Desacato

BAILE Y COCHINO.-

Por Horacio Cárdenas.-

PRESIDIO

Hubo un tiempo, largo, larguísimo, en el que el gremio de los profesores era uno de los favoritos del sistema político mexicano. Junto con los trabajadores petroleros, con los del seguro social, con los burócratas, estaban los profesores. Pero debemos corregirnos, no eran de los, sino los favoritos y consentidos, y es que el gremio reunía varias condiciones particularmente importantes: primero eran muchísimos, superando el millón y medio de personas; segundo,  estaban distribuidos en todo el territorio nacional, desde los sitios más codiciados hasta las sucursales del mismísimo infierno, allí estaban presentes los maestros tratando de quitarle lo burro a los alumnos que le habían tocado en suerte; tercero, cada uno desde su cátedra, tenía el potencial de servir como agente ideológico y ya de pasada, como instrumento de control del estado; con lo que llegamos a la cuarta y más importante de todas: podían funcionar como una impresionante, basta, entusiasta y beligerante estructura partidista, con la cual podía operarse la perpetuación del partido o del sistema, en el poder público, de allí que el magisterio a través de su sindicato, conformaran durante decenios uno de los pilares fundamentales del PRI, para ganar las elecciones, y del gobierno para que las cosas estuvieran lo más quietas posibles.

No olvidemos que en la simulación de democracia en que vivimos,  para ganar en ella hay que parecer que son muchos y juntar todavía más, ¿y qué mejor que el maestro de escuela, que a través del contacto con sus alumnos podría influenciar las opiniones políticas de sus familiares votantes?, al menos esa era la concepción inicial, ya luego los profes demostraron tener vida y mente propias, pero ese es otro cuento. Si a eso sumamos que el estado era y sigue siendo el principal empleador de los egresados de las escuelas normales que quieren tener una suculenta plaza en el sistema educativo nacional, pues ya tenemos armado uno de los modelos de control político más eficientes del mundo y de la historia.

Pero para que funcionara como lo deseaban, había que desembolsar mucho dinero, en cantidades siempre crecientes, desde luego muy superiores a las que el mero costo de educar a los niños y jóvenes del país demandaba. El dinero público se fue a pagar sueldos y prebendas cada vez más altos para quienes controlaban la base magisterial, básicamente al sindicato y en menor medida la jerarquía educativa o escalafón, íntimamente ligada con aquel, y por allí siguió la cosa hasta constituir uno de los sistemas educativos más costosos del mundo, esto según la OCDE, y de los que menores resultados obtienen por peso invertido. Bueno, esto hasta que comenzaron a sentirse superiores al propio gobierno que los cobijaba y usaba. En su ingenuidad pensaron los líderes magisteriales que eran sus méritos los que los tenían en los cuernos de la Luna… Y vino a resultar que no.

Porque como todo gran aparato creado con intenciones aviesas, muy pronto demostró ser demasiado costoso de mantener. Sobre todo cuando el propio sistema siente o ni eso, cuando decide que ya excedieron su vida útil, y el dinero hace falta para pagar a los que todavía funcionan como lo desean, así que los sacrificados son, nada difícil de imaginar, los profesores jubilados y pensionados, llevándose entre las patrullas de Fuerza Coahuila a aquellos que requieren de atención médica, y que esperan recibirla de la parte patronal, en estricto cumplimiento de la ley.

Aunque deberíamos, no vamos a criticar los vicios del sistema educativo nacional ni del coahuilense que llevaron a la situación de quiebra del servicio médico de la Sección 38 del SNTE, y la no muy distante de la bancarrota del sistema de pensiones de la misma. Entre la corrupción de los dirigentes, que raya en lo criminal… de aquel lado, no de este, y la absoluta incapacidad administrativa para mantener a flote los servicios asistenciales mínimos que demandan los derechohabientes, activos y retirados, hemos llegado a un nivel crítico, el de que para curarse de cualquier padecimiento, es más, para mantenerse vivos, los profesores y en general los trabajadores de la educación, tienen que pagar de su bolsa los medicamentos y los tratamientos, pues con las clínicas del magisterio no cuentan para nada, pero tampoco con el sindicato que está del lado de los defraudadores, como tampoco del gobierno del estado que fue o es su patrón, y ha quedado demostrado en el colmo de la desesperación, que tampoco de los dizque representantes de los ciudadanos coahuilenses en el congreso del estado, de cuya sede fueron echados mediante el uso de la fuerza pública, en una acción de lo más vergonzante para quienes como dijimos al principio, fueron el principal soporte del sistema que todavía gobierna.

Los profesores de la Coalición de Trabajadores de la Educación, integrada por jubilados y pensionados de la Sección 38 del SNTE, de la Universidad Autónoma de Coahuila y de la Universidad Autónoma Antonio Narro están en pie de lucha, pero lugares comunes aparte, están en franco desacato de los modos y maneras de los poderes estatales, quienes creen que todavía se vale darle largas a la solución de su caso, consistente como se ha reiterado, en la abrogación de la llamada ley Moreira, e independientemente de eso, que es la parte legal, que el servicio regrese a las condiciones de eficiencia que les permitan conservar o recuperar su salud, cosa que en el momento actual no ocurre.

Sin exagerar lo más mínimo, los trabajadores de la educación están en mucho peores condiciones de indefensión que los que están afiliados al ISSSTE, al IMSS, hasta al seguro popular, pues de perdida a estos los atienden con todas las carencias, pero a ellos no. ¿pero qué más indefensión puede uno pensar que la de que la directiva de la Sección 38, el congreso, el gobierno del estado, se rehúsen a dar cumplimiento a la resolución de la suprema corte de justicia de la nación que les da la razón de que es inconstitucional la deducción del 3% de su pensión para seguir alimentando a un servicio médico que a cambio no les da ni los medicamentos genéricos más económicos?

Esto se ha convertido en una guerra de desacatos, los de los profes que le han perdido el respeto a cualquiera y a todas las autoridades educativas y estatales, y de parte de estas, a la máxima expresión del poder judicial federal, que si no ha dicho esta boca es mía, en cualquier momento puede proceder de manera que ni nos imaginamos siquiera. Durante todo el tiempo que duró el juicio, quienes podían remediar el asunto, no lo hicieron y ahora las protestas están a un punto de llegar a las temidas vías de hecho.

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