Recepcióname esta

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

richie

Dirá alguien que los tiempos no están para distraerse en simplezas. A lo mejor sí, a lo mejor no, a lo mejor de lo que le queremos hablar no sea una nimiedad ni una simpleza. Después de todo la situación política del país está a punto de resolverse para bien, para mal o para peor, los candidatos, como nunca antes ni en los peores tiempos de la represión política posrevolucionaria, están cayendo como moscas, muertos a manos de sus enemigos, corre tinta, por los medios electrónicos y por las redes sociales, no corre el entusiasmo por la democracia que uno quisiera, al presidente de la república Enrique Peña Nieto no le hace caso nadie para nada, mucho menos para que vivamos los mexicanos una fiesta democrática este próximo domingo primero de julio, y si volteamos a ver más allá del muro, barrera, reja, río infestado de cocodrilos de la migra, en la vida habían tratado peor a los mexicanos que intentan cruzar la frontera para hacerse de un cachito del sueño americano, separando las familias o reuniéndolas, encerrándolas en jaulas antes de deportarlas.

Ante ese panorama, ¿Quién se pone a ver nimiedades como la corrección en el lenguaje, la que hay, la que debería haber, la que se puede pasar por alto y la que no se puede perdonar?, pues nosotros, amparados en la teoría de que si no nos fijamos en cómo decimos las cosas ni lo que entendemos por ellas, vamos a acabar con políticos como los que andan ahorita en los últimos estertores de sus triunfantes campañas, diciendo mentiras que ni ellos reconocen como tales, prometiendo lo que en la vida están en posibilidad ni interesados en cumplir, siendo su único objetivo el movilizar la usted de usted y de la mayoría de los ciudadanos que sufraguen el domingo, a emitir la más analfabeta de todas las acciones: tachar el color del partido que quieren que los gobierne desde la presidencia de la República, desde el Congreso de la Unión, desde algunas gubernaturas que entran en la polla, y en nuestro coahuilense caso, también las presidencias municipales.

Discursos y más discursos, miles de millones de pesos gastados en los mensajes más pretendidamente elaborados, para terminar con una cruz que pueda contabilizarse a favor de un candidato, en contra de otros, o en pleno desprecio del sistema político mismo… una equis…

Pero bueno, a lo que veníamos, desde hace varios días vienen apareciendo en los periódicos impresos de la capital un par de insertos. Bajo los rimbombantes escudos de la Secretaría de la Defensa Nacional, de la XI Región Militar, del 69 Batallón de Infantería, y del lado civil, en uno del Republicano Ayuntamiento de Saltillo, y en otro del no menos Republicano de Ramos Arizpe, y utilizando la siempre burocrática y hasta un tanto despreciativa voz pasiva, se exhorta a los conscriptos de la Clase 1998, más los correspondientes remisos y anticipos que se fueron de boca pidiendo su incorporación al servicio militar nacional, a apersonarse a “recepcionar” la cartilla de identidad militar liberada, so pena de, ya se imaginará, que esta sea destruida en los términos de la ley, metiéndose ellos en el brete y a la SEDENA, de volver a tramitar el documento, situación incómoda para la burocracia oficial.

Cierto, a la hora que lo estamos tecleando, nos preguntamos por qué estamos tratando de este asunto tan nimio, el que la recogió la recogió, y el que no la recogió que se atenga a las consecuencias, después de todo, los verdaderamente interesados estaban haciendo fila el mismísimo día que se avisó que pasaran a la Zona por ella, después de sudarla encuadrados o domingueando, lo que quieren es tener la cartilla en la mano, y ahora sí, no volver a saludar con el respeto a los soldados, clases y oficiales que aprendieron a fuerzas y con muchos trabajos. Tanto es el interés a esa edad con hacerse del papel liberado, que las únicas explicaciones por las que alguien no acudiría, como dicen los manuales de táctica de guerra urbana, es que estén muertos… estén heridos más allá de capacidad de moverse… estén inconscientes, o menos dramático, que ya se hayan ido de aquí, y no tengan el interés que antes tuvieron, por contar con ese documento de identidad, cada una, una historia particular que no viene al caso perseguir.

Lo interesante de los insertos periodísticos, prácticamente con la misma información, es que mientras que uno tiene toda la apariencia de haber sido redactado con todo el cuidado que amerita, en principio para que transmita el mensaje que se desea, y en parte para que ningún ciudadano y menos un periodiquero busque y encuentre errores. ¿Pero si son iguales para que meterlos dos veces? Se preguntará algún ingenuo sin quehacer, ah pues a lo que parece, el más grande, el bien redactado y bien armado, lo paga el ayuntamiento de Saltillo, queremos creer que la junta municipal de reclutamiento, si es que todavía existe esta oficina, dentro del convenio con los medios de comunicación. El otro, lo ha de pagar el ayuntamiento de Ramos Arizpe, y aquí sí, si nos permite el comentario de mal gusto, está tan bien armado, tipográficamente hablando, como si se tratara de una “narcomanta”. Es en serio, para comenzar el espacio pagado es más chico, y la letra toda en mayúsculas, todo el texto centrado, y bueno, la cereza del pastel, la utilización del término “recepcionar” por lo menos en tres ocasiones de manera equivocada, con la alegría del niño que acaba de aprender una nueva palabra, y qué bueno, pero hay que aprender también como usarla y en qué contextos.

De entrada nos sonó hueco eso de recepcionar, así que nos pusimos a buscar, y sí, sí existe hasta en el diccionario de la Real Academia de la Lengua, pero como lo dice el buscador urgente de dudas de Fundéu, recepcionar no es equivalente a recibir o a recoger, que es a lo que se refiere la convocatoria y el exhorto de las entidades citadas antes.

Que sí, es una simpleza y a como somos, al rato por recepcionar vamos a entender recibir, lo mismo que accesar ahora lo entendemos como obtener acceso y tantas otros términos que se van adoptando por moda, no porque así se debe hablar. Nuestra queja es que los insertos, dos en vez de uno para decir una sola y misma cosa, son pagados con dinero de gobierno, por extensión, dinero del pueblo, lo mínimo que podríamos pedirle al gobierno, a entidades tan importantes como la Secretaría de la Defensa, su Región y su Zona militares, así como a los ayuntamientos de Saltillo y Ramos Arizpe, es que revisen bien lo que se publica a su nombre y con nuestro dinero. Ahora resulta, los que deberían enseñarnos a hablar bien, cuando menos cuando hicimos nuestro servicio militar, había un programa del INEA/SEDENA para aprender a leer y escribir y para acabar la primaria o la secundaria en ese año, ni siquiera escriben como se debe.

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