Y en la PRONNIF también hace aire

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

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Tecleábamos el otro día de como la actitud de los empleadillos de ventanilla era capaz de echar por tierra todo el esfuerzo de una administración por darle una pulida y una renovada a la Fiscalía General de Justicia del Estado. Todo el esfuerzo de relaciones públicas, de manejo político, desarrollo organizacional, control de calidad en el servicio, nada de lo cual es precisamente barato, puede irse literalmente al caño, a la hora mala en la que un ciudadano en el colmo de la desesperación, pues solo la desesperación puede motivar a alguien a acudir a plantarse en busca de justicia ante una burocracia tan inhumana como la de la Procu, perdón de la Fisca. Pues bien, allí nomás cruzando la plazoleta, se encuentra la Procuraduría de los Niños, las Niñas y la Familia, la célebremente triste PRONNIF, donde también hace aire.

Sí, una cosa es que a uno le roben esto, que le defrauden aquello, que lo despojen de lo de más allá, pero estamos hablando de cosas y asuntos hasta cierto punto manejables. Ah, pero métase con la familia de uno… y allí sí que las cosas exceden hasta los límites más laxos de gente a la que la vida dura ha hecho encallecidamente aguantadora.

Mire, en las familias coahuilenses, y las de todo México, para no cargarle la mano nomás a lo local, ocurre cada cosa… las páginas de los periódicos vespertinos chorrean más que tinta, sangre, de los casos que los colegas de la nota roja no hacen más que reseñar, y a quienes agradecemos que se guarden los detalles más espeluznantes, de los que seguro se enteran. Pues eso no es más que lo que cabe en las pocas páginas de la sección policiaca, porque detrás de cada uno que se reseña, ocurren una docena, una centena, que quedan solo en los expedientes de la citada Procuraduría, esa que cada uno o dos sexenios le cambian el nombre, queriendo hacerla inclusiva, sin que en el fondo logre un cambio en la sociedad que genera tantos horrores. Todavía podríamos ir más lejos, ya para cuando una abuela llega a la PRONNIF es porque la han maltratado más allá de lo inhumano, cuando los vecinos denuncian un niño abandonado, encerrado, golpeado, es porque el horror ha logrado atravesar la coraza, bastante gruesa por lo demás, de lo que las familias consideran normal y aceptable, para rayar en lo inhumano y hasta en lo criminal.

¿Usted cree que los agentes de la Policía Ministerial, los del Ministerio Público, los peritos forenses son gente blanca, fría y dura, como un lavabo, según los calificaba Boogie el Aceitoso?, pues déjeme que le platique que hasta esos tipos rudos se arrugan, si nos perdona la expresión coloquial tan descriptiva, ante lo que llega al edificio de junto.

No es lo mismo tratar con un drogadicto, que con un recién nacido con síndrome de abstinencia, no es lo mismo ni de lejos entenderse por un delito de lesiones entre adultos, que las circunstancias en las que ocurren lesiones en el ámbito cerrado de eso que poéticamente denominan el seno familiar. A dos que tres ministeriales los hemos visto cuartearse como los meros machos, con lágrimas en los ojos salir con ganas de “acelerar” el proceso judicial con los escasos recursos y limitadas luces que los caracterizan, porque lo que  madres y padres, madrastras y padrastros hacen a sus hijos, y estos a sus progenitores y abuelos, amerita la justicia expedita que solo medio se logra por la propia mano.

Eso para los representantes de la ley… ¿pero y qué tal los que de esos casos hacen su vida diaria, trabajadores sociales, sicólogos, abogados, y burócratas en general que laboran en la PRONNIF?, allí sí que la chamba no se las envidia nadie, salvo claro, algún sádico que disfruta con las tragedias de los demás. Los funcionarios públicos de la Procuraduría, en general con una carga de trabajo excesiva, con presiones de todo tipo, con un salario que no es nada para presumir, pero entre todo eso y lo que podríamos calificar así muy por encimita como falta de compromiso con el trabajo, y tenemos una mezcla explosiva, una que hace palidecer cualquier cosa que ocurra en el edificio de enfrente, el de la Fisca.

Mire, a la PRONNIF acude mucha gente, la mayoría de clase baja o marginada, aunque también de posición económica desahogada, a quienes les cuesta todavía más que a los otros pararse a exponerle a un abogado o a una trabajadora social que su vida dista mucho de ser idílica, al contrario, podrá ser dorado, pero es un infierno. ¿Qué quiere la mayoría de ellas, y unos pocos ellos?, sobre todo cuando todavía no se ha llegado a la vía de hecho, nomás que los escuchen, que les dediquen algunos minutos a oír sus penas, sus sospechas, sus preocupaciones, y de pasada, que les den un consejo, no de amigos o de familia que siempre van en el sentido de aguántate o lárgate, sino uno profesional, con la ley en la mano y amparado en la larga, larguísima experiencia lograda al paso de demasiados años de enterarse de cada situación familiar espantosa…

Pues eso, con que la mayoría quedaría satisfecha, nada, una palabra que no parezca un gancho al hígado, un jab a la mandíbula o un golpe bajo, no reciben, ni de la recepcionista ni de los presuntos expertos y todavía más presuntos servidores públicos.

Cierto, están hasta el queque de trabajo, plaza que se va, plaza que les congelan, con la consiguiente repartición de la chamba entre los que se quedan, ¿pero porque desquitarse con quienes están en el borde de la desesperación… en el borde de allá?, seguro que como los de la Fisca se defenderán diciendo que no, que ellos no son samaritanas, ni damas de la caridad, ni aspiran a otra cosa que a cobrar la quincena y a que no los corran antes de cobrar el aguinaldo ¿hacer el favor de tratar humanamente a los ciudadanos que en cualquier descuido se les suicidan allí mismo?, ¿y a ellos quien los consiente?, no, pues con esa mentalidad no vamos a llegar a ninguna parte, pero con la ayuda que muchos de los demandantes de atención y apoyo reciben, más valdría ponerle un candado a la PRONNIF y esperar la mala hora en que su caso se convierta en uno penal, del que tenga que entenderse la Fiscalía.

Sí, en todos lados hace aire, pero hay sitios donde cabría esperar que los burócratas se vieran a sí mismos con servidores públicos y más que eso, como ayuda humanitaria. ¿Exageramos?, ojalá nunca necesite apersonarse por allí.

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