Los Escenarios del Fraude

BAILE YCOCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

amlo-peña

El domingo hay elecciones generales en México, como es de todos sabido luego de un cruento bombardeo de más de millón y medio de spots en los medios de comunicación, se habrá de elegir presidente de la República y renovar las dos cámaras del Congreso de la Unión, además de las gubernaturas y congresos locales de nueve estados y para el caso de Coahuila, se eligen o reeligen los alcaldes de los 38 municipios de la entidad. La diferencia del actual proceso electoral de cualquiera de los precedentes en la época reciente del país, es que lo han dado en llamar histórico, pues al menos en teoría, no sólo se estará cambiando de personas en los distintos cargos de los poderes ejecutivo y legislativo, sino se estará votando por si México continúa por el mismo camino que ha favorecido a pocos a costa de decenas de millones, o por el contrario, se adentra en una selva en la que los optimistas dicen que todo habrá de ser mejor, y los pesimistas que será echar por la borda “todo lo logrado”, por más que de ese logrado no disfruten casi nada.

Dice la ignorancia, disfrazada de sabiduría popular, que la burra no era arisca, sino que la hicieron a punta de patadas, fuetazos, malpasadas, y lo que se necesitara sacar de ella. Pues bien, en materia de elecciones, el pueblo mexicano ha perdido (si es que alguna vez en algún tiempo remoto la tuvo) la confianza en los procesos electorales: en los candidatos, en los partidos, en los organizadores de los comicios, fueran “independientes y ciudadanos” como ahora, y más antes, cuando era un apéndice del gobierno, que muchos sospechamos que sigue siendo. Las elecciones, que para eso somos una república democrática y representativa, son, según nos cuentan los libros de civismo desde la primaria,  la oportunidad que posee el pueblo para gobernarse… mediante la elección por mayoría de alguien que luego no nos va a hacer caso para nada, pero eso es aparte, lo que sí, es que se hace recaer en nosotros la selección de la mejor opción desde lo ideológico hasta lo carismático, pasando por lo que sea que mueve a la gente a votar. Y sí, el voto también le sirve a la población para castigar a un régimen, a un partido o a un modelo económico de gobernar, que si lo hace sin cumplir con el mínimo requisito de mantener las cosas como están y de preferencia mejorarlas, pues a buscarse otro que sí pueda, y así las veces que sea necesario, hasta dar, a la vuelta de los siglos, con uno que funcione.

Como es obvio pensar, y como se corroboró infinidad de veces, quien parte y reparte se queda con la mejor parte, que casi podría ser el lema de como funcionan las instituciones pendientes de la democracia en el país. Quienes tienen el poder harán lo que sea necesario y más allá, con mantenerse en él; es precisamente aquí donde se comienzan a idear y aplicar todas las herramientas fraudulentas que componen el siempre creciente repertorio del fraude electoral, el cual vale decir que lo permite todo, al costo que sea, con una excepción: que se dejen rastros que prueben que existió y que sean tan escandalosos que hagan pasar de la sospecha al enojo y del enojo a la revuelta popular, que en este país que ha sido descrito como el bronco dormido, o el tigre al que le están arrancando los bigotes, tendría consecuencias impredecibles.

¿Cuántos presidentes, gobernadores, alcaldes y legisladores han gobernado sin haber ganado la elección, llegando al poder por la vía del fraude?, imposible de decir, pero han sido muchos, y el hecho de que la democracia mexicana sea una de las más costosas del mundo, si no es que la que más, es por tratar de evitar que esto ocurra, en una carrera parejera entre “las instituciones” y “los mapaches”, estos últimos los operadores del fraude desde las tareas más burdas de robarse urnas o embarazarlas, hasta el más sofisticado fraude cibernético, con o sin caídas del sistema, con o sin hackeos chinos, rusos, coreanos o de donde sea.

Es así como llegamos a este domingo primero de julio, en que se perfilan varios escenarios para el fraude: el primero, un tanto ingenuo o ingenuo y medio, es que no lo haya… que el voto de cada quien se respete, que no se contabilicen las mentadas de madre como sufragios a favor del hijo de la señora mencionada, los dobles o triples taches o la boleta rayoneada, ese sería el ideal no sólo de la elección, sino de un pueblo social y políticamente maduro, que no somos, casi podemos descartar este primer escenario.

El segundo es que el sistema político tenga la intención de meter la mano en los resultados, si es que no favorecen al candidato oficial, siendo aquí no el problema que jueguen con los algoritmos, sino que puedan convencer al electorado, cada vez más violento según se nota en la contabilidad de muertos, de que no le hicieron de chivo los tamales, y que en consecuencia, no la haga de tos. Este escenario se percibe matizado por el tamaño de la obra de ingeniería cibernética que haya que emprender, si la estimación recurrente es de que el candidato oficial tiene la mitad de preferencias que el puntero ¿Cómo explicarían la voltereta, es más como explicarían el triunfo aunque ocurriera por la buena?, porque hasta eso sería problemático.

Casi que lo mejor sería el tercer escenario, que el gobierno, aún con todo lo preparado, de plano se abstenga de intervenir, y que pase lo que tenga que pasar, que según dicen los abogadillos, más vale un mal arreglo que un buen pleito, y aun en los casos de alternancia, siempre en la negociación han logrado, mínimo que no los persigan, y algo más. Que nadie diga que el gobierno metió la mano, y que sea el INE, con todas las torpezas que ha demostrado que es capaz de cometer, el que se entienda con lo que es su trabajo, por el que además cobran como casi nadie en este país.

Remontándonos a la noche del 2 de julio del año 2000, el PRI había movilizado toda su estructura para operar el fraude a favor de su candidato Francisco Labastida Ochoa, y se quedaron de a seis cuando Ernesto Zedillo salió a reconocer el triunfo y felicitar a Vicente Fox Quesada. Tan fue el ardor por lo que les impidieron hacer, que hasta querían expulsarlo del partido por traidor, a Zedillo, sin embargo este gris presidente es quien mejor ha dado ejemplo de lo que debe ser la famosa “sana distancia”, que para los demás ha sido puro rollo y que debería ser la norma.

El escenario que todos esperamos es que Enrique Peña Nieto salga a dar la cara para reconocer la legitimidad de los comicios, aunque sea a favor de un candidato que ha prometido meterlo en la cárcel, ya en lo oscurito negociarán el perdón, como siempre. Pero por lo pronto en el escenario nacional lo que México quiere es que el fraude brille por su ausencia.

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