La suerte de los rubencistas

BAILE Y COCHINO.-

Por Horacio Cárdenas.-

suerte

A la izquierda de Claudia Ruis Massieu, aparece Rubén Moreira quien creyó llegar a la presidencia del PRI.

Las cosas de los políticos no las deciden los políticos, por más que se sientan dueños de sus destinos y de aquellos quienes están subordinados a ellos, lo cierto es que en la grilla, lo que le ocurre a cierto politiquillo lo decidió alguien de más arriba, movido también por alguien de más arriba,  siendo mucha la suerte si el mero mero petatero es el que se fija en el nombre del susodicho para colocarlo en tal o cual posición, durante un período de tiempo determinado, o lo que es más difícil, para desempeñar una misión determinada.

Mire lo que son las cosas, juraba y perjuraba Enrique Ochoa que no tenía ninguna intención de abandonar la dirigencia del Partido Revolucionario Institucional, a la que llegó sin siquiera desearla o pedirla, por decisión del presidente de la República Enrique Peña Nieto, quien basándose en sus dotes de taxista y de ingeniero electricista, le vio madera para dirigir al partido de casa, el PRI a buen puerto, durante la más tempestuosa campaña de que se tenga memoria. Pues  así como llegó Ochoa, así se pasó a largar, el presidente en funciones de líder máximo del partidazo, el candidato a sucederlo José Antonio Meade, el alter ego de todos los priístas, Carlos Salinas de Gortari, un grupo de notables, o quien sabe quién, decidió que Enrique estaba pesándole más al partido de lo que le estaba ayudando a ganar la presidencia. De hecho él ya se había ido, y como suele ocurrir, el mismo Ochoa fue el último en saberlo, y llegó su reemplazo… de esas cosas que nadie pregunta según el código de conducta del otrora partido aplanadora, nadie se explica cómo, porqué o para qué, el seleccionado fue René Juárez Cisneros, de entre los nombres que se barajaban, imagínese, estaba hasta el de Rubén Moreira Valdés, recién ungido como Secretario de Organización, luego de pasar brevemente por la Secretaría de Acción Electoral, pero igual estaban los de otros cien exgobernadores, exsenadores, exdiputados, y otros tantos o más, todavía en activo.

El político entregado a su partido y al sistema, más bien a este que al primero que es el membrete, está dispuesto a ir a donde lo manden, sabiendo que la oportunidad la pintan calva, ¿se imagina que dice no, yo a eso no le hago?, esa sola digna respuesta puede cancelar una siempre ascendente carrera en lo político y lo económico, así que siempre dicen que sí, ¿Qué importa que no le sepan, que no le intelijan, que ni siquiera logren aprender echando a perder?, esto le ha pasado a miles de grillos, y el ejemplo más cercano es el del propio exgobernador de Coahuila Rubén Moreira Valdés, a quien quizá en venganza por haberle hecho él lo mismo a mucha gente, primero lo nombraron, como dijimos en una secretaría, luego en otra se supone que más importante que la anterior, y ya que el Partido Revolucionario Institucional perdió junto con la presidencia de la República, gubernaturas, la mayoría en el senado y en la cámara de diputados, y hasta la camiseta, dándose de santos que tienen todavía representación y registro, en esas condiciones nada favorables, lo ungieron como secretario general, ya a solo un paso de ocupar el puesto que detentó su hermano consentido, Humberto, que fue presidente del Comité Ejecutivo Nacional y al que Enrique Peña Nieto le debe las glorias de haber sido presidente de la República. Claro que el PRI de Rubén no es ni el pálido reflejo de lo que fue el PRI de  Humberto, aquel partidazo venía con todo a capitalizar el descontento con la administración de Felipe Calderón, con lo que el triunfo fue como sedita.

¿Quién y con qué intención proyectó a Rubén tan vertiginosamente dentro del CEN del PRI?, no lo sabremos nunca, a lo mejor fue Enrique Peña por favores recibidos, a lo mejor fue otro personaje más obscuro, a lo mejor sí se pensaba que tenía las habilidades para sacar la elección a favor de Meade, pero si las tenía no pintaron ni mucho ni poco, más bien nada, pues para el Revolucionario, con todo su bagaje de marrullerías, artimañas, tracaladas y demás artillería pesada, la elección del pasado primero de julio fue una auténtica masacre. Si aquí lo extraño es que no hubiera pasado la barredora en el partido más pronto, luego de los comicios, los que sean, y sean cuales sean los resultados, la dirigencia partidista por no decir toda la estructura, se convierten en una figura decorativa, un fantasmón que solo vuelve a salir cuando haya que pelear otra posición en el presupuesto y en el poder.

Y luego se viene la renuncia de Rubén a la Secretaría General de un PRI que no sirve para maldita la cosa, y cuyos mandos cupulares estarán ahora más preocupados por cómo pagar la luz, el agua, los sueldos de las secretarias, que por nada de implicaciones políticas en el corto y mediano plazos. ¿Qué pasó?, pregunta retórica cuya respuesta es solo asunto de morbosos, las hipótesis van de lo lógico a lo descabellado, que si se peleó con la manda menos, Claudia Ruiz Massieu, que si tuvo pretensiones de presentarse a la presidencia del partido por la risible vía democrática que contempla, el propio  estatuto, que según se va a dedicar en alma y cuerpo a su gestión legislativa… a nosotros lo que se nos antoja es que Rubén estaba aburrido de las lamentaciones de un partido por la debacle, de la cual él es en parte responsable y en parte cómplice. Pero también está la cosa de que a lo mejor su padrino, Peña u otro, decidió que es momento de retirarse a lamerse las heridas, y no tiene ni tiempo ni ganas de estar defendiendo a los de su calaña, Rubén según esta teoría se habría quedado solo y eso que llama su alma.

Pero en Rubén Moreira Valdés son muchos los que tenían puesta su lealtad, no pocos los que hicieron fortuna a su sombra y con su licencia, sin faltar los que construyeron una barrera de impunidad amparados en su poder, una que pareció infranqueable… hasta que Rubén presentó su renuncia antes que se la pidieran, así las cosas aquellos en la estructura del partido, y mucho más aquellos que están todavía incrustados como herencia en el gobierno de Coahuila, están viendo que con la ventana abierta, se están sintiendo fríos a los que no estaban acostumbrados. Más de uno que se sentía que había ligado otro sexenio en la administración de Miguel Riquelme está sintiendo pasos en la azotea, más de uno que tenía ya jugosos contratos en la bolsa, se está dando cuenta que se los están sacando sin pararse en las formas, y en fin, muchos que se sentían que podían andar como Pedro por su casa, ahora ya comienzan a tramitar amparos para poder asomar la nariz fuera.

Que sí, el destino político puede dar muchas volteretas, de hecho ha dado algunas verdaderamente sorpresivas, pero la apuesta es que a Rubén ya se le acabó la suerte, y de aquí en delante, el único con fuero para protegerse de la acción de la justicia es él, y los demás, a rascarse con sus propias largas uñas, y mire que las van a necesitar fuertes y afiladas para arañar las paredes a ver si así salen el agujero donde los refundan.

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