Los buenos, pero caros propósitos de López Obrador

NOTICIAS DIVERSAS.-

Por Héctor Barragán.-

buenos

Los pareceres respecto del porvenir son contradictorios, tal como corresponde a un pueblo que apetece la democracia en extremo, es decir sin tomarse la molestia de pensar en sacrificar un poco de beneficio de un bienestar y un progreso generalizado. Parten, los pesimistas, quienes no confían en nadie, que no hay entre los mexicanos dedicados a la política personas generosas, laboriosas, honradas (en el sentido de respetar completamente los derechos ajenos a raja tabla, hasta las últimas consecuencias), estima que todo discurso político es una falsedad, que nadie se sacrificará trabajando por los demás, percibiendo un sueldo decoroso.

El ejemplo de administraciones públicas de los distintos niveles que se dedicaron a cultivar personalidades, hacer algunos miles de millonarios, es algo atractivo, digno de trabajarse para lograr iguales o mayores riquezas. Esto en vez de provocar asco y la parte de vergüenza que le pueda tocar por su apatía o imposibilidad de resolver algo.

No conciben esos aspirantes a millonarios siguientes una administración pública donde los recursos de los contribuyentes se apliquen con rigor a resolver los problemas más agudos d salud, injusticia, inseguridad y necesidades vitales de los marginados.

Lo cual resulta absurdo desde un punto de vista administrativo y económico también, porque un país donde haya menos pobres sería un lugar generoso en extremo para todos los que quisieran hacer negocios, invertir en producir los satisfactores necesarios y aún en negocios de alta cultura, para los cueles habría que sufrir un tanto en desarrollar ese mercado, educativo y cultural.

Toda promesa política está aparejada por la incredulidad, posiblemente por la experiencia, aunque por supuesto que no se debe negar al futuro la posibilidad de una situación mejor para todos.

Situación mejor en lo económico, que tiene como pareja la mayor seguridad para todos, de la que se carezca en gran medida.

Por cierto que los buenos propósitos del próximo presidente de la República son muy loables, pero algunos sumamente caros, como para esperar que no se consigan sino pobres resultados en esos temas.

Uno de ellos, posiblemente el más productivo aunque a mediano y largo plazo, es la educación gratuita, a todos los niveles, porque se trata de llevarla a cuantos la necesiten y la deseen, que son muchos millones de personas; que son miles y miles de planteles de diversas clases y niveles y que actualmente buena parte de la educación se imparte en instituciones particulares, privadas, que será difícil sustituir; que son cientos de millares los que solicitan alta en escuelas sin conseguirlo, principalmente superiores y técnicas de distintos niveles.

Que será preciso ajustar la educación conforme a las posibilidades reales de empleo del país, que hay especialidades ahora para lo que no se cuenta con profesionales, investigadores y especialistas. Que tampoco hay un plan educativo para normar el desarrollo técnico, económico, industrial, deseable y asequibles para el país.

Que son millares y millares de profesionistas a los que habrá que dar remuneración adecuada para cubrir sus necesidades y aspiraciones, es decir, nivelar hacia arriba a la mayoría para estimujlarlos a superarse en su especialidad.

La autosuficiencia alimentaria, como la de otras actividades, será fuente de ocupación de estudiosos, técnicos y profesionales, para estudiar las posibilidades reales de explotar la tierra y el agua con niveles óptimos, multiplicando cosechas, especializando regiones, relocalizando al personal experto en cultivos y en mercados, para aprovechar también las oportunidades siempre variables, de ocurrir a mercados extranjeros en auxilio de sus necesidades.

Estudiar a fondo las posibilidades de aprovechar los energéticos disponibles, mejorando sus características y eliminando sus desventajas (carbón, gas natural, petróleo) derivando empresas y fuentes ocupacionales. Al mismo tiempo, promover la fabricación nacional de equipos de generación aérea y energía solar, para ir desplazando la tecnología más contaminante.

Uno más de los propósitos presidenciales del futuro inmediato es el muy loable aumento de las pensiones a niveles razonables, porque abarcaría a gran cantidad de ciudadanos, es decir se elevaría a varios miles de millones de pesos al año, que no están disponibles ni se liberarían fácilmente de fuentes existentes.

Significaría por supuesto un aumento de la demanda efectiva nacional o lo que es lo mismo, un fortalecimiento considerable del mercado interno.

De los objetivos presidenciales, se temen efectos inflacionarios, que se contrarrestarían  con aumento en la producción, en la oferta de satis factores, que se facilitaría con la existencia de dinero disponible en el mercado y estimularía el interés de invertir por el aliciente de mayores ganancias.

Pero los aumentos de salarios y de ingresos no serían aprovechados por los empresarios para aumentar sus precios, que anularían el aumento del ingreso real. El proyectado incremento de los salarios que propugnan los concanacos, canacintros y aún organizaciones internacionales, bancarias y obreristas, ya inminente, no deberá de manera alguna ir acompañado de presiones a los precios, que llevarían al país a la inflación y a la devaluación, agentes implacables de empobrecimiento masivo.

CUMPLEAÑOS.

La terminación de la columna de hoy, lleva a recordar el origen de estas líneas, el afán de criticar con la finalidad de conocer la realidad nacional y contribuir con ello a resolver los problemas que limitan el desarrollo económico y general del país. Se remonta este trabajo al periódico La Opinión del Estado de México bajo la dirección de Don Raúl Mena Peniche y al año de 1973.

Se continúa con los periódicos Acontecimientos y Acontecer, bajo la dirección de Don Juan Vallejo, desde Naucalpan Estado de México.

Es de recordar a 8 Columnas, de Toluca en la capital del propio Estado. Bajo el mando de Don Luis Márquez, se colaboró en la ciudad de México D.F.

En EL Sol del Norte, de Saltillo Coahuila, con la directriz de David Brondo.

Para El Heraldo de Coahuila, con los mandos de Don Francisco de la Peña.

Algunas colaboraciones para Crónica, del Lic. y Prof. Raúl Hernández Carrillo.

Y a la fecha, desde hace varios años aportaciones para El Demócrata, que comanda Don Roberto Adrián Morales.

De manera que se cumplirán 46 años de colaboración periodística en los primeros meses del año entrante, con la personal gratitud a quienes hicieron el favor de considerar el trabajo.

 

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