Lo verdaderamente mágico

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

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Desde hace mucho tiempo que en México se dividió a las regiones, a las ciudades y dentro de estas a los barrios y colonias en dos grandes clasificaciones: aquellos sitios que son para visitar, y aquellos otros que son para vivir.

Nadie podría explicar el cómo, el cuándo, por qué o el para qué, tampoco sería factible encontrar un punto de acuerdo en algún congreso local o en el de la Unión, como tampoco una disposición del poder ejecutivo en sus diversas manifestaciones y advocaciones, en forma de oficio, circular, orden, o lo que fuera. Simplemente por esas cosas del inconsciente o más bien de la flojera colectiva, se comenzó a hacer costumbre que ciertas zonas fueran bonitas y otras feas, a que algunas se les mantuviera con toda la mano, mientras que otras no merecieran ni siquiera de que alguien les lanzara un maullido para luego darles su manita de gato.

Algo, aunque no todo, tiene que ver, con que en determinados rumbos la gente tenga más dinero y su correspondiente poder adquisitivo, que en otros. Siguiendo la máxima de que el dinero, más que darle, le quita a las personas, sobre todo en materia de gusto, no siempre la gente con más capital y lo que este puede comprar, tiene mayor sensibilidad estética que aquellos dejados de la mano de Dios y de la de sus semejantes, por no hablar de las de los gobernantes, los representantes de aquel en la tierra, que son capaces de aun sin voltear a otro lado para no ver lo feo, actúan como si no existiera.

Aun sin saber, por no haber nunca puesto una pezuña allá, pero lo ve uno en las películas, hay países europeos enteros que parecen un sueño hecho realidad, una tarjeta postal les queda corta de tan bonito que se ve todo, las casas, los prados, los bosques, las montañas nevadas, hasta la gente es bonita, no se ve nada que desentone o le quite el encanto. Lo contrario de México, donde hasta las tarjetas postales, que parecen todas tomadas las fotos e impresas a mediados del siglo pasado, no hay una que no de muestra de dejadez, de pobreza no de medios sino de ingenio, de amor por lo que están haciendo y lo que están mostrando.

Si ve usted un paisaje suizo, por mencionar solo este país, no se ven los postes de teléfono, luz, cable, y quien sabe cuántas cosas viajan en estos días por los cables, por extensión, no se ve el típico y tan mexicano par de tenis colgado de las agujetas, que en nuestro país sabemos que durará hasta el día del juicio final o tal vez todavía después. En los paisajes de los cantones no se ve un carro yonkeado, unos perros sarnosos malnutridos, no se ve a la gente con caras de desesperación por la mala suerte que les tocó al nacer en naciones que sí, serán muy folclóricas y muy felices en los indicadores mundiales de felicidad, ah pero como son feas.

Recordamos que aquí mismo en Saltillo, ciudad de la que más de dos se vanaglorian de que es la más bonita no solo de este universo sino de esta dimensión espacio temporal, es difícil encontrar una calle donde no haya un lote baldío de décadas o siglos, una casa derruida que por generaciones sus herederos no han podido rescatar, por no hablar de los peltres con llantas que yacen abandonados en calles de las zonas más pobres y no tan pobres. Eso más el cablerío y postería que es imposible desvincular del paisaje urbano nacastoche, ese que tanto quieren embellecer con tres cubetas de pintura, unas farolas hechizas, mosaico chino en las banquetas, la capital de Coahuila y muchas de sus ciudades hace mucho que fueron abandonadas por las mismísimas autoridades de ser consideradas un sitio turístico, salvo para lo que luego inventaron que era el turismo de negocios, que es eso negocio pero no turismo.

Todavía recordamos que les dolió hasta eso que llaman alma, que le negaran a Saltillo y a las demás ciudades coahuilenses la inclusión en la ruta de ciudades coloniales. Por más brincos que dieron los ayuntamientos y el gobierno estatal de entonces, nomás nada, ninguna influencia ni presión, ni siquiera las amenazas valieron de nada. Ya luego sí, en una versión mucho más light, sí se incluyeron varios puntos de la geografía coahuilense en la ruta de la Independencia y de la Revolución, con eso medio se les quitó la muina del desprecio.

Tal vez por eso es por lo que tantas ganas le han puesto a lo de los pueblos mágicos… en efecto, Coahuila presume de ser el estado que más pueblos mágicos tiene, para lo cual cada vez que hay convocatoria, presentan la solicitud para que este o aquel poblado sea considerado. Hasta el momento ha funcionado, ya es cosa del gusto de cada quien el decidir si Parras, Arteaga, Candela y los demás realmente merecen el calificativo, si la gente que va de visita se regresa encantada… o mejor aún, si sus habitantes sienten que viven en el País de las Maravillas o en un sitio parecido. A ellos y a nosotros nos da la impresión que no.

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Ahora que se dio a conocer la  existencia de un programa, proyecto o lo que sea para reforzar la seguridad pública en los pueblos mágicos de Coahuila, a nosotros de inmediato nos surge la pregunta de ¿y porque ellos nada más? Sí, son seis pueblos mágicos, pero somos 38 municipios en Coahuila, donde como dice el boletín, también deseamos tener “una estancia tranquila y sin ningún sobresalto”

A eso es a lo que podemos llamar con todas sus letras discriminación, claro, que importante que los visitantes se lleven la mejor impresión de los pueblos mágicos, aunque sea falsa y prefabricada, más actuada que verdadera, pero ¿de qué privilegio gozan Cuatrociénegas, Guerrero, Candela y los otros, que los demás no merezcamos?, ¿Por qué esos pueblos se quiere que tengan  suficiente infraestructura hospitalaria, hotelera, de vías de comunicación y de convivencia tranquila, entre otros rubros, para el disfrute de sus momentos o días de descanso… y que al resto de los coahuilenses nos lleve el carambas?, si a esas vamos, vámonos cambiando todos al pueblo mágico que más cercano nos quede, que mientras que para ellos y sus habitantes hay programas específicos para quitar lo feo y embellecer lo bonito, a nosotros que nos lleve Pifas.

Claro, nadie quiere problemas cuando anda de vacaciones, pero el resto de nosotros no queremos problemas en nuestra vida cotidiana, el que el gobierno se deje de vaciladas de fin de semana para ocuparse de los problemas de todos, todos los días, eso sí que sería mágico.

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