Mochilas con el pack

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas.-

pack

Sabido es que una cosa es la ley, y otra muy diferente las ganas que tenga la gente de respetarla y obedecerla, aquí no estamos hablando solamente de los así llamados “sujetos obligados”, que como suele decir la letra chiquita al final de las leyes: obsérvese y cúmplase, sino también de aquellos que tendrían a su cargo vigilar que las violaciones a determinado ordenamiento jurídico no ocurran, y los otros, que cuando sucedan, porque siempre suceden, si no, no habría necesidad de una ley al respecto, los policías, las autoridades, el aparato de procuración y administración de justicia, tampoco le echan lo que digamos, muchas ganas para que ni un solo caso de infracción a la norma quede sin ser atendido.

Si por el sistema fuera, ya no habría delitos que se persiguieran de oficio, por muy graves, destructivos, perjudiciales para los individuos y la sociedad que sean, en su experta opinión, solo aquellos en donde media una denuncia, deberían ser perseguidos, si esto no pasa, ni el calificativo deberían merecer de ser delitos… si viera usted como ayudaría esto a las estadísticas… y a quitarnos aquello de que somos un estado fallido y el paraíso de la impunidad…

A lo mejor ha escuchado usted, o a lo mejor todavía no ha venido a echarle a perder ese pedacito de inocencia que todavía pudiera quedarle, lo del “pack”, ¿Qué es eso del pack, o a que se refiere fuera de lo que siempre hemos sabido relacionado con empacar, empaquetar o los servicios de paquetería que han venido a reemplazar al correo y a la carga?, ah pues bien, de un tiempo para acá, tal vez un par de años, que realmente nadie sabe cuándo comenzó ni donde, si es algo de México o es una costumbre importada de algún país tan tercermundista como este, o de uno con mayor acceso a las tecnologías de información y comunicación, con las que está íntimamente ligado. Lo del pack, o pasar el pack es, hasta donde tenemos entendido, el hecho de que, entre adolescentes o casi niños que mantienen una relación de amistad, de cierta confianza o de algo más, se pasen fotografías en paños menores, por no decir desnudos y menos todavía encuerados.

El pack es distinto del sexting en cuanto que si las personas son adultas, pueden hacer de su vida el proverbial y reverendo rehilete, y salvo que se haga sin consentimiento, no hay delito que perseguir. No, el pack es entre púberes, en general jovencitos y jovencitas, no quedándonos del todo claro si es nomás de ellas hacia ellos, o también de ellos hacia ellas, o en estos tiempos modernos que corren, si también entre personas del mismo sexo, pero la característica es que entre el envío consentido, media una petición: el fulano le pide el pack a la fulana, o viceversa, y si esta o este quiere, lo envía.

Nos imaginamos que si se completa el envío es como cuando hace años en el parque del pueblo se intercambiaban cartitas de amor, como antes ellos les pedían a ellas si querían ser sus novias, o ya más recientemente cuando se plantaban un beso, que si no era seguido de su respectiva cachetada de esas que desencajan mandíbulas, se daba por aceptado el compromiso, la diferencia entre lo de antes, es que si acaso quedaba una cartita incriminadora o una lesión que ameritara o no atención médica, en el momento actual lo que queda es evidencia que puede perfectamente ser calificada de pornografía, y particularmente de pornografía infantil, y que al ser transmitidos por un medio electrónico, correo, Facebook, whatsup, o cualquier otro medio, violan una ristra de leyes locales e internacionales, que van desde las moralinas faltas a la moral hasta el tráfico de personas, corrupción de menores y lo que sea.

La pregunta incómoda es aquí ¿Cuántas veces ha leído, escuchado o visto que se procese a alguien por pedir “pásame el pack”, o por enviar el pack?, nosotros que vivimos pegados a los medios de comunicación, confesamos que nunca, ni una sola vez, y no porque la gente no esté enterada o no lo sepa, hablando de gente que debe estar enterada de la cuestión claro, sino porque no les importa o porque no quieren meterse en un asunto que por necesidad, no puede tener buen fin.

Un caso muy saltillero: en un colegio “bien” de la capital de Coahuila, uno de esos donde los directivos usan sotana, donde se supone que la enseñanza en general y la moral en particular, haría a sus pupilos especialmente reticentes a caer en esas prácticas del demonio de la lubricidad, resulta que no. Un escuincle preparatoriano, con total desparpajo y sintiéndose el gran galanazo, se decidió a decirle a una compañera que se mochara con el pack. La niña, con más pudor que él, lo mandó por el tubo de albañal que pasa por allí enfrente de la escuela en Presidente Cárdenas, lo que don galán se tomó a mal, y de entonces para adelante a estar duro y duro en lo que no puede describirse ni dentro ni fuera de los tribunales como acoso sexual.

La niña le dijo a sus padres, que fueron a hablar con el padre que no es padre, el párroco, presbítero o como se llame pues, quien dijo con todas sus letras que… no podía hacer nada. Casi le dijeron todos los delitos, artículo por artículo del código penal, y que no, que no podía hacer nada. Los enfurecidos papás, decepcionados de la escuela, amenazaron y cumplieron con irse al temible Jurídico de la Secretaría de Educación, donde no me lo va a creer, también les dijeron que no, que ellos tampoco podían hacer nada, esto por tratarse de una escuela particular, no de una del sistema estatal, respuesta muy comodina, pero… le recomendaron a los padres “dar vista” al ministerio público, y entonces sí, tope donde tope, por sí mismos no harían nada, pero habiendo denuncia de parte ofendida… Ellos mismos, los abogados, recomendaron no acudir a la PRONNIF, porque aquí ya hay delito, no es nada más para el jalón de orejas, las entrevistas y las amonestaciones, esto ya es en serio: a ver si los padrecitos le hacen más caso a un par de agentes de la ministerial que se apersonen con esa aura de perdonavidas que los caracteriza, y a un citatorio perentorio del MP para presentarse a responder por una denuncia por acoso sexual, que el que le hacen a las quejas de una alumna o de sus padres, lo que pudiera haberse remediado con unos gritos, unos varazos, una llamada a los papás del calenturiento para que lo pusieran sosiego.

Allí lo tiene,  aquí mismo en Saltillo, la ciudad más moralina de México, un ejemplo más de las “cosas del pack” que pasan mientras los mozalbetes y las mozalbetas están con el celular en la mano, y la sociedad y el gobierno haciendo como que no pasa nada.

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