
Por Horacio Cárdenas
Los descafeinados cafetólogos, los analistas de la grilla comarcana, la gente que poco o nada tenía que hacer en este fin de año y principio irrenunciable de lo que venga, coincidían en algo: Coahuila y Saltillo se iban a convertir en refugio de aquellos políticos que la cúpula del vapuleado partido aplanadora decidiera que todavía le sirven de algo en sus expectativas de en un futuro cercano, revivir de sus cenicientas.
Para esos políticos, a los que quien palomea esas cosas los mantiene en la bandeja de activos, en vez de en la de pasivos, o en la de lastres, la fortuna les sonríe, concediéndoles la posibilidad de seguir viviendo del presupuesto, contra la deprimente perspectiva de vivir en el error.
Muchos son los que opinan que esto, en vez de beneficiar al PRI lo terminará de empinar, y es que si el partidazo de hace años se niega a entender que si perdió el favor de los votantes fue por gente como Óscar Pimentel, como Carlos Robles Lostanau, como Sigfrido Macías, todos ellos incorporados a la reelecta administración municipal de Saltillo, una que en su primer año se caracterizó por la frescura de la juventud y hoy tiene más dinosaurios expuestos que el museo de Rincón Colorado.
Qué si el PRI protege a los suyos, que fueron y seguirán siendo expulsados del gobierno federal, ahora en las amorosas garras de la cuarta transformación, pero… ¿proteger o cobijar grillos que durante sexenios se forraron de billetes y que la gente detesta, en vez de darle oportunidad a grillos en ciernes, que es más fácil que al electorado le hagan gracia? La elección parecería obvia, pero en las alturas del priismo decidieron que no, que se apegan a los marrulleros, a los cínicos, obvio a los que saben mucho y podrían traicionar a sus antiguos jefes, y esto a costa de lo que sea en el momento y en el futuro.
Por lo pronto descarte usted cualquier esperanza de mejora en el instituto municipal de planeación, en la secretaría del ayuntamiento, en el instituto del transporte. Pimentel, Robles, Sigfrido, son más parte del problema que de cualquier buena intención de solución.
Dicen que decía madrazo, Madrazo el viejo, Carlos, que el que ya bailó que se siente, esto refiriéndose a los políticos que deben saber cuándo dejar espacio a los jóvenes, pero de los viejos viejos en el PRI tampoco nadie hace ningún caso.

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