Travis Jackson, excelente paracorto…

AQUELLOS TIEMPOS.-

Por: Miguel Ángel Genis Guzmán.-

TRAVIS

Con la mayor publicidad de su tiempo y ante el asombro de propios y extraños, se inauguró el Yankee Stadium en 1923, un hermoso campo de beisbol que sobresale por sobre todos los demás. Era y es la casa de los yanquis, y desde el mismo día que se puso a funcionar fue conocido como “La casa que Ruth construyó”.

Al estrenar su estadio los yanquis dieron muestra de su grandeza, derrotando a los gigantes de la misma ciudad, que por varios años le facilitó su estadio, el Polo Ground, para que los “Mulos de Manhattan realizaran sus juegos.

Memorable para los fanáticos y también para muchos jugadores de la década de los 20,s, pero especialmente para un jovenzuelo de 20 años que en esa serie solo tuvo su aparición en el plato, cuando elevó al jardín en la novena entrada al batear como emergente en el lugar del lanzador de los gigantes Jack Bentley.

Fue su primera serie mundial, la que finalmente ganaron los yanquis cuatro juegos a dos, pero su sueño dorado se había logrado con creces al estar en el mismo juego con el más grande y carismático jugador de aquellos tiempos, el inmortal Babe Ruth.

El había acariciado la idea desde que empezó a jugar beisbol de alta calidad porque “El Bambino” parecía predestinado a ser uno de los más grandes de ese deporte, como finalmente lo fue.

Jackson cubría las paradas cortas y para el siguiente año ya estaba como titular con los gigantes a los que ayudó a conquistar el banderín de la Liga Nacional. Fue considerado un jugador clave de los neoyorkinos y pronto el genial manager del equipo, John McGraw lo nombró capitán y señaló como pieza importante del club.

Durante la década de los 20´s, el piloto de los gigantes apostaba que no había en la liga nacional un jugador que rindiera más para su equipo que el talentoso Jackson, quien rápidamente se convirtió en una estrella del diamante.

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No obstante ser un magnífico chocador de pelota sus compañeros y dirigentes del equipo, tan solo estaban satisfechos y contentos con su rendimiento con el guante al defender el campo corto de los gigantes. No exigían más, pero Jackson siempre profesional respondió en la gran carpa con 135 cuadrangulares y 291 dobletes.

Nadie discute que ha sido uno de los mejores guantes de todos los tiempos en las paradas cortas con gran habilidad para desplazarse por el terreno de juego y cubrir con facilidad mayor espacio que ninguno. Lo difícil lo hacía fácil y lo imposible, posible. Así era el joven orgullo de Waldo, Arkansas.

Poseía un poderoso brazo y parecía un mago con tremenda rapidez para soltar la esférica cuando llegaba a sus manos. Los corredores contrarios se quedaban asombrados de lo fácil que los eliminaba en los cojines, cuando creía que su batazo se perdería en el jardín y lograría embasarse.

Además, Travis Jackson era consistente con el tolete en la mano y solía iniciar los grandes raíles de los gigantes. Durante seis temporadas alcanzó porcentajes arriba de 300 puntos y al retirarse dejó un promedio de por vida de 291 en la gran carpa.

Con su elegante y efectivo juego, además de su consistencia con el bat, ayudó a los neoyorkinos a ganar cuatro banderines de la liga nacional y estar en igual número de series mundiales.

En 1924, se enfrentaron a los Senadores de Washington en una emocionante serie que se alargó a siete juegos y que perdieron los gigantes. Jackson cubrió la parada corta en los siete juegos y que aunque solo pudo conectar dos imparables, se convirtió en una muralla impenetrable en la defensiva de su equipo.

La primera y única serie mundial que los gigantes ganaron con Jackson cubriendo el sorth stop, fue en 1933, diez años después de su debut en los clásicos, cuando derrotaron cuatro juegos a uno a los propios senadores.

En 1936 volvieron los neoyorkinos a presenciar una serie que no salió de la gran manzana. Se enfrentaron los yanquis a los gigantes y el triunfo fue para los primeros cuatro juegos a dos. Ya no estaba Babe Ruth con los bombarderos del Bronx, pero el equipo contaba con dos grandiosos peloteros Lou Gehrig y Joe Dimaggio. Por su parte los gigantes tenían en sus filas a los aporreadores Mel Ott y Joe Moore que emocionaban a la fanaticada cada vez que tomaban su lugar en el plato.

Por su parte Travis, siempre profesional y dispuesto a hacer todo por el bien de su equipo, en las dos últimas series mundiales cubrió el tercer cojín para dejar su lugar en las paradas cortas a nuevos jugadores que como él, querían brillar en las ligas mayores.

Jackson nació en Waldo, Arkansas el 2 de noviembre de 1903 y murió en la misma ciudad el 17 de julio de 1987, ingresó al Salón de la fama del beisbol en 1982.

 

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