Javier como El Chapo… ¿Por qué hasta ahora?

JAVIER COMO EL CHAPO

Por: Horacio Cárdenas Zardoni.-

Javier Villarreal cuando era empleado e incondicional de Humberto Moreira y se convierte en su detractor.

Dicen que decía Gonzalo N. Santos, epítome del cacique revolucionario priista: “la política, allí donde la ve, es como los perros de rancho, a la hora que se desata el concierto de ladridos que puede despertar hasta los coyotes de tan rabiosamente escandaloso: solo el primer chucho supo por qué ladró…

Curiosa la anécdota del Alazán Tostado, porque el exgobernador de Coahuila citaba otra frase de perros de rancho, de que a los políticos como él, el sistema los soltaba para que cuidaran en la noche, pero que a la hora que había bailongo, de lo que él entendía como pocos, los amarraban y encerraban para que no molestaran a los invitados.

Ahora que la jauría se soltó repitiendo cada vez con más pelos y más señales, en los mentideros políticos de todo el estado, que Humberto Moreira Valdés,  cuando era gobernador facturó millones y mas millones de pesos a la administración pública que él encabezaba, habría que recordarles a los entusiastas trapeadores de la honra ajena lo que pasó nomás a principios de esta misma semana.

Oh, sorpresa, allá en el distrito judicial de Nueva York donde lo mínimo que se esperaban las autoridades gringas es un magistral intento de fuga de los que estila Joaquín Guzmán Loera, y es que ellos también ven muchas películas en las que el bueno siempre gana, no sin antes poner a parir los proverbiales chayotes a los defensores de la ley.

No. No hubo ataques con helicópteros artillados, ni persecuciones de carros blindados, ni huidas por el drenaje. Lo sacaron de prisión lo presentaron ante el juez y no ocurrió nada.

Nada hasta que en el segundo día del juicio, al abogado del Chapo, otro peliculesco personaje que se dedica a defender narcotraficantes, mafiosos y otros delincuentes de alta escuela, salió con el notición de que su defendido, el honestísimo e inocente Chapo Guzmán, inocente según la justicia estadounidense hasta que se pruebe lo contrario, había sobornado a dos presidentes de México, el actual Enrique Peña Nieto y su antecesor Felipe Calderón, para que lo dejaran traficar su mercancía con tranquilidad.

Aburridos, como estábamos, con tanta nota de terror a cargo del presidente electo Andrés Manuel López Obrador, esta bomba cayó al pelo a los noticieros de todo el país y del mismito Estados Unidos.

Claro que ellos salieron a desmentirlo, no podía ser de otra manera y hasta el juez de la causa chiapaneca, salió a regañar al abogado, diciéndole que se portara serio. Yo que el juez y conociendo las cosas como son en nuestro país, algo de credibilidad le hubiera concedido al dicho del leguleyo, y es que Odebrecht, casa blanca, y veinte escándalos más de corrupción, yo no diría que el titular del ejecutivo hasta el último del mes, es un ejemplo de honradez u honorabilidad, pero allá ellos y su justicia.

Eso pasa el martes y el jueves otra joyita de la corrupción, este un personaje local, Javier Villarreal, de repente desde su exilio dorado alza su dedo flamígero para decir que Humberto Moreira facturó 600 millones, 3 mil millones, chorrocientos millones de empresas suyas al gobierno de Coahuila, y él que era el sufrido secretario de finanzas, no tuvo más opción que pagar todas las facturas, desde la primera hasta la última.

¿Nota alguna similitud? Yo diría que la hay. Igual que en el caso de los pretendidos sobornos de El Chapo ¿por qué se lo guarda hasta hoy? con ese dato y con sus supuestas pruebas, hubiera hecho tambalear el sistema político estatal y nacional, vendiendo la información a quien quisiera sacarle partido, y no, se espera igual que El Chapo, a poder negociar, cuando mucho, una reducción de condena, migajas cuando lo que tenían en el buche valía oro.

Que si España reabrió el caso… ¿Y ellos que pitos tocan? Se sienten los jueces del mundo como los vecinos son el policía del mundo, ya una vez lo soltaron nadie entendió como o por qué y de repente de vuelta la burra al maiz.

Para chisme, para desaburrirse, valga, pero allá en nueva York y acá en San Antonio, quien tenga los pelos de la burra… Que los enseñe o que lo refundan en el bote.

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