Series mundiales… triste recuerdo

Aquellos Tiempos.-

Por Miguel Ángel Genis.

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Evocamos recuerdos de una serie mundial inolvidable, cuando en 1955 los Dodgers de Brookyn, en forma dramática derrotaron a los Yanquis de Nueva York en siete emocionantes encuentros con la aparición de un jugador de piel oscura en un clásico de otoño: el talentoso Jackie Robinson.

Un año antes, se enfrentaron los indios de Cleveland y los Gigantes de Nueva York por lo que se tuvo la oportunidad de presenciar los primeros dos encuentros del clásico de otoño, en los que estuvo presente cubriendo el segundo cojín de la tribu, El grandioso jugador mexicano Beto Ávila.

Esos recuerdos con la esperanza de que los Indios volvieran a la serie ese año, pero ya fueron eliminados y los planes de escribir sobre que estaría nuevamente en el clásico quedaron atrás.

Fue la primera serie mundial de las únicas que se presenció en “La Gran Manzana”, cuando  en la maravillosa ciudad, esa serie fue esperada para ver qué podía hacer el mexicano que también por primera ocasión estaba en un clásico de otoño.

Ávila había tenido una excelente temporada, había conquistado el título de bateo de la liga americana con promedio de 341 puntos y la tribu impuso récord de juegos ganados al totalizar 11 victorias dejando en el camino a los Yanquis que logró 103 triunfos para el mejor registro de sus últimos años.

Además del bateo de Beto, los Indios contaban con fuertes cañoneros como Larry Doby, Al Rosen, Vic Wertz y Jim Hegan entre otros y de un magnífico cuerpo de serpentineros encabezado por Bob Lemon. Early Wynn y Mike García.

Pese a todo ello, la tribu fue humillada por los Gigantes que los derrotó en cuatro juegos seguidos y lo más doloroso, para los fanáticos de Cleveland fue que los dos primeros encuentros los perdieron en Nueva York y los últimos dos en su propia casa.

La diferencia estuvo en los neoyorkinos se apoyaron en el talentoso jugador de color Willie Mays, quien luego de pasar casi dos años en el frente de batalla por el conflicto bélico que enfrentaban los Estados Unidos en el viejo mundo, contra Corea, regresó al equipo y fue un auténtico líder que los llevó al banderín.

Pero el dolor de cabeza y verdugo indiscutible de Cleveland, lo fue un casi olvidado pelotero llamado Duaty Rhodes, “el polvoriento” que estaba siempre en la banca y era llamado para batear de emergente, lo mismo pasó en la corta serie de cuatro encuentros y Rhodes respondió ampliamente a la confianza de su manager Leo Durocher y de los seguidores de los Gigantes.

Las razones por las que guardó un recuerdo triste de ese clásico son primero porque nuestro compatriota, el grandioso Beto Ávila, primer latino en conquistar la corona de bateo en las ligas mayores 341 de porcentaje, en la serie fue silenciado y bateó para un pobre promedio de 133 puntos.

Segundo, porque en cuatro días los indios no pudieron ganar ni un solo partido en la gran urbe como tampoco lograron hacerlo en Cleveland.

Con el “Polo Grounds” registrando un lleno de 53 mil fanáticos, los equipos llegaron a la novena entrada empatados a dos carreras. Nada pudieron hacer los indios en la parte alta del décimo inning y en el cierre de esa entrada. Durocher llamó a su emergente Rhodes con dos corredores en bases y éste se destapó con un tremendo cuadrangular que dejó a Cleveland en el terreno con su primera derrota del clásico.

Rhodes repitió la dosis en el segundo juego y conectó sencillo en la quinta entrada bateando de emergente por el astro sepia Monte Irving. Durocher lo dejó en el juego y en su siguiente turno al bat “el polvoriento” depositó un lanzamiento en las gradas para dar nuevamente el triunfo a los Gigantes.

Rhodes, quien en la temporada acumuló promedio de 341 bateando como emergente, fue llamado nuevamente por el manager en el tercer inning con la casa llena y empujó al plato dos carreras que dieron el triunfo a los neoyorkinos con anotación final de seis a dos.

Los indios se sumieron en un complejo de derrota que los llevó a perder el cuarto y último juego ante sus propios fanáticos con resultado final de siete carreras a cuatro.

Ávila solo conectó dos imparables en la serie en 15 turnos al bat, pero igual de callados estuvieron los potentes toleteros de Cleveland quienes parecían estar pensando durante la serie que no se volvería a presentar Rhodes de emergente, pero el gran Durocher pensaba de otra manera y lo llamó dos veces más para redondear la magnífica actuación del “polvoriento” en la única serie mundial que jugó.

 

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