Las chivas de Higinio

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

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Aquí le va una pregunta difícil ¿Cuándo fue la última ocasión que un secretario de educación en el estado de Coahuila dio de qué hablar?, y como dicen las vedettes, no importa si hablan bien o mal, lo que importa es que hablen. La verdad es que no, rara vez los titulares de la secretaría de educación dan de qué hablar, sea por su carácter personal, por estar dedicados a resolver los problemas muy particulares de su área,  por preferir que el que brille es su patrón el gobernador, el caso es que por lo general, los titulares de una de las carteras más importantes y poderosas de la administración pública estatal, procuran pasar desapercibidos.

Recordamos algunas excepciones que vale la pena traer a primer plano para establecer la clase de temas que logran que un puesto, si no es que una función o una persona, se mantengan en recato. Está por ejemplo el caso de Jesús Ochoa Galindo, quien siendo secretario de educación en la administración de Rubén Moreira, olímpicamente le quitó a unas escuelas la patente de ser planteles de tiempo completo para transferir esa calidad a otra, con lo que muchos, bueno no tantos porque a pocos les importa esto, dijeron que a los alumnos que participaban en el programa que debería sacarlos de la mediocridad de los resultados del sistema educativo, los dejaron chiflando en la loma, todo porque sus profesores, renegando del apostolado que es enseñar sin cobrar extra, reclamaron más dinero.

Recordamos también a Óscar Pimentel, quien siendo secretario de educación en la administración de Rogelio Montemayor se metió en un berenjenal doble, el del programa de valores y el inglés en primarias, el primero de los cuales se esfumó con el final del sexenio, y el segundo todavía hace poco andaban causando lástimas los pocos profesores que se contrataron para integrarse a las escuelas piloto, pues nunca hubo recursos para generalizarlo ni a todos los grados, ni a todas las escuelas.

Mención aparte la de Humberto Moreira Valdés, a quien la titularidad de la secretaría de educación le sirvió para obtener primero la nominación del PRI a la presidencia municipal de Saltillo y luego la de candidato a gobernador de Coahuila. Pero de su paso por la dependencia, poco es lo que se puede recordar como crítico, que influyera para bien o para mal en sus proyectos posteriores. Si a esas vamos, también fue secretario de educación José María Fraustro Siller, antes de ser presidente del congreso y secretario de gobierno, pero al parecer la constante ha sido siempre la de, en una olla de grillos monumentalmente grande, hacer cuantos malabares sean necesarios para llevar la fiesta en paz, y de ser posible, de allí brincar para posiciones políticas todavía más importantes, cosa que otras dependencias no permiten en la misma medida.

Incluso vale la pena recordar que cuando se llegaban a presentar problemas, la secretaría de educación solía mandar personeros para que dieran la cara por la dependencia, ¿y porque no habría de ser así, si para eso tiene una de las nóminas más abultadas en el gobierno?, así, problemas espinosos como el de los embarazos en adolescentes, los de bullying, discriminación,  los de las escuelas patito, etc. por lo general eran atendidos por algún subsecretario o por el encargado del jurídico de la secretaría, donde más que resolverse… se sumía en el cieno de la burocracia.

Pero ahora que en la secretaría de educación el gobernador Miguel Ángel Riquelme Solís nombró a un relativamente advenedizo Higinio González Calderón, las cosas han estado tomando un color hasta ahora desconocido, incluyendo cuando el jefe era el siempre folclórico profe Humberto que cuidaba a todos los coahuilenses, ¿Cuándo un secretario de educación se había atrevido a criticar al gobierno federal, del que todo depende en un país tan centralista como el de México?, nunca. ¿Cuándo a un funcionario estatal se le iba a ocurrir sugerir, de la manera más discreta posible, que la Secretaría de Educación Pública o la Secretaría de Hacienda y Crédito Público hubiera podido incurrir, seguramente de manera involuntaria y casi por cuestiones del imponderable azar, un error en el cálculo de los impuestos que se les rebajan a los profesores en sus pagos quincenales?, jamás, y la cereza del pastel ¿Cuándo algún funcionario se hubiera atrevido a usar una expresión tan coloquialmente coahuilense como que “se le fueron las chivas” a una dependencia donde al menos durante este sexenio, todos los que han pasado por allí son tenidos por genios, por ellos mismos y sus aduladores?, impensable, y aunque aceptáramos sin conceder que los seres humanos comenten errores, a los gobiernícolas de altos vuelos, se les van los aviones… las chivas ni las conocen ni cuando se las sirven en tamales, ¿entonces como se les van a ir?

Lo peor del caso es que Higinio tiene razón, entre el SAT, Hacienda y la SEP se traen un enredo con lo de los impuestos asociados al trabajo, que ni ellos mismos dan bola con pie a la hora de calcularlos… los que les pagan a los empleados de gobierno, léase para el caso coahuilense los profesores del sistema educativo estatal, que a estas alturas todavía no acaba nadie de resolver lo de si son federalizados o estatales o lo que sea,  de lo que depende el trato fiscal que reciban de su patrón, el gobierno.

Pero lo de los errores no es ninguna novedad, lo que sí lo es, es que alguien que no tiene la culpa que le están achacando, diga con todas sus letras que la responsabilidad es del gobierno federal, que se tiene a sí mismo por todavía más infalible que el mismísimo papa de los católicos.

Llámele que Higinio quizá pasó demasiado tiempo lejos de la grilla a la mexicana, o que luego de tantos años como rector de una universidad ha perdido la paciencia con las tarugadas, independientemente del nivel que sean, o que a como están las cosas políticas, es el momento de dar un calambre a los ineptos sin que ocurran represalias, lo interesante es que un funcionario estatal prefiere transferir la culpa a quien la tiene, que enemistarse desde principios del sexenio con la gente con la que debe prestar un servicio a la población, del que tanto tiene este motivos de queja.

El caso de Higinio González Calderón importa porque de la Secretaría de Educación es mucho, mucho más lo que los ciudadanos debemos de saber, y que por su anterior alineamiento con la estructura del poder, la falta de protagonismo no personal sino de las cosas del trabajo, se lo tenían más que guardado. No hay que perder de vista lo que vaya saliendo de información de la Secretaría de Educación.

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