SI POR GUADIANA FUERA…

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

armandoguadiana

Todo era que le concedieran el uso de la palabra, todo fuera que dejara de ser el enemigo consentido del sexenio pasado, al que todos tiraban a Lucas, a quien había que ponerle todas las piedras que se pudiera en el camino, a quien había que sabotear y boicotear en sus negocios y hasta su vida privada,  para que ahora cada vez que le ponen el micrófono enfrente a quien de la noche del primero de julio al día dos de julio pasó a ser el coahuilense más prominente en la política nacional, lo que diga, haya que escucharlo.

A lo mejor es que tiene la escuela de su ahora gran cuate, el presidente electo Andrés Manuel López Obrador, quien desde que era un jovenazo jefe de gobierno del todavía Distrito Federal, no había día que no marcara la agenda nacional con aquellas conferencias de prensa en la madrugada, tal vez sea que tiene muchas cosas acumuladas en la faltriquera, que hay que sacarlas lo más pronto posible, o tal vez se trata de una estrategia para mantenerse permanentemente en el ánimo de la gente, ¿y porque no?, mantener en ascuas al estado de Coahuila, que en un plazo no muy lejano podría verlo llegar como candidato a gobernador, y para colmo, portando un bagaje de reformas muy del estilo de MORENA, el caso es que sí, tiene días y semanas que las declaraciones que hace Armando Guadiana Tijerina ponen a temblar a la política comarcana, y a las estructuras de la burocracia estatal.

Una de las últimas que le escuchamos, porque luego llegaron otras que también son dignas de comentar, es la de que las leyes estatales que norman la duración de los períodos de gestión de los presidentes municipales y la reelección de alcaldes y diputados, debe de modificarse, y pronto, pues implica un agravio de falta de equidad entre los aspirantes a los puestos de elección popular.

Aquí Guadiana está poniendo el dedo en una llaga particularmente infectada de la política mexicana, es más, del sistema político mexicano, que más que uso, ha hecho un desmedido abuso del aprendizaje por ensayo y error. Efectivamente, sabemos que los sistemas humanos son todos imperfectos, y factibles de corregirse en base a la experiencia que se va adquiriendo, pero pareciera que acá no es así, aquí en México y especialmente en Coahuila da la impresión de que vamos de error en error, que corregimos una equivocación con una todavía peor, pues rara vez los políticos y los gobiernos actúan para dejar las cosas como estaban antes que metieran la pata, eso equivaldría en su diccionario a aceptar que no son perfectos… y eso está simplemente por encima de la humildad que no tienen.

Tenemos el asunto de la duración de los períodos de gestión de los ayuntamientos, es uno que tiene ya más de diez años tratando de arreglarse, y quienes están encargados de ello nomás no encuentran la manera. Durante la mayor parte del siglo pasado, ya que las cosas estaban asentadas, los ayuntamientos tenían en Coahuila una duración de tres años, los mismos que en la totalidad de los estados de la federación. Ah, pero los politiquillos son canijos, y no queriendo sentirse menos que los gobernadores, presionaron desde el congreso, adonde habían llegado luego de ser alcaldes, para que el período se extendiera un año más, para ser cuatro. Entre ellos y el entonces gobernador, Enrique Martínez y Martínez, quien también en sus mocedades había sido presidente municipal de la capital, se confabularon para un cambio constitucional que les permitiera a los presidentes municipales, ahora sí, “hacer todo aquello que tenían planeado realizar y que no lograban porque tres años eran muy pocos”. ¿Y qué pasó?, pues que aquello se convirtió en un desgarriate.

Citamos solo el caso de Saltillo, donde Jericó Abramo Masso, el primero de los de cuatro años, presumió de haber logrado el 90% de su plan de gobierno en el curso de tan solo seis meses… ¿y los otros tres y medio años?, el jovenzuelo se aburrió como ostra, ya no hallaba la salida de un puesto que simple y llanamente no exigía nada de su persona, y si no todos, así estaba la mayoría, les urgía irse a donde fuera, pero irse.

El experimento de los cuatro años fue un fracaso, y tanto que le dieron para atrás, sí, pero cuando ya se podía volver a empatar con el calendario de elección de gobernador… con la intención de no atosigar a los ciudadanos con elección cada año casi, ah no, idearon lo de las presidencias municipales de un año, sí, un año, y es que aquí entraba el juego el otro enredo, el de que los alcaldes se puedan reelegir, igual que los diputados.

¿De quién fue la brillante idea?, pues de cualquiera y de muchos grillos que se sentían por lo menos tan buenos como José López de Santa Anna o Porfirio Díaz Mori, como para perpetuarse en el poder, si no para siempre, sí por todos los años que se pudiera. ¿y qué mejor manera de reelegirse que desde la comodidad del mismo puesto en el que quieren repetir?, ese cuento de que no utilizan los recursos del municipio para promoverse es pura mentira, ni que se disfrazaran de don nadie para salir a hacer campaña por el actual presidente municipal, así fuera la troca para moverse, así fuera el saludo, no es lo mismo ir en caballo de hacienda y presentarse como el meritito hacendado que ir en calidad de pedigüeño que no tiene perro que le ladre.

Y lo de Guadiana, efectivamente, ahora Armando Guadiana está empeñado en empujar una iniciativa para que las cosas regresen a como estaban, luego de ensayo y error, error y más ensayo, quedó claro que la revolución y los revolucionarios tenían razón, no debe haber reelección directa, que el que quiera gobernar, que se espere un período mínimo, para estar, es un decir, en igualdad de circunstancias que el resto de los grillos que andan brincando de gusto para hacerse del favor del electorado, y trepados en él, agenciarse el poder.

El pequeño detalle es averiguar si el senador Guadiana no se está excediendo en su entusiasmo. De ignorancia ni de falta de asesoría lo podemos acusar, pero hasta donde sabemos, esto de la reelección y la duración de las alcaldías es un asunto estatal, no de la competencia del congreso de la unión, pero igual, nos imaginamos que está jugando sus cartas de acuerdo a una estrategia que desde acá abajo no queda del todo clara. En fin, como dijimos al principio si por Guadiana fuera, este Coahuila sería otro estado, a ver si resulta que es el mismo que quieren los coahuilenses, u otro distinto, pero el que sea, ya que le paren a sus ensayos, sus veleidades y sus errores.

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