costa del Pacífico y la frontera, vías que vale decir, tienen muy poco de primermundista y sí mucho de dejadez, luego de sexenios en los que México ha presumido de su habilidad para colocarse entre los países económicamente más poderosos… en donde menos se invierte en infraestructura para el traslado de mercancías, ni por ferrocarril, que ahora es privado, ni por carreteras, que son responsabilidad del gobierno.

Qué bueno que Meade hable de ese tema, del cual los coahuileños y saltilleros estamos más que permanentemente conscientes cada vez que ocurre un accidente en el tramo Los Chorros de la carretera federal 57, que es un día sí, y al siguiente casi seguro que también. Donde ya no nos convence tanto su propuesta, o más bien nada, es en la necedad de seguir echándole dinero bueno al malísimo, quesque van a ampliar la carretera, que van a rectificar las curvas… nada más falta decir que quieren allanar las montañas de la Sierra Madre para reducir las pendientes, lo cual al final de cuentas es el origen del problema. ¿No existe en el cuarto de estrategia del cuartel general del PRI nacional o en la casa de campaña, un análisis de lo que debe el candidato decir y lo que el candidato debe de guardarse?, sí, porque en el caso de la carretera 57, lo que importaría es hacer más amplia la carretera que conecta Guachichil con el entronque a Derramadero, por lo demás llegada natural desde el centro del país a Saltillo, y no por Arteaga, que si se trazó así fue por la conveniencia de un político del cual casi estamos seguros que era de filiación priísta, que fue gobernador, y que metió mano en el proyecto para que la carretera que se estaba construyendo pasara por sus terrenos, que si no hubiera sido así, Arteaga seguiría siendo la Suiza mexicana, anclada en la época en que fue refugio de los desertores del Batallón de San Patricio.

Pues bien, tacha con lo de la carretera 57, en la que se han invertido millones y más millones, y que no ha redituado en ser más segura de lo que era hace cincuenta o más años, eso no va a jalar votos para el PRI. Pero también está lo de la propuesta de ampliar a 6 carriles la carretera libre Saltillo Monterrey, la cual esta sí, le sonó bonito a muchísima gente que va o viene a trabajar diariamente entre las dos capitales estatales, pero… más o menos por donde se le podría agregar un carril al cuerpo de ida y otro al de venida?, estamos hablando de una complejidad técnica y un costo extremadamente elevados. En algunos puntos habría que hacer el pretendido nuevo carril sobre lo que hoy es un barranco, mientras que en otros, habría que recortar miles de metros cúbicos de roca de la montaña. Baste recordar lo mal que les fue a los constructores y nos va a los usuarios de la carretera de cuota, que deja demasiado que desear en cuanto a comodidad, seguridad y efectividad de lo que se hizo. Suponiendo que Meade ganara la elección, todo el sexenio se nos antoja poco para acabar con la ampliación que prometió.

¿Y qué nos dice de la carretera 57 en el tramo entre Saltillo y Monclova?, la verdad de las cosas es que nos parece increíble que a estas alturas del milenio, la vía siga siendo de dos carriles, uno de ida y otro de venida. Que sí, es amplia en cuanto que los camiones y carros lentos van por el acotamiento y los más veloces los pasan sin problema, pero esa es una cuestión de cultura, no de cómo deberían ser las cosas. La última ampliación fue en el sexenio de Rogelio Montemayor, y de eso ya llovió y mucho. Que sí, con los problemas de inseguridad en la frontera tamaulipeca, esta carretera adquiere una importancia estratégica para el tránsito de personas y de mercancías, pero hasta no verla.

Lo mismo pasa con la que va de Saltillo a Zacatecas, más vergüenza nos da porque es de cuatro carriles en el tramo de la capital zacatecana hasta el límite con Coahuila, y de tristes dos de este hasta casi llegar a Saltillo. Hablábamos al principio de abandono, las comunicaciones carreteras en Coahuila han sido de lo más abandonado de parte de los gobiernos centrales por sexenios, pero no solo por el desapego que tienen los presidentes por nuestro estado, pues como dijimos también, los perjudicados son quienes tienen que pasar por territorio coahuilense de camino al centro, a la frontera norte o al Pacífico.

Que si gana Meade o no, de todos modos la infraestructura de comunicaciones en Coahuila debe ser una prioridad para los gobiernos, por más que ahorita nadie se acuerde del proyecto aquel de Ports to Plains, que hace un sexenio era la bandera con la que íbamos a entrar a paso veloz al primer mundo.

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