La cara de Riquelme

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

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Los medios de comunicación recogieron muchos detalles, algunos emotivos, otros protocolarios, dos que tres fuera de lugar, en torno a las honras fúnebres de Fernando Purón Johnston, victimado el día viernes luego de participar en un evento puramente democrático, un debate entre los candidatos de los distintos partidos y coaliciones a la diputación por el primer distrito federal electoral de Coahuila. De entre todos los videos y fotografías de la guardia de honor, la misa y otros eventos, uno es de destacar: la cara, el gesto del gobernador del estado Miguel Ángel Riquelme Solís, quien guardando las ineludibles distancias respecto de los deudos directos del exalcalde de Piedras Negras, fue y es el primer afrentado con este crimen.

Lo primero que hay que acotar de todo este triste asunto es que el mandatario coahuilense estuvo presente. Así, nada más y nada menos. hay dos hechos en la violenta historia reciente de nuestro estado que marcan este hecho como relevante: cuando en el año 2011 ocurrió la masacre de Allende, el entonces gobernador interino Jorge Torres López se hallaba en un festejo en el Casino Nacional en Piedras Negras, y tan pronto se enteró de lo que estaba ocurriendo en la cercana población, salió poco menos que huyendo con cuanta escolta traía más las que pudo agenciarse hasta llegar al aeropuerto para ponerse a la brevedad en salvo, eso de ponerse por encima de los acontecimientos, nada, nunca fue lo suyo antes y en ese instante en que pudo haberse consagrado como el verdadero detentador del poder, menos.

El otro incidente tiene que ver con el asesinato de José Eduardo Moreira Rodríguez, hijo de Humberto y del gobernador en turno, Rubén Moreira Valdés, ocurrido en octubre de 2012 en Ciudad Acuña, hasta donde recordamos, Rubén estuvo excluido o autoexcluido de las honras fúnebres, corriendo versiones de una supuesta llamada en la que le ofrecía renunciar al cargo, de un irreconciliable pleito de familia, y otras muchas a cual más de condimentadas como chisme. Pero lo que importa dejar sentado es que dos gobernadores con una papa caliente quemándoles las manos, Riquelme no le sacó al parche, y estuvo presente en el que ese fin de semana, era el punto más peligroso de todo Coahuila, descontando Torreón, que también tiene lo suyo de violencia política y de violencia a secas.

El régimen se hizo presente en la persona del secretario del Trabajo y Previsión Social, Roberto Campa Cifrián, que venía con la representación del presidente Enrique Peña Nieto, es allí cuando los políticos se ganan su millonario salario y seguir en el candelero, tenga por seguro que ningunas ganas tenía de estar en Piedras Negras en vez de estar jugando al golf en Ixtapan de la Sal, pero ni modo, al titular de esa dependencia, sea quien sea, se le ha habilitado como encargado de entenderse de los asuntos de Coahuila, y además el candidato asesinado era del PRI, y bueno, con suficiente vigilancia de la policía federal y del ejército, eran pocos los riesgos de ir a presentar los respetos presidenciales a la familia.

Pero la tesis principal es que la afrenta no era para Fernando Purón Johnston, con todo y los poderosos enemigos que había ido sembrando y cosechando, como tampoco para Carlos Centeno Aranda, contra quien falló el intento de asesinato el mismo viernes en Torreón, es contra el gobierno del estado, y específicamente contra su titular, Miguel Ángel Riquelme. Él mismo lo ha dicho, un tanto eufemísticamente, que el crimen organizado acecha a la entidad, estando dispuestos a aprovechar cualquier debilidad o distracción para volver a enseñorearse de “la plaza”, como se dice en la jerga del hampa, y no es por contradecir, pero no es que vayan a regresar o vayan a llegar nuevos como dicen algunas narcomantas, reales o fabricadas que andan por allí, aquí están, si bien manteniendo un perfil bajo, pues eso es lo que más les conviene.

Lo de Purón, lo de Centeno, forman parte de una estrategia para llamar la atención, ¿de quién?, de la población para que presione al gobierno. No son las consuetudinarias ejecuciones en las colonias de Torreón o Piedras Negras, que el día que faltan hacen sospechar que algo gordo se está cocinando, estos fueron crímenes de alto impacto con la intención de desestabilizar a la administración estatal, en una coyuntura electoral en la que no es que los votos se inclinen para acá o para allá por el miedo a las balas, pero formando parte de una federación como la nuestra, del centro presionan al palacio rosa y de allí para abajo, todos, sin faltar uno.

No es por echarle confeti al gobernador, y menos en una ocasión tan triste como esta, pero desde que se fue Humberto Moreira, a quien no le temblaban las corvas para estar literalmente en la boca de la mina, nos habíamos acostumbrado a mandatarios que no merecían que se pusiera su nombre junto a esta palabra. Para bien o para mal la presencia de Riquelme en las exequias de Purón Johnston sienta un nuevo paradigma de lo que se puede y se debe esperar de un gobernante.

Y lo que decíamos de la cara del gobernador, definitivamente no era un día ni un espacio para hacer chistes, pero ya sabe cómo se las gastan algunos políticos, tampoco era para andar grillando aunque no faltó quien quisiera aprovechar el momento para arreglar negocios de gobierno, y si al gobernador se le ve, sin andar buscando palabras más suaves, si se le ve furioso, es porque hay motivo para que lo esté. Lo bueno es que de esa furia contenida durante la ceremonia, lo que cabe es esperar una reacción igualmente furiosa contra quien sea que se atreva contra las instituciones.

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