EL EFECTO CONEJA

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

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El caso Alejandro Gutiérrez Gutiérrez, preso en el penal número 1 Aquiles Serdán de la Ciudad de Chihuahua durante ocho meses, finalmente se resolvió a gusto del interfecto, del de las buenas conciencias de la pomadosa clase alta saltillera, y lo que es más importante de todo, del agonizante sistema político priísta, del que éste amenazaba con ser el cabo suelto más peligroso y potencialmente el que mayor perjuicio podía causar a los escombros del Partido Revolucionario Institucional, caso de caer en las garras, no de Andrés Manuel López Obrador, quien ha declarado que está dispuesto a perdonarlo todo o casi todo, sino de sus subordinados, quienes tienen el corazón mucho menos blandito que el presidente electo, y que además conocen el valor que puede tener en política un asunto de corrupción y manejo discrecional de los recursos públicos, utilizados para fines partidistas.

El sexenio, la administración de Enrique Peña Nieto resultó una cadena de decepciones para el gran conjunto de la población de este país, a los que se prometió en campaña más y mejores empleos, literalmente doblar el salario, compromisos que además se firmaron ante notario para que diera fe, y sin llegar a tanto, en alguno de aquellos comerciales de tan deprimente memoria, el entonces candidato juvenilmente entusiasta y pretensiosamente poderoso, ofrecía regresar, precisamente por estos días, a las casas de los ciudadanos, para comprobar lo buen que les había ido con su gobierno. Nada o casi nada es cumplió, ni mayor seguridad, ni menos asesinatos, ejecuciones, ni menos corrupción, mayor transparencia y rendición de cuentas, como tampoco se hizo nada contra la impunidad.

La corrupción gubernamental tocó a la puerta y se metió hasta la cocina de la mismísima familia del presidente, de sus colaboradores favoritos en Hacienda, en Comunicaciones, en Petróleos, y en “n” dependencias más, cerrando con broche de oro con la compra de unos misiles (ocho) al infladísimo precio de 41 millones de dólares, mismos que el país no necesita, pues no tiene un enemigo que merezca dispararle un cañonazo de cincuenta millones de pesos para volarlo por los aires.

Los casos del aeropuerto internacional de la Ciudad de México, del ferrocarril rápido a Querétaro, de los contratos de PEMEX con Odebrecht, lo de la casita de Videgaray en Malinalco, lo de la casota de Peña y su consorte en Las Lomas, ninguno de ellos se resolvió a satisfacción del pueblo mexicano, quien no puede quitarse la impresión de que le estaban jugando el dedo en la boca.

Y digamos que sí, a algunos políticos del propio régimen priísta se les procesó y encarceló, o encarceló y luego procesó, ya ve que aquí la justicia es acomodaticia como ella sola, caso de Andrés Granier Melo, pero esos poquísimos era porque le caían mal de entrada al presidente, a los otros, corruptos con lo que tenía una relación de piquete de ombligo, o no se les molestó, o si acaso se les detuvo, fue para taparle el ojo al enfurecido macho, y como en el caso de Javier Duarte, están a punto de salir, igual que Alejandro, antes que se acabe el sexenio peñista, no vaya a ser que los que llegan caigan en la tentación de revisar sus procesos penales, y si lo hacen, de perdida que “ya estén juidos”.

El caso de Alejandro Gutiérrez Gutiérrez, uno que le reventó en las manos al presidente de la República, y que casi se llevan de encuentro a su delfín José Antonio Meade y a su alter ego, Luis Videgaray, entre una buena parte de priístas del más alto nivel como Manlio Fabio Beltrones y a ocho que nueve gobernadores o que fueron candidatos a gobernadores, es prácticamente el último en cartera para el régimen, uno con el que demuestra que se apega a la formula porfirista de que A los amigos gracia y justicia, a los enemigos solo justicia”, pues con sus consentidos y hasta con reos de privilegio como Elba Esther Gordillo, el régimen se tendió tanto en el piso, que prefirió el sacrificio de la credibilidad de la otrora temible Procuraduría General de la República, algo de lo que en buena medida dependió siempre la estabilidad de la nación, permitiendo que se convirtiera en el negro al que todos podían tirarle, a sabiendas que está convertida en un cero a la izquierda.

Pero de todas las implicaciones que tiene el sobreseimiento, el desistimiento, la abierta protección del poder ejecutivo a través de la PGR y de la connivencia de jueces a modo bien seleccionaditos en el poder judicial, en las que no queremos ni pensar ni ocuparnos porque afortunadamente no somos abogados, está el hecho de romper con un principio que durante quizá un siglo, fue la norma de hierro en la relación entre el poder central y los de los estados, a saber: con los dineros que la Federación envía a las entidades federativas, no se juega, los dineros etiquetados son intocables, intransferibles a otros rubros a menos que se solicite y se otorgue una autorización para ello. Secretarios de finanzas, tesoreros, gobernadores, se apegaban a este principio, con el que además daban una imagen de respeto y vasallaje ante el poder central, y se sentían con licencia para robar a manos llenas con el demás dinero, el recaudado localmente.

¿Qué tiene que ver La Coneja Gutiérrez con esto?, pues todo, el dinero desviado provenía de la Federación, de hecho ese fue el pretexto para la intervención de la PGR y los juzgados federales en un caso que el gobierno de Chihuahua pretendía llevar en el ámbito estatal, que si así hubiera sido, La Coneja no hubiera vuelto a ver la luz del sol saltillero jamás, pero no, para eso son los cuates, y para eso está la amenaza de o me sacan o canto.

Ahora cualquier hijo de vecino se va a sentir con derecho de birlarle a la Federación ¿Qué digo 250 millones de pesos, como el PRI a la secretaría de educación de Chihuahua?, miles de millones, al fin y al cabo, entre una PGR anémica y un poder judicial que busca pruebas imposibles de aportar, porque tampoco estamos tratando con tarados, con ratas sí, con tontos no. Para bien o para mal, más bien para esto último, el caso Coneja sienta un precedente fatídico: róbense lo que sea, al tiempo que junta evidencia para chantajear a los que lo autorizaron a la transa, que al final de cuentas, es el miedo, no la amistad, los que lograrán sacarlo.

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