Cuando el agua NO nos llega al cuello

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

agua9

Es lo malo de irse haciendo viejo en la talacha periodiquera, comienza uno a acordarse, y lo peor, a escribirlo, haciendo referencia a las cosas oídas, documentadas e impresas hace años o hace décadas, siendo lo verdaderamente triste y decepcionante tanto para quienes generaron la nota como para el reportero que la recogió, con la mayor esperanza de que algo se hiciera, que pese a todo lo que se diga, este México sigue siendo el país donde nunca pasa nada, o cuando menos, donde no pasa lo que debería de pasar.

Nos estamos refiriendo a las notas que han estado saliendo en los medios de comunicación impresos,  electrónicos y digitales, sobre el asunto de la escasez de agua en la Región Lagunera de Coahuila, y aquí permítanos el amargo comentario, solo para remachar lo que le estamos diciendo, la primera vez que tocamos esta cuestión en un periódico, ni siquiera había los últimos, los medios digitales, no había Facebook ni twitter, no había páginas web… vamos, no había internet siquiera, y con eso lo decimos todo: en las últimas tres décadas mientras que los medios de comunicación han avanzado apabullantemente, sobre los problemas que hoy se ventilan en los tradicionales y en los novedosos, no se ha hecho maldita la cosa.

Treinta años tiene que documentamos la primera nota en la que algunos expertos de la Universidad Nacional Autónoma de México y otros no menos de la Comisión Nacional del Agua, decían con todas sus letras que la Región Lagunera corría serios riesgos de quedarse sin agua, y para no ir más lejos, le ponían si no el día ni el mes, sí el año, siendo la única discrepancia que para unos era el año 2015, estos los pesimistas, y para los otros, los pesimistas, esto ocurriría en el año 2020, pero ambos coincidían en que lo que entonces ya se asomaba como algo incómodo para la población y riesgoso para las empresas, al cumplirse el plazo, sería un factor crítico para la estabilidad social y económica de lo que en el año de origen, todavía era el gran emporio coahuilense.

Sexenios hubo en lo federal y en lo estatal, trienios y cuatrienios se fueron en lo municipal, y así como que alguien diga que un gobernante se preocupó por la amenaza que pendía sobre los torreonenses y demás laguneros, pues no. No, no estamos diciendo que sean ignorantes o cínicos, al contrario, siempre los mexicanos dedicados a la grilla y los laguneros con el colmillo retorcidamente afilado que los caracteriza, siempre saben hacer uso de los temas que son políticamente correctos para ganar elecciones, de promesas y declaraciones, de pretendida preocupación, hay ejemplos de sobra, pero como le decimos, ni uno solo de ellos ha sido capaz de poner el presupuesto allí donde apuntó con su retórica, siempre de los siempres se atraviesa primero alguna otra necesidad productora de votos más acuciante que el asunto del agua, con el que la gente mal que peor, ha convivido toda su calurosa vida.

Torreón presume de ser una de las ciudades más jóvenes de Coahuila y en general del norte del país, pues bien, en algo más de un siglo se las ingeniaron cinco generaciones de sus habitantes para construir una ciudad a cual más próspera, al igual que para acabarse el agua que durante las primeras décadas los hizo ricos. Sí, en aquel erial, la estación del ferrocarril alrededor de la cual se asentaron los primeros torreonenses, tenía líquido suficiente como para emprender exitosos negocios agrícolas e industriales, después de todo, ¿Quién había necesitado esa agua los pasados cinco o seis millones de años?, y sí, como pasó con Paila, con Paredón y otros sitios de la geografía coahuilteca, al extraer el agua que científicamente llaman “fósil”, se acabaron en unas pocas decenas de años, lo que la naturaleza había almacenado allí durante miles y miles de años.

La verdad es que ese dato nos falta, ¿Cuándo se tuvo el primer indicio de que el agua de la Laguna contenía más arsénico y otras sales que son consistentes con la sobreexplotación de los mantos acuíferos?, habría que echarse un clavado… bueno no, no un clavado porque no hay agua, habría que rebuscar en los terrosos archivos médicos, historias clínicas y alguno que otro periódico avistado, de que allí había una nota que se tornaría cada vez más importante al paso de los años e ineludible a la vuelta del milenio. Pero esto es puro periodismo forense, lo relevante es que el problema y el trato escandalosamente irresponsable de no hacer nada para atenderlo, tiene más tiempo del que nadie quisiera aceptar.

El negocio agrícola en La Laguna ha ido perdiendo atractivo, el agua en vez de beneficiar a los cultivos como sería lógico, se ha tornado perjudicial, y como ha sido hasta el momento antieconómico crear sistemas de filtrado a gran escala, como para quitarle el arsénico, pues mejor lo han dejado por la paz. Sí, pero no es lo mismo cerrar y mudar un negocio que hacerlo con decenas de miles de familias, que no ven en el horizonte más que cada vez menos agua saliendo de las llaves, y la que sale es un riesgo para la salud, aunque esto procuran ignorarlo, pues siempre hay otras prioridades, y los daños al cuerpo se comienzan a manifestar en algún futuro, que cuando llegue, nos entendemos de él.

Ahora que el presidente municipal de Torreón se muestra tan preocupado por los agobios de sus gobernados… de sus prospectos de electores, bueno, de los habitantes de la polvorienta Perla de La Laguna, que hasta pipas les envía a las colonias para medio paliar la falta de agua que pudiendo y debiendo salir de las llaves conectadas a la red, nomás no lo hace, se nos ocurre que sería interesante que les dijera a los sedientos y acalorados torreonenses, y de pasada para dejarlo plasmado en los anales de lo que a nadie le importa: ¿y qué hizo Jorge Zermeño Infante para paliar el que, no le quepa duda a nadie, es el problema que pone en riesgo la viabilidad de Torreón como asentamiento humano en el corto plazo?, sí, porque Zermeño fue diputado local entre 1991 y 1994, coincidentemente, cuando ya había voces y plumas como las de este su tecleador de cabecera, de que el agua en La Laguna se estaba convirtiendo en un tema crítico. Pero luego fue presidente municipal entre 1997 y 1999, donde vivió en carne propia lo que es la sed de ser torreonense, bueno, es solo un decir, porque los ricos siempre pueden refrescarse en su alberca o volatilizar el agua en sus aparatos de aire lavado, era para que allí hubiera adquirido plena conciencia y convicción de atender, desde la trinchera que la política le franqueara, un problema que es el de la gente a la que va cada jueves y domingo a pedirle el sufragio.

Luego Zermeño fue diputado federal y senador, para aterrizar de regreso en Coahuila como alcalde. Ah, ¡tantas oportunidades desperdiciadas, aunque suene a lamento rencoroso, de llevar agüita a su molino!, a Torreón, pues.

A lo mejor, solo como hipótesis, hay algo de justicia divina, y a Zermeño le toca hoy cosechar lo que no sembró todas las veces que tuvo la oportunidad de hacerlo.

Conste que hasta el momento no hemos dicho nada de las posibles soluciones a que Torreón se muera de ser ¿para qué?, si les interesara hoy, si les hubiera interesado en el pasado, algo hubieran hecho, opciones se han planteado y desechado por que cuestan más de lo que están dispuestos a desviar de sus intereses políticos inmediatos. Por lo pronto que con su pan se lo coman… y a ver como se lo bajan si se les atora, porque agua no hay no para eso.

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