TELEFÉRICO: CONDITIO SINE QUA NON

BAILE Y COCHINO.-

Por: Horacio Cárdenas Zardoni.-

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Si en estas o cualquier vacación que haya usted pasado aquí nomás en Laredo o Mc Allen, Texas, para no ir más lejos porque la plata no alcanza para más, una de las cosas que más llama la atención de los modestos turistas mexicanos, son las obras de ingeniería vial. Por principio de cuentas, no hay vuelta que de uno del otro lado de la frontera, en que no estén construyendo un paso elevado, un distribuidor vial, un freeway, cada vez más altos, con mayor número de carriles, en una palabra, obras cada vez más ambiciosas, lo que necesariamente implica que cuesten más y que tengan mayores complicaciones técnicas.

Lo mínimo que hace el paisano al ver esos pasos elevados es compararlos con los de acá, esos que presumen nuestras autoridades como las magnas obras de ingeniería, y por las que nos dejan endeudados por generaciones, además que fallan lamentablemente en cumplir con la expectativa de aliviar el tráfico, cada vez más complicado, es que mientras que acá, salvo excepciones, son unas estructuras chatas, chonchas, casi grotescas, las de allá son estilizadas, casi casi artísticas, sin que por eso pierdan su capacidad de soportar tráfico pesado. Y estamos hablando de pasos elevados de diez, quince y más metros de altura, por los que circulan trailers de veinte y más toneladas. ¿Acá?, la construcción de un paso elevado, una joroba como cariñosamente los llama la raza, implica la condena de tener una patrulla abajo, que impida que los tortons, los rabones y otros vehículos pesados se suban, no sea que se vaya a caer… el puente, el camión es lo de menos.

Todavía nos acordamos que cuando Enrique Martínez inauguró su distribuidor vial Venustiano Carranza, obra que según él y sus alelotes se veía desde la Luna, resultó que sí, estaba muy lindito, pero ni de relajo se subiera un vehículo más grande que una Suburban, porque podía venir abajo… el puente. Así de bien hechas están las cosas acá en Coahuila.

La verdad es que nos fuimos demasiado alto, hay una maldición muy saltillera, que por íntima se cuenta poco entre los aborígenes, pero que entre los fuereños es objeto de enconado escarnio, a saber: aquí en Saltillo, no hay nadie, ningún ingeniero, ningún arquitecto, ningún maistro, sabe construir escaleras. Bueno, construirlas, eso lo hace cualquiera, pero que queden todos los escalones del mismo tamaño, eso sí que no se les da a los profesionales de la construcción. Ejemplos los hay jocosos, ridículos, por supuesto enojosos y que han causado caídas, esguinces y luxaciones, para muestra dos botones de los más altos vuelos, el mismísimo Palacio de Gobierno tiene un escalón donde más de uno que no es de casa, bueno de gobierno, casi se cae; el otro es el edificio de la pirámide rosa del PRI, esa que está en boulevard Coss, llega uno al piso de arriba (solo tiene dos) y se anda yendo de boca porque le faltó escalón.

Eso es en cuanto a obras constructivas, hay otras mecánicas y electromecánicas, donde ya no solo los coahuilenses sino los mexicanos en general nos topamos con que el dominio de la ciencia y la tecnología, no se nos da como debería.

Oiga, que escándalo fue aquel de la Línea 12 del Metro, que prácticamente hubo que volver a tender cuando se dieron cuenta, mediante un dictamen que costó varios millones de pesos, que los las ruedas de los trenes no eran del tamaño de la vía… era para que a Marcelo Ebrard no solo no lo hubieran hecho canciller, sino que hubiera ido a dar con sus elegantes huesos a la cárcel, pero ya ve, estamos en México.

Pero no le vamos a cargar la mano solo a los morenistas ahora que están en su sexenio, también a los priístas se les atora la cosa técnica, nomás acuérdese del teleférico que instalaron en pleno corazón político del sexenio pasado, en Ecatepec Estado de México, tierra de origen del entonces gobernador Eruviel Ávila, y de uno que era presidente, Enrique Peña Nieto. La obra salió carísima, hubo que reprogramarla veinte veces, el día de la inauguración se descompuso y para el día siguiente ya no servía, nadie que las haya visto puede olvidar las imágenes de un trabajador dándole de patadas a la góndola para desatorarla, un equipo de cientos de millones de pesos, que funciona a puntapiés, o no funciona.

Hoy mismo vimos la nota de que el tren suburbano que va de México a Toluca se encareció de 44 mil millones a 58 mil millones, y no hay para cuando acabarlo, y este es el único que medio se hizo, porque el de Querétaro mejor lo pararon antes de dar el primer zapapicazo, eso sí, costó en indemnizaciones como si sí lo hubieran hecho, algo parecido a lo del aeropuerto de Texcoco.

Ni hablar, hay que aceptar que las grandes obras de ingeniería no se nos dan. Ahora que se está hablando cada vez más insistentemente de construir un teleférico en Saltillo, uno que tenga la ruta Alameda Zaragoza por Victoria para seguir por Juárez hasta San Francisco y de allí al Mirador, a algunos les preocupa la afectación al centro histórico, a otros hasta la parte estratégica y de seguridad porque pasaría por encima del Palacio de Gobierno, y a un ladito de la Catedral de Santiago; a no pocos la inquietud es económica ¿de donde va a salir los 250 millones iniciales para una obra de relumbrón, cuando que en materia vial hay tantas necesidades, esa suma serviría para comprar 250 camiones que sí servirían de algo?, a nosotros lo que nos preocupa es la capacidad técnica para efectuar y mantener una obra de este tipo.

Recordemos que allá en Torreón hicieron un teleférico que sube el Cerro de las Noas, es un atractivo turístico que se suma a otro, está bien, pero ni para la inauguración pudo estar 100% listo, y es que esta clase de infraestructura no es lo de nuestros ingenieros, suponiendo que algo sí lo sea. Para que el teleférico de Saltillo no corra la suerte del de Ecatepec, del de Torreón, de todas las mencionadas aquí y otras que nos faltaron, vamos a poner una Conditio sine qua non, que de satisfacerse, sea la carta de presentación del teleférico, y sí no se satisface, pues que lo detengan hasta que no lo resuelvan. La condición es esta: que no gasten un centavo en nada, ni obra, ni estudio de factibilidad, ni nada, hasta que no arreglen y dejen trabajando perfectamente el trenecito de la Ciudad Deportiva…

¿Burla?, créanos que no, pero si los ingenieros, técnicos, empleados pues, de gobierno no pueden mantener funcionando no un aparato que viaje por los aires, sino uno que va sobre rieles y que funciona con un triste motor de gasolina, ¿Cómo quieren entrarle a un teleférico?, y mire que por el trenecito cobran 20 pesos el viaje, digamos que se paga su gasolina, su aceite y sus refacciones, pero el teleférico andan diciendo que podría ser gratis, o sea que requeriría subsidio de todo a todo, y a cómo andan las cosas, podría fallarle dinero para su operación y mantenimiento. Y siguiendo con lo de la condición, si el trenecito no corre, a nadie le importa, la gente se divierte en la pista, en los juegos, en los patos, pero tener allí el tendido del teleférico y que no se mueva, eso sería muy mala imagen del gobierno, si es que persevera en el proyecto.

En fin, allí está la Conditio sine qua non: primero el trenecito, y ya luego el teleférico, todo lo demás que no funciona se los perdonamos, pero el tren no.

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